Un Robo de Autoría en Bellas Artes: Mi Experiencia y la Indignación que Marcó Mi Carrera Artística
En el mundo del arte, no todo es inspiración y creatividad; a veces, la realidad nos golpea con situaciones inesperadas y desafíos que ponen a prueba nuestra vocación. Hoy quiero compartir contigo una de esas experiencias que, aunque dolorosa, me marcó profundamente al inicio de mi carrera: el robo de autoría de una de mis primeras obras. Es una historia que quizás te ayude a entender que estas cosas suceden, o simplemente te invite a la reflexión.
Cuando el Arte se Encuentra con la Decepción: Una Historia Inesperada
Corría el año 1995, y yo estaba en mi primer año de Bellas Artes. Teníamos pocas asignaturas y mucho tiempo libre, una época ideal para la experimentación. En la asignatura de modelado, donde pasábamos gran parte del curso copiando cabezas romanas, la dinámica de clase nos llevó, como era de esperar, a entablar amistades. Mi compañera de pupitre, Gloria, me propuso un intercambio de retratos para el trabajo de fin de curso: yo la retrataría a ella en barro, y ella haría lo mismo conmigo.
Me esforcé en el retrato de Gloria, y la verdad es que conseguí una obra muy interesante, un resultado que me dejó satisfecho. El parecido era asombroso y la pieza tenía un valor artístico considerable. El suyo, en cambio, no quedó tan bien. Por aquel entonces, al finalizar el curso, yo debía someterme a una operación de menisco, y Gloria me pidió que le regalara la escultura. Accedí, en un gesto de amistad y camaradería, pero le expliqué que no podía vaciarla, un proceso esencial para que el barro se pueda cocer en el horno y la pieza se conserve indefinidamente. La dejé en sus manos, confiando en que ella completaría el proceso.
Un Verano de Creación y Reconocimiento: «Yo Amarillo»
Tras aquel curso, llegó el verano, un periodo de intensa creación para mí. Me dediqué a pintar, y surgieron mis primeros cuadros amarillos, una etapa que más tarde se conocería como mi «época amarilla», y de la que ya te hablaré en algún otro momento en mi canal de YouTube.
A pesar de las recomendaciones habituales de no presentarme a concursos hasta estar más avanzado en la carrera (consejo que nunca entendí ni seguí), decidí enviar una de mis obras al prestigioso Concurso de la Exposición de Otoño de la Real Academia de Bellas Artes. Presenté un autorretrato titulado Yo Amarillo, pintado en mi estudio (que por aquel entonces estaba completamente de amarillo, mi color favorito), usando la técnica velazqueña de mirar a un espejo para reflejar el motivo principal. Aunque mis expectativas no eran muy altas, mi cuadro fue seleccionado. ¡La alegría fue inmensa! Tenía solo 19 años y esto era un gran paso.
La Amarga Sorpresa: Mi Obra, Su Nombre
La vuelta a clase después del verano trajo una noticia sorprendente. Me enteré de que a Gloria, mi compañera, también le habían seleccionado una escultura para la misma exposición. Pensé: «¡Qué bien! Un buen año para el curso, varios seleccionados».
Pero mi asombro se convirtió en incredulidad y luego en un cabreo monumental cuando visité la exposición. Allí, expuesta como obra suya, con su nombre en el catálogo, estaba ¡la escultura que yo le había hecho a ella! El retrato que le regalé, que ella había vaciado y cocido, y que ahora presentaba como de su autoría. La indignación me invadió; sentí que la cabeza me iba a explotar.
Rápidamente, fui a buscarla. No solo había expuesto la obra, sino que su nombre aparecía en el catálogo. El catálogo, documento oficial, la listaba bajo el número 78, con el título: «Gloria». Me pareció una burla, como si hubiera alcanzado la gloria con una obra que no era suya. La paradoja era aún mayor: en ese mismo catálogo, mi nombre, Antonio García Villarán, aparecía con mi Yo Amarillo. Tenía dos obras en la exposición, pero una había sido presentada por otra persona sin mi consentimiento, y lo peor, era un regalo hecho con la mejor de las intenciones.
La Confrontación y la Búsqueda de Justicia
Con la ofuscación en el cuerpo, fui a buscarla a la facultad. Ya en segundo curso, estábamos en clases distintas. Al enfrentarla, se puso a llorar, alegando que su tía (que casualmente era la decana de la facultad en aquel momento) le había aconsejado mal y que se arrepentía. Mi indignación no disminuyó, y le dije que iría a hablar con su tía, la decana, fuera quien fuera. Ella, entre lágrimas, me suplicó que no lo hiciera, que ella misma lo solucionaría, que hablaría para que se cambiara el nombre o, al menos, se considerara autoría compartida. Yo, siendo bastante pacífico, quise creer en su buena voluntad y le di un margen.
Los días pasaron, y Gloria no hizo nada. Cuando la veía por los pasillos, me daba evasivas. Fue un amigo en común quien me confirmó lo peor: Gloria no solo mostraba el catálogo a todo el mundo, sino que también llevaba a grupos de amigos a la exposición para enseñar «su» obra. Mi cabreo adolescente resurgió. Decidido a tomar cartas en el asunto, fui con un amigo a la exposición, dispuesto a tirar la obra. Era mía, sí, la había regalado, pero lo que estaba sucediendo era inaceptable. Mi amigo me detuvo, argumentando que no valía la pena meterse en problemas. Al final, la obra se quedó allí.
Toda la facultad se enteró de la situación. Lamentablemente, los profesores no hicieron absolutamente nada. Mis compañeros, eso sí, dejaron claro su postura; si bien no lo hablaban abiertamente, sabían con quién trataban. Creo que esa mala acción le costó a Gloria algunas amistades, pero nada más que eso.
El Legado de una Injusticia: Reflexiones y Consecuencias
¿Por qué te cuento esto ahora? Porque fue una experiencia que me marcó profundamente. Es algo que no se olvida y que ha quedado registrado en la historia, ya que ese catálogo impreso, supongo, estará repartido por muchos lugares. Aunque esa persona ya no me interesa en absoluto, es probable que en su currículum figure esa selección en la Exposición de Otoño, lo cual es, en esencia, falso.
Creo firmemente en el poder de YouTube como medio para llegar a las masas y, por ello, he querido dejar esta historia registrada aquí. No espero que la Real Academia de Bellas Artes haga nada al respecto, ni que Gloria, de quien desconozco su paradero actual, vaya a rectificar. Pero considero que es una experiencia que puede ser útil para muchos, un testimonio de los desafíos a los que nos enfrentamos los artistas.
¿Te ha Pasado Algo Similar? Compartiendo Experiencias en el Mundo del Arte
En todos los años que llevo dedicado al arte, pocas veces me han contado una historia tan extraña como esta. Me gustaría mucho saber si a ti te ha pasado algo parecido. La vida de un artista está llena de anécdotas; por ejemplo, en otro vídeo de mi canal, expliqué cómo una obra mía fue censurada. Son muchas las cosas que me han ocurrido a lo largo de mi carrera, y espero poder compartirlas todas, o casi todas, contigo.
Espero que mi experiencia te haya servido para reflexionar sobre la importancia de la ética y la integridad en el arte, y sobre cómo, a veces, las injusticias pueden dejar una huella duradera.
Conclusión: La Importancia de la Integridad en el Arte
La historia que te he contado es un recordatorio de que, incluso en los entornos más creativos, pueden surgir conflictos de autoría y ética. Mi objetivo al compartirla es fomentar la conciencia y la reflexión sobre la importancia de la integridad en el ámbito artístico. A pesar de las decepciones, estas experiencias también nos fortalecen y nos ayudan a definir nuestros valores como creadores.
Si te ha gustado este relato y crees que puede ser útil para otros, por favor, dale a «me gusta» y, sobre todo, compártelo. ¡Nos vemos muy pronto en mi canal de YouTube o en www.antoniogarciavillaran.es!








