ARCO 2020: La Odisea Secreta Detrás de Cámaras con Antonio García Villarán y su Equipo
Ya has visto el proyecto ARCO completo, con sus entrevistas y conclusiones. Pero, ¿alguna vez te has preguntado qué se esconde tras una producción de esta magnitud? Te invitamos a descubrir el fascinante «making of» de este ambicioso proyecto, una auténtica barbaridad que nos costó lo nuestro. Prepárate para conocer lo que ocurrió detrás de las cámaras, cómo se organizó el equipo, y las rutinas que marcaban nuestros días y noches. ¡Una auténtica maravilla de esfuerzo y pasión!
El despliegue inicial: Preparación y equipo
Al llegar a la feria, lo primero era el micrófono. Jaime se encargaba de asegurar que mi sonido fuera excelente. En principio, contábamos con tres cámaras. Francis se dedicaba a los planos generales y, además, era uno de los encargados del montaje. Aunque en este proyecto hubo de todo: los roles a veces cambiaban, y algunos días, con el trabajo acumulado, parte del equipo se quedaba en la oficina montando para que los vídeos salieran puntualmente.
Después estaba Paula, nuestra fotógrafa, quien también grababa parte del «making of» y otros planos de recurso. Y, por supuesto, yo mismo, Antonio García Villarán, iba grabando conforme se me ocurrían las ideas. Me grababa al inicio de cada feria, con los datos ya preparados del día anterior o de investigaciones previas. En cuanto al sonido, un segundo micrófono era crucial para grabar a directores y, de manera improvisada, a visitantes y artistas. Esa parte no estaba nada preparada; nos dejamos llevar por la intuición, aunque yo siempre tenía las mismas preguntas listas para todos, buscando conocer sus opiniones sobre un tema central.
La intensidad del montaje y las noches en vela
El proceso de montaje, con la combinación de imágenes y sonido, no era sencillo. Recuerdo el primer día de grabación en la habitación del hotel, una calma tensa. La experiencia del equipo, y la mía propia, se notaba, pero el agotamiento llegaba. Sin embargo, no había tiempo para bajar la guardia: había que continuar y darlo todo, porque cada día salía un vídeo y nos esperaba «lo más grande».
Las noches, aunque cargadas de cansancio, siempre estaban llenas de emoción. Las seis noches que duró el proyecto, a pesar del agotamiento, siempre teníamos una sonrisa. Éramos conscientes de que estábamos haciendo algo importante y ver los resultados nos llenaba de alegría. Yo, personalmente, me rompía la cabeza cada tarde trabajando en los títulos de los vídeos, las estrategias para redes sociales y buscando información para el día siguiente. Mientras tanto, el equipo en la oficina depuraba las imágenes y realizaba un primer montaje. Al regresar por la tarde o noche, si el montaje estaba listo, lo revisábamos y hacíamos cambios. Hubo ocasiones en que el vídeo, previsto para salir a las once, terminaba a las dos o tres de la mañana, porque nuestro perfeccionismo exigía un resultado de la más alta calidad.
Era muy emocionante anunciar cada noche en mis historias que un nuevo vídeo estaba a punto de salir. Eso nos daba un subidón de energía increíble.
El ritmo frenético del segundo día y la colaboración
Después de unas pocas horas de descanso, la marcha comenzaba de nuevo. «Buenos días del segundo día, hoy vamos a ARCO», decía yo, sabiendo que nos habíamos acostado a las tres y pico y ya eran las ocho y media. ¡Tocaba desayunar y a tope! El segundo día en ARCO la dinámica cambió mucho. Nos permitieron entrar en la sala VIP de la rueda de prensa, un espacio espectacular con canapés y bebidas. Tuvimos que esperar a la directora y su equipo, quienes ofrecieron unas palabras. Aunque inicialmente la entrevista iba a ser allí, se pospuso, y finalmente pudimos conversar con la directora de ARCO en otro lugar. Tanto ella como el resto de directores se portaron maravillosamente bien, a excepción del de Urbanity, con quien, por alguna razón, la entrevista no se pudo realizar.
En ARCO, a cada minuto ocurrían cosas interesantes. Había mucha gente que quería hablar conmigo, y si hubiéramos tenido más tiempo, podríamos haber grabado dos, tres o incluso cuatro vídeos más. Pero el proyecto tenía que seguir. Mientras el equipo realizaba su labor, yo me quedaba en mi habitación, trabajando en la mía. Era una habitación sencilla, pero un refugio para el trabajo continuo. El contacto era constante: Claudio y Jaime diseñaban las miniaturas y me las enviaban para hacer cambios a través del móvil. Por su parte, Paula me enviaba una selección de fotos que yo re-seleccionaba para subir a Instagram. Cada día publicábamos un post con imágenes de cada feria, e incluso dos si visitábamos dos ferias en un mismo día.
Cansancio acumulado, equipo pesado y guiones in situ
Cada día el cansancio se acumulaba, pero seguíamos adelante. El material de grabación era muy pesado; se podía ver a todos los miembros del equipo cargados con cámaras, micrófonos, abrigos (¡a veces hacía frío, otras calor!), y libretas. Una parte fundamental de nuestro trabajo era la elaboración del guion, que se hacía «in situ». Yo observaba las obras, y le pedía a Coco que apuntara precios o a Jaime que anotara ideas para las conclusiones. Al salir, yo podía tener la cabeza «embotada», pero Jaime me recordaba las ideas clave que habíamos apuntado, y yo las iba narrando a cámara. El trabajo era tal y como lo cuento.
El tercer día, por ejemplo, en Art Madrid, tuvimos que esperar la cola como en todas las ferias. El paseo fue tranquilo, y como Art y otras ferias estaban cerca, íbamos andando de una a otra. Al llegar, uno de los directores nos recibió. Art, tengo que decirlo, era la feria más agobiante. Claudio, Jaime y Francis estaban apelotonados; a veces no teníamos espacio para grabar. El espacio era pequeño y había muchísimos artistas, lo que dificultaba mi trabajo. Sin embargo, todo salió muy bien y la gente fue súper amable. Cuando teníamos tiempo, comíamos juntos. Coco nos conseguía algún bar, tomábamos unas tapas y comentábamos lo que haríamos por la tarde, incluso planeábamos estrategias para el día siguiente. En media hora, el tema de la comida estaba solucionado y volvíamos al trabajo.
La recta final: Doble esfuerzo y el apoyo fundamental
Cerca del final del proyecto, el trabajo se acumuló de tal manera que el equipo tuvo que dividirse en dos «bandos». En cada habitación de la oficina, dos o tres miembros montaban un vídeo simultáneamente, mientras yo seguía trabajando en las redes. Una sola palabra podía cambiarlo todo. Al final del día, revisábamos los vídeos, hacíamos los últimos cambios y los publicábamos. Recuerdo una noche que era ya viernes, las dos y veinte de la mañana, y acabábamos de subir el vídeo de Art Madrid. La satisfacción era inmensa; estábamos cumpliendo las expectativas y nos sentíamos muy orgullosos de los vídeos.
Nuestros desplazamientos a las ferias variaban: a veces yo iba andando, otras el equipo me recogía en el hotel, o yo tomaba un Cabify para llegar rápidamente a donde me esperaban. Además, desde Granada, Bea, nuestra traductora, se daba toda la prisa posible para traducir cada vídeo al inglés. ¡Todos los vídeos de esta serie están traducidos! En total, éramos siete personas trabajando intensamente en ARCO 2020.
El penúltimo día, un sábado, con dos ferias por delante. El día anterior habíamos intentado subir dos vídeos, pero humanamente fue imposible con el equipazo que tenía. Pero no pasa nada, los vídeos quedan ahí para siempre. El último día de grabación, un domingo, amanecía. Habíamos estado hasta las cuatro y pico de la mañana para sacar dos vídeos. Nos quedaba una sola feria, Urbanity, y el objetivo era sacar otros dos vídeos. Era un reto, pero el proyecto estaba quedando «chulo».
Lecciones aprendidas y el futuro del proyecto
Algo muy importante que dio un impulso significativo al proyecto fue contar con material técnico de mejor calidad. Este año teníamos más cámaras y dos gimbals, esos estabilizadores que hacen maravillas. Aunque al principio todo parecía una locura, en realidad todo funcionaba. La experiencia del año pasado y la excelente sintonía del equipo eran clave. Si surgía un problema, se solucionaba: si alguien tenía que quedarse montando en lugar de grabar, se quedaba. Al final, lo que sacamos en claro es que con un buen equipo, buena voluntad, energía, alegría y ganas de hacer las cosas, se pueden realizar proyectos tan importantes como ARCO 2020.
Y lo que no se puede olvidar nunca es tu apoyo. Si no hubiese sido por ti, este proyecto no se habría podido llevar a cabo. El último día, un lunes, volvíamos a estar hasta las tres y media de la mañana. Finalmente, los vídeos estaban montados, pero era demasiado tarde para publicarlos. Decidimos sacarlos al día siguiente. Ahora, toca coger el tren. El equipo y yo seguiremos trabajando a distancia, pero ha sido un rodaje agotador y muy gratificante.
Puedes ver la serie completa de vídeos de ARCO 2020 en mi canal de YouTube. Te invito a verlos una y otra vez, porque se pueden sacar muchas conclusiones interesantes. Como dije en el vídeo anterior, creo que no tiene sentido replicarlo el año que viene de la misma manera, ya que sería muy seguido. Pero podemos inventarnos otra cosa. ¡Dame tus ideas en los comentarios! Espero que te haya gustado, que te haya servido y que hayas aprendido. ¡Revienta el botón de «me gusta», compártelo sobre todo, y nos vemos muy pronto!








