Mi Experiencia en Bellas Artes de Sevilla: Un Viaje de Formación Artística
Hola, soy Antonio García Villarán, y en este artículo quiero compartir mi profunda y enriquecedora experiencia en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Desde mis inicios como estudiante hasta mi etapa como profesor, este camino ha sido fundamental en mi desarrollo personal y artístico.
El Proceso de Admisión: Un Reto Inicial
Es importante destacar que el acceso a Bellas Artes ha evolucionado. En mi época, la prueba de acceso era rigurosa: consistía en dibujar una estatua clásica, trabajando el encaje y el claroscuro, y una segunda prueba de pintura al óleo o acrílico, o una escultura.
Yo tuve la fortuna de prepararme durante cuatro años en la academia de Roberto Reina, antes de siquiera pensar en la facultad. Esta preparación me dio un nivel sólido, permitiéndome superar las pruebas con relativa facilidad: completé el dibujo en un día, de los tres disponibles, y la pintura con la misma celeridad. Sin embargo, recuerdo a muchos compañeros del bachillerato artístico que no lograron entrar, lo que ya indicaba la exigencia del proceso.
Los Primeros Años: Entre la Exploración y la Dedicación
Al ingresar a la carrera, me sorprendió la escasez de asignaturas en primero, apenas cuatro o seis. Esto me brindó una libertad invaluable que aproveché para ir al cine, socializar y, por supuesto, seguir dibujando y pintando. Mi pasión por el arte era tal que dedicaba fines de semana enteros a ello.
En segundo, decidí tomar asignaturas de tercero para adelantar. Aún así, gracias a mi constancia y dedicación, la carrera me resultó sencilla. En cinco años, logré obtener dos especialidades: Pintura y Escultura, además de cursar los doctorados. Si bien no todos los estudiantes seguían este ritmo, mi entusiasmo y mis buenas calificaciones –incluyendo dos Matrículas de Honor y numerosos Sobresalientes– fueron reflejo de mi compromiso. Aunque, sinceramente, las notas nunca fueron mi principal motivación.
¿Por Qué Bellas Artes? Dar Forma a las Ideas
Mi razón para estudiar Bellas Artes era clara: quería las herramientas para materializar mis ideas. Si se me ocurría crear un dedo gordo gigante de siete metros, quería saber cómo hacerlo. Si imaginaba un ornitorrinco rosa, deseaba tener la capacidad de dibujarlo y pintarlo. Creía firmemente que Bellas Artes me daría ese conocimiento, y así fue.
Tuve la suerte de estudiar en Bellas Artes de Sevilla, un lugar donde mi interés por el dibujo y la pintura, especialmente la figura humana, encontró un caldo de cultivo ideal. Mis maestros me decían que antes el nivel era incluso superior, pero creo que todavía hoy se mantiene una gran calidad, haciendo de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla una excelente opción para quienes buscan aprender a dibujar y pintar de manera clásica.
Maestros y Compañeros: Los Pilares del Aprendizaje
En mi camino, también tuve la fortuna de encontrar profesores extraordinarios. Siempre me «arrimaba» a aquellos que tenían algo valioso que enseñar, alejándome de los que no se tomaban su labor en serio. Recuerdo con especial cariño a:
* Paco Cortés Somé: Un gran profesor que tuve en primero y luego en escultura en cuarto y quinto.
* Uget Pretel: De segundo de dibujo, exigente pero un grandísimo maestro.
* Antonio Agudo: De segundo de pintura, un artista magnífico cuyos vídeos recomiendo buscar en YouTube.
* Manuel Álvarez Fijo: Mi maestro por excelencia, a quien conocí en tercero. Él no solo me enseñó a dibujar, sino a pensar el arte, a entender que el dibujo era mucho más de lo que había aprendido. Me dio mi primera Matrícula de Honor y la oportunidad de colaborar con él como profesor durante seis años en la asignatura de dibujo. Le debo gran parte de lo que hago y soy.
* Antonio Zambrana: En quinto, me apoyó muchísimo y me brindó mi primera exposición en el Ateneo de Sevilla. Aún hoy, le agradezco su mentoría y ayuda constante.
Si bien algunos profesores no conectaron conmigo o no mostraron un compromiso real, siempre cumplí con mis clases y tareas, llegando incluso a hacer más ejercicios de los pedidos por mi genuino interés.
Pero más allá de los profesores, lo mejor de Bellas Artes fueron, sin duda, los compañeros. Se aprende muchísimo, casi todo lo que te llevas de allí. Vivimos un ambiente de creatividad total: hicimos talleres de teatro, de moda reciclada, y una intensa actividad estudiantil.
También valoro enormemente la biblioteca. En una época sin internet, era mi refugio entre clases y por las tardes, una fuente inagotable de información sobre artistas y movimientos.
Con mis compañeros Paco Valera y Pepe, creamos «Las Aulas», un estudio en un ático donde pasábamos los fines de semana trabajando, celebrando y, sobre todo, intercambiando ideas y aprendiendo unos de otros durante cuatro años.
Puntos Negativos y la Importancia de la Vocación
Un aspecto agridulce fue ver a algunos compañeros desmotivarse o abandonar la carrera, a veces por el desencanto con ciertos profesores. Sin embargo, el tiempo ha demostrado que muchos de ellos han desarrollado carreras artísticas envidiables, evidenciando que no es imprescindible pasar por Bellas Artes para ser un artista exitoso. La vocación y el talento son claves.
Proyectos que Trascienden el Aula
Durante mi etapa como alumno, junto a mi amigo Jesús Vega, nos preguntamos qué sería de nosotros al terminar. Así nació «El Mercado del Arte», un proyecto pionero en la facultad (que entonces carecía de sala de exposiciones). Fue un éxito rotundo con varias ediciones, sirviendo de trampolín para que algunos de nosotros entramos en contacto con galerías de arte.
Más tarde, como profesor, impulsé proyectos como «Café Cultura», donde la cafetería de la facultad se transformó en un espacio de arte, música y charlas. Estos proyectos, que fomentan la conexión con el exterior y la creatividad, son tan importantes como el aprendizaje técnico en las aulas y deberían potenciarse.
Un Consejo a los Estudiantes: Preocúpate por Aprender, No por la Nota
Como profesor, he notado una tendencia preocupante: muchos alumnos de Bellas Artes priorizan la nota. Esto, en una carrera artística, carece de sentido. Fuera de la universidad, en las entrevistas de trabajo o en el mundo real, nadie te preguntará por tus calificaciones. Lo que se valora son tus capacidades, tu talento, tu portfolio y cómo te desenvuelves.
Por eso, mi consejo a todos los estudiantes de Bellas Artes es: preocúpense por aprender, por dibujar, por pintar, por hacer lo que deseen con maestría. La nota es un mero formalismo que no se traduce en éxito profesional. Yo nunca reclamé una nota, lo consideraba absurdo, y les recomiendo hacer lo mismo.
Reflexión Final: El Valor de la Formación Artística
Sinceramente, me alegro de haber estudiado Bellas Artes en Sevilla. Me brindó cinco años fundamentales de mi vida para formarme, crear y definir la persona y el artista que quería ser. Esta experiencia no solo me sirvió a mí, sino que considero que es vital para cualquier joven.
Una carrera universitaria, más allá del contenido específico, ofrece un espacio y un tiempo únicos para conocerse a uno mismo, entender el mundo y desarrollar habilidades que, más adelante, son más difíciles de cultivar.
Mi recomendación es clara: haz Bellas Artes, haz la carrera que desees, pero sobre todo, no pierdas el tiempo en lo que no te apasiona. Aprovecha cada momento, acércate a quienes compartan tus intereses, crea proyectos y, lo más importante, disfruta intensamente de lo que haces.
Espero que mi experiencia te haya sido útil e inspiradora. Si estás pensando en estudiar Bellas Artes, o si ya eres alumno o profesor, me encantaría conocer tu propia experiencia en los comentarios. ¡Nos vemos la semana que viene en mi canal de YouTube!
Puedes seguir más de mi trabajo y contenido artístico en mi canal de YouTube Antonio García Villarán y explorar la academia donde me formé en Crea13.








