Leonardo da Vinci: ¿Genio Inigualable o el «Niño Pijo» Inconstante del Renacimiento?
¡Hola, universo Villarán! Hoy, te invito a una reflexión sobre una figura que, aunque admirada universalmente, esconde facetas menos conocidas: Leonardo da Vinci. Se le pinta como el arquetipo del hombre renacentista: arquitecto, pintor, escultor, filósofo… pero, ¿realmente lo hacía todo bien? Acompáñanos en este recorrido por el Leonardo menos convencional.
La otra cara del genio: Vasari y la inconstancia
Aunque Giorgio Vasari, en su célebre obra Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, alabó la belleza, gracia y virtud de Leonardo, también lo describió como voluble e inestable. Leonardo iniciaba numerosos estudios con gran profundidad, pero, en la mayoría de los casos, los abandonaba sin terminar.
Vasari también relata que, si bien el razonamiento de Leonardo silenciaba a los doctos y poseía un gran arte de persuasión, sus ideas más ambiciosas, como mover montañas o levantar el Templo de San Juan en Florencia con cálculos numéricos, eran desestimadas por los sabios una vez él se retiraba, reconociendo su inviabilidad.
Los orígenes: Un «niño pijo» del Renacimiento
La realidad es que Leonardo no carecía de recursos. Aunque no poseía grandes riquezas, siempre contó con sirvientes y caballos, reflejo de su buena cuna. Se podría decir que era un «niño pijo» de la época. Su padre lo introdujo en el taller de Andrea Verrocchio, uno de los grandes artistas del momento, en 1469. Se decía que dibujaba muy bien, pero ¿cuántos niños de la época no lo hacían y no tuvieron la misma oportunidad?
Curiosamente, de su paso por el taller de Verrocchio, solo se le conoce una obra concreta: retocar o ayudar a terminar uno de los cuadros del maestro. ¿Qué hizo el resto del tiempo? ¿Barrer, limpiar pinceles, machacar pigmentos, como otros aprendices? ¿O se dedicó a «rascarse la barriga» y a investigar sus propias ideas, sin terminar los encargos? Es un misterio que probablemente nunca resolveremos.
La inconstancia de un maestro: Obras inacabadas y técnicas fallidas
La inconstancia de Leonardo es una constante en su biografía. Se conservan entre 15 y 20 obras originales, y no todas están pintadas al 100% por él. Era un maníaco, se obsesionaba, investigaba mucho, pero no siempre encontraba la solución. Si viviera hoy, quizás le habrían diagnosticado un déficit de atención.
La Última Cena: Una técnica condenada
Una de sus obras más magníficas, La Última Cena, es también un testimonio de su experimentación fallida. La pintura se ve borrosa y deteriorada porque la técnica que utilizó no fue la adecuada. Aunque en el Renacimiento existían manuales detallados, como el libro de Cennino Cennini, que explicaban cómo trabajar al fresco y preparar los muros, Leonardo eligió experimentar con una preparación a base de yeso y temple que no resistió el paso del tiempo. ¡Y eso que la realizó varias veces!
Encargos sin final: De la Epifanía al Caballo Monumental
En 1481-82, unos monjes le encargaron un cuadro de una epifanía. Leonardo inició la obra, pero tampoco la terminó, dejando a los monjes completamente desamparados.
Otro encargo ambicioso fue el del caballo ecuestre monumental, una figura de bronce de gran tamaño que pensaba hacer de una sola pieza. Llevó a cabo los bocetos en barro, pero cuando empezó con el molde, las cosas no salieron como esperaba. ¿El resultado? Otra obra abandonada.
El Altar Servita y la Mona Lisa: Promesas rotas
Un caso similar ocurrió cuando unos monjes servitas encargaron un altar a Filippino Lippi. Leonardo, al ver la oportunidad, convenció a los monjes de que él lo haría mejor. Lippi se retiró, Leonardo recibió el pago, pero… nunca terminó la obra.
Incluso la famosa Gioconda, de la que ya hemos hablado en este canal, fue un encargo de Francesco del Giocondo para el retrato de su mujer. Tras cuatro años, tampoco la terminó. Parece que dejar a la gente «tirada» era una costumbre.
La Batalla de Anghiari: Un desastre experimental
Uno de los peores casos fue la pintura mural encargada para la Sala del Consejo de Florencia, que representaría la historia de Niccolò Piccinino. Leonardo pintó una batalla ecuestre, con muchos bocetos de caballos y guerreros. Pero al pintar sobre el muro, decidió innovar con una preparación de cera para luego pintar al óleo. La técnica fue un auténtico desastre: mientras pintaba por un lado, la preparación del otro se derretía. ¿Qué hizo Leonardo? No lo arregló, no lo repintó. Simplemente, dijo: «Esto yo no lo hago», y abandonó la obra.
Hasta el Papa León X, exasperado, llegó a decir: «¡Ay de mí! Este no sirve para nada, pues empieza por pensar en el final antes que en el principio de la obra».
Inventor o soñador: Diseños que nunca volaron (ni navegaron)
Muchos admiran a Leonardo por sus innumerables dibujos e inventos. Pero la verdad es que la mayoría, si no todos, no eran realizables en su época, ni siquiera ahora. Sus diseños parecen más apropiados para los estudios Ghibli que para la ingeniería real.
Por ejemplo, si su submarino se llegase a construir, se hundiría; el buzo se ahogaría. Su helicóptero simplemente daría vueltas sobre su propio eje. Los dibujos son hermosos, especialmente los de anatomía, ¡soy un gran fan! Pero no eran funcionales.
Además, estudios sugieren que muchos de sus «inventos» fueron copiados de otros contemporáneos. La turbina hidráulica, por ejemplo, fue proyectada antes por Francesco di Giorgio Martini. La cadena de transmisión articulada era de Taccola. Quizás era «inventor» de su propia fantasía.
Incluso el señor de Milán no lo contrató para máquinas de guerra o grandes proyectos, sino para diseñar escenarios, obras de teatro, celebraciones y espectáculos. Para que lo entretuviera, nada más.
¿Por qué la admiración? El verdadero legado de Leonardo
Entonces, ¿por qué es tan admirado si sus máquinas no funcionaban, sus cuadros estaban inacabados y sus técnicas a menudo fallaban?
Por una parte, su figura nos define a muchos de nosotros: nadie es perfecto. Sus fallos son también un reflejo de la condición humana.
Por otra, Leonardo hizo muchísimas otras cosas estupendamente. Escribió libros con ideas interesantes y fue un magnífico dibujante; de eso no cabe duda.
Pero la pregunta sigue abierta: ¿Era realmente el mejor artista del Renacimiento? ¿Era mejor que Miguel Ángel? Si quieres que te lo cuente o tienes tu propia opinión, déjamelo en los comentarios.
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