El Guernica, los famosos y la polémica de las fotos en los museos: ¿Privilegios o publicidad gratuita?
Recientemente, una noticia ha causado revuelo en el panorama cultural: lo sucedido en Madrid con una figura pública, que, según los rumores, sería Miguel Bosé. El incidente tuvo lugar un martes, cuando el Museo Reina Sofía cerró sus puertas para permitir que esta figura pública y su equipo entraran. Entre las imágenes capturadas, una destacaba: posando junto al Guernica. Lo curioso es que, tras subirla a Twitter, se generó un enorme debate. La razón es simple: a la inmensa mayoría de visitantes se nos prohíbe terminantemente fotografiar la obra maestra de Picasso.
Esto nos lleva a dos preguntas fundamentales: ¿Es justo que los famosos tengan privilegios para fotografiar obras de arte en los museos? Y, en un sentido más amplio, ¿deberían las figuras públicas gozar de prerrogativas que no se extienden al resto de la ciudadanía?
La absurda prohibición de fotografiar en los museos
La prohibición de tomar fotos sin flash en un museo, y en particular al Guernica, es en mi opinión, una estupidez. Entiendo la razón detrás de no usar flash, ya que puede dañar las obras. Pero hoy día, con los avances de la tecnología en nuestros teléfonos móviles, es posible capturar imágenes de alta calidad sin necesidad de flash. Funciona perfectamente. Podemos fotografiar la Mona Lisa en el Louvre sin problema, ¿por qué no el Guernica? No logro encontrar una justificación válida para esta restricción.
Algunos podrían argumentar que no permitir fotos ayuda a vender más postales o catálogos. Sin embargo, en la era digital, ¿quién compra postales en un museo? Muy poca gente. Aquellos que las compran lo harán igualmente porque quieren un recuerdo físico. Pero la mayoría de las personas prefieren guardar sus fotos en el móvil. De hecho, yo mismo, que compro muchos catálogos de exposiciones que me interesan, lo hago porque me atraen los textos, el diseño, la posibilidad de estudiar la composición y la pincelada de una obra a fondo, no porque no pueda hacer una foto con mi iPhone.
¿Privilegios para famosos? Más allá del marketing
Cuando se permite a una figura pública como el protagonista de este incidente tomar fotos con el Guernica, mientras al resto se le prohíbe, surge la pregunta: ¿por qué este privilegio? Podría pensarse que se trata de una estrategia de marketing, buscando publicidad gratuita a través de las redes sociales de la celebridad. Y sí, es cierto que ver a alguien famoso posando con el Guernica podría animar a más gente a visitar el Reina Sofía.
Pero la razón principal va más allá del marketing. Simplemente, una figura famosa ostenta un poder fáctico tácito. Los responsables del museo, en ese momento, probablemente ni siquiera se plantearon la cuestión de las reglas. Es como si ante la presencia de una «nobleza ficticia» moderna, se abrieran automáticamente las puertas. Es una muestra de cómo, a pesar de que nos vendan la idea de vivir en sociedades igualitarias, en la práctica, las jerarquías y los privilegios persisten, y en algunos casos, se acentúan.
Una mentalidad anticuada en la gestión de museos
Esta tontería, sinceramente, debe venir de la dirección del museo o de los responsables que deciden arbitrariamente «que no les da la gana» de que se tomen fotos. No tiene sentido. Una foto sin flash no hace daño a ningún cuadro. De hecho, cuanta más gente haga fotos y las comparta, más publicidad gratuita se genera. Gente de todas partes del mundo vería esas imágenes, se interesaría, y querría visitar el museo.
Es incomprensible esta mentalidad, quizás producto de que «de jóvenes no les dejaron» hacer fotos, o simplemente por una obstinación personal, ignorando que se trata de un museo público.
La contradicción se evidencia aún más cuando algunos museos en España, como el Reina Sofía, intentan excusarse diciendo que «a la mayoría de la gente que hace fotos en el Guernica no le decimos nada, lo que pasa es que está prohibido para que haya mejor calidad en la visita». ¡Esto es una mentira! Yo mismo, que visito a menudo el Reina Sofía cuando estoy en Madrid, he intentado hacer una foto a un cuadro de Solana que adoro y me encanta, unas calaveras que están en la misma sala del Guernica, y me lo han prohibido. Y eso que yo tengo libros de Solana, pero no es lo mismo estudiar una obra en un libro que fotografiar un detalle con mi iPhone para estudiarlo en vivo y en directo.
Entonces, o mienten, o yo soy de ese 10% al que sí prohíben, lo cual dudo, pues gracias a mi canal de YouTube soy una figura pública reconocida y he recibido un trato privilegiado en muchas ocasiones.
Comparativa internacional: otros museos sí saben cómo hacerlo
Podríamos aprender de museos como el Louvre en París. Allí, la gente puede firmar y sacar todas las fotos que quiera de obras como la Mona Lisa. La experiencia del visitante no se ve comprometida; al contrario, se fomenta.
Incluso he tenido la oportunidad, en el Mauritshuis de La Haya (Europa), de estar a solas con «La joven de la perla», filmando todo lo que quise para un vídeo de mi canal que tiene muchísimas visitas. El museo me facilitó una entrevista con la directora, demostrando una mentalidad abierta y práctica. Entendieron el valor de la difusión del arte a través de plataformas como YouTube. Esta es la mentalidad que deberíamos adoptar.
Es indignante ver cómo en algunos lugares, como la Junta de Andalucía, se toman decisiones tan arbitrarias como prohibir la grabación en museos, incluso después de negociar con los responsables. Parece una muestra de una burocracia anticuada que está robando el alma del arte. Es una lástima que pequeñas sutilezas y la rigidez de ciertas instituciones impidan una mayor conexión entre el público y el patrimonio cultural.
En conclusión, es hora de que los museos en España, especialmente los públicos, reconsideren sus políticas sobre la fotografía. No se trata solo de un debate sobre privilegios, sino de una oportunidad perdida para conectar con las nuevas generaciones, fomentar el interés por el arte y utilizar las herramientas de la era digital para la difusión cultural. La rigidez burocrática y las decisiones arbitrarias no hacen sino alejar al público de sus propios patrimonios. ¡Quitemos estas prohibiciones sin sentido!
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