Eugenio Ampudia y el «Amp-Arte»: Una Crítica al Arte Contemporáneo por Antonio García Villarán
¡Hola! Soy Antonio García Villarán, y en este artículo, basado en mi vídeo, voy a analizar la obra de Eugenio Ampudia, un «amp-artista» que, durante dos años consecutivos, me ha llamado «payaso», me ha insultado y me ha expulsado de la feria de arte. Su actitud me ha llevado a examinar su trabajo y a preguntarme: ¿qué define realmente al arte contemporáneo? Aquí, en antoniogarciavillaran.es, voy a responder a sus acusaciones y a desgranar su obra.
La Polémica con Eugenio Ampudia: ¿Payaso o Crítico de Arte?
Eugenio Ampudia me ha tildado de «payaso» y «retrógrado» por, supuestamente, no tener «ningún interés en las cosas» y carecer de conocimiento sobre el arte contemporáneo. Me parece irónico que, después de tantos vídeos, años de estudio y una labor constante de investigación sobre arte que realizo en mi canal de YouTube, se me acuse de esto.
Lo que Ampudia parece no entender es que tener una opinión diferente a la suya sobre ciertas obras de arte contemporáneo no me convierte en un «payaso», sino en un crítico. Y claro, cuando él forma parte de ese grupo de «amp-artistas» puros, una opinión disidente como la mía puede «desmontarle el chiringuito». Aunque Ampudia afirme que le aburro, sospecho que se ve todos mis vídeos, quizá con cierto nerviosismo. Yo, por mi parte, siempre busco el diálogo para entender y, si es el caso, cambiar mi opinión. Sin embargo, su actitud de «no querer hablar» porque lo que él dice «sienta cátedra» y de rodearse de un grupo selecto de «apoyos» me hace pensar que quizá la actitud retrógrada es la suya.
¿Quién es Eugenio Ampudia? Un Análisis de su «Amp-Arte»
Eugenio Ampudia se presenta como un intelectual, un curador y un «súper artista conceptual». Sin embargo, varias fuentes, incluso personas que han estado en su propio taller, me han confirmado que utiliza ayudantes –becarios– para realizar sus obras, lo que él llama «cucarachas conceptuales».
Las «Cucarachas Conceptuales» y el Valor de la Obra
Una de las obras de Ampudia son unas cucarachas hechas de papel recortado. A pesar de que implican algo de origami, lo que, al menos, denota un mínimo de trabajo manual, las ha vendido en exposiciones por precios que van desde los 20 hasta los 200 euros. Sinceramente, esto no es arte; es una manualidad simplona, tontorrona y, me atrevería a decir, de mal gusto conceptual.
Lo más preocupante es ver que en su currículum figuran obras en centros de la talla del MUSAC en León, la Fundación «la Caixa», el Reina Sofía, el IVAM de Valencia, y la Fundación Pilar y Joan Miró. Esto me lleva a pensar que el «amp-arte» ha calado hondo, o que se han dejado convencer, o quizás él haya regalado estas «cucarachitas» para engrosar su currículum. Señores y señoras, no digo que Ampudia lo haya hecho, pero regalar obra para obtener certificados de exposición es una práctica común en este mundillo. Lo siento mucho por estas instituciones, pero, si no se tiene criterio, uno puede equivocarse al elegir cierto tipo de obra de «amp-artista» contemporáneo. Con Eugenio Ampudia, os aseguro, os habéis equivocado.
Paisajes Rodantes y Obviedades: La Búsqueda de la Originalidad
Ampudia también se caracteriza por estar siempre cerca de sus obras, como «aguilucho esperando a su presa», para lanzarse a explicar con «palabrería barata y vacía» conceptos como el de sus «piedras con ruedas», que él denomina «paisajes rodantes» o «paisajes móviles». Poner ruedas a cualquier cosa, en este caso a unas piedras, no es una idea brillante. No se trata de «sacar el paisaje a pasear» como él dice; esto es «amp-arte» puro, un tipo de obra sin valor, llena de lugares comunes. Además, me recuerda a la obra de otro artista, Wilfredo Prieto, y su carretilla. ¡Entre ellos se copian, que es lo peor que puede pasar!
Otro ejemplo de sus «obviedades» es la obra de los relojes, titulada «Tiempo Tiempo». Poner relojes en el suelo, en una proporción mayor, como si fuese decoración, no es nada del otro mundo. Si quieres ver obras interesantes sobre relojes, te recomiendo la obra de Joan Brossa, un gran artista y poeta visual, y también la de Chema Madoz, un excelente fotógrafo. ¡Ya que vas a copiar algo, Ampudia, copia de los buenos!
Textos Vacíos y Performance Discutible
Las obras de Ampudia a menudo se sustentan en textos explicativos tan «enterados» como este: «En sus últimos trabajos, Ampudia se apoyó en una inteligente combinación de riesgo formal y solidez conceptual, agrediendo de manera arriesgada los límites entre los ámbitos audiovisuales y las prácticas asociadas a las instalaciones y lo escultórico conceptual». ¿Entendido? Yo tampoco. Son textos no solo incomprensibles, sino vacíos.
Cuando ves una de sus obras, como la que muestro en el vídeo, ¿qué ves? Nada. O, si acaso, «la viva imagen del fracaso». Pero ¡espera!, Ampudia también hace performance. Coge unas bolitas de vidrio soplado rellenas de tinta, y las instrucciones indican que debes lanzarlas sobre la pared de tu casa. ¡Y voilà, ahí está la obra de «amp-arte» puro! Según él, «expande el papel del artista» y «democratiza la idea de ser artista». Yo lo considero un insulto a nuestra inteligencia; no hay por dónde cogerlo. Un título de exposición como «El futuro no es de nadie todavía» tampoco ayuda. Sinceramente, creo que Ampudia podría dedicarse a hacer puzles, jugar al dominó o dar de comer a las palomas en un parque. Si luego quiere hacer fotos y decir que son performances, allá él, pero no nos lo vamos a creer.
Un Vistazo a la «Trayectoria» de Ampudia: Entre Fallos Web y «Videocreaciones»
La trayectoria de un artista no garantiza la calidad de su obra. Que lleves muchos años en el mundillo del arte no significa que seas un buen artista; puedes llevar 20 años haciendo «tonterías». Al revisar su web, se encuentran ejemplos como «Paisaje móvil» o «Charco de sangre» (2005), cuyo enlace ni siquiera funciona. «Oda a la alegría» (2007) es una «videocreación» donde, supuestamente, ha puesto una cámara en su piscina con una canción conocida. ¡Qué triste!
«Tiempo Tiempo» son unos palitos con un motorcito que hacen girar la palabra «tiempo» recortada. ¿»Vuelve el tiempo sobre sí mismo»? Es muy aburrido y evidente. Luego está «Can na vi», un perrito hecho de tela. Son ocurrencias tontorronas, no obras de arte.
Su «Montaña de libros iluminados», que supuestamente nos remite a Fahrenheit 451 y «incita al hombre a pensar sobre la realidad que le rodea», es tan evidente que resulta malo. Su performance de dormir en el Museo del Prado, o sus «banderitas con moscas» que invitan a «mosquearte», o su «vuelta ciclista al Prado» con un croma horrible… todo es «super cutre». Cualquier youtuber principiante haría vídeos mucho mejores.
El Premio ARCO y la «Discursividad» del Arte Electrónico
He investigado por la red y he visto que Eugenio Ampudia vende dibujos por 600 euros y fotografías por hasta 1.500 euros. Pero lo más llamativo es que en 2018 le otorgaron el Premio ARCO de arte electrónico, dotado con 15.000 euros, por su obra «I’m not to think so much» (¡en inglés, para hacerse el moderno, claro!). Se trata de una instalación que emplea circuitos y tecnologías para generar sonidos distorsionados a partir de grabaciones de reuniones, lo que él llama «discursividad».
Supuestamente, el espectador puede interactuar con ella generando «música aleatoria». Pero, para ser sinceros, esto es como los jueguecitos sencillos que hacíamos en pre-tecnología en el instituto: una tablita con cuatro cables e interruptores que al final solo hacen ruidos. Ampudia ha cogido unas conferencias y, dependiendo de los botones que toques, se escuchan distorsiones aleatorias que no significan absolutamente nada. El aspecto de la pieza es horroroso. ¿Y a esto se le da un premio de 15.000 euros? Sinceramente, Ampudia, creo que «eres bueno… si no te lo decimos». Como bien me ha dicho alguien que te conoce, todo lo que haces son «ocurrencias patateras».
Conclusión: Rompiendo los «Cortijos» del Arte
Respecto a la actitud que Ampudia ha tenido conmigo estos dos años, creo que él no es nadie para echar a nadie de ninguna feria. Al contrario, los que nos gusta el arte de verdad debemos seguir aportando y generando debate. Su actitud de «cortijo del arte» donde solo su opinión cuenta, es la que verdaderamente es retrógrada.
Afortunadamente, este tipo de artistas, que se mueven en «cortijos» cerrados, es una raza en extinción gracias a la red. Hoy podemos ver la obra de todos, opinar y debatir. Estoy seguro de que internet puede cambiar las cosas y democratizar el acceso y la crítica al arte.
Espero que te haya gustado este vídeo y este análisis. Compártelo para que más gente se entere y podamos seguir abriendo el debate sobre lo que es arte y lo que no. ¡Revienta el botón de «me gusta» y nos vemos muy pronto en antoniogarciavillaran.es y en mi canal!








