Hace un tiempo, descubrí un museo de Banksy en Madrid. Inmediatamente me surgió la pregunta: ¿cómo es posible que un artista autoproclamado anticapitalista tenga museos en varias ciudades del mundo y sus obras se vendan en subastas y galerías? Esta contradicción me llevó a indagar: ¿cuáles son los verdaderos modelos de negocio de Banksy?
Hola, soy Antonio García Villarán, y en este artículo (basado en el video que te presento) te desvelaré la compleja red empresarial detrás de este personaje, a quien al final también revelaré quién es. Se nos ha presentado como el antisistema, el crítico social por excelencia, pero en realidad, ha construido un verdadero imperio.
1. Pest Control Office: El Guardián del Arte de Banksy
Aquí te desvelo el primer gran pilar de su entramado: detrás de la marca Banksy se encuentra una empresa, Pest Control Office. Esta compañía, de la cual no se conocen sus integrantes, se dedica a la certificación de las obras de Banksy.
¿Qué implica esto? Si posees un grabado de Banksy o incluso si ha dejado un mural en la fachada de tu casa, esa obra carece de valor sin su certificado. Es decir, un documento oficial que acredite: «Oye, esto no es un garabato o una fotocopia, sino una obra original de Banksy.» Y, por supuesto, este certificado tiene un coste.
El proceso para obtenerlo es meticuloso: debes enviar un correo electrónico a Pest Control Office explicando la historia de cómo adquiriste la obra. Ellos evaluarán tu relato, pedirán fotos y, si lo consideran original, te enviarán el certificado… previo pago. Un modelo de negocio redondo, ¿verdad?
Pero hay más: esta oficina también vende obra original de Banksy a galerías selectas, coleccionistas y museos. Es paradójico que un artista que se autoproclama antisistema, anticapitalista y crítico con el “establishment” del arte, venda su trabajo a las mismísimas galerías, coleccionistas y museos que representan ese sistema.
Por cierto, quiero aclarar que no tengo nada en contra de que los artistas vendan su obra. Al contrario, creo firmemente que para vivir en esta sociedad, debemos comercializar nuestro arte. De hecho, tengo un curso online y un libro sobre cómo vender tu arte en internet en mi academia online Crea13. Mi crítica no es hacia la venta de arte, sino hacia la hipocresía de presentarse como anticapitalista mientras se construye un lucrativo imperio.
Estos certificados, además, son cruciales para la reventa de la obra, permitiendo que el capital se mueva y el sistema capitalista siga funcionando. Porque, amigos y amigas, así es como funciona.
2. Las Casas de Subasta: El Arte del Espectáculo
¿Recuerdas la famosa obra «Love is in the Bin» (anteriormente «Girl with Balloon») que se autodestruyó parcialmente en plena subasta? Aquella obra, valorada inicialmente en 1 o 1.2 millones de dólares, triplicó su precio tras el «incidente». No es casualidad. He sabido, por fuentes cercanas a las casas de subasta (cuyos nombres no puedo revelar), que aquello fue un espectáculo orquestado.
¿Qué casa de subastas permitiría que una obra con un mecanismo oculto se autodestruyera sin su conocimiento? Es un modelo de negocio más de Banksy: el show. Como la exposición sorpresa con elefantes pintados (que, dicho sea de paso, implicó maltrato animal). Todo este montaje tiene un único fin: vender más, vender más caro y triplicar el valor de sus obras. Y, por supuesto, Pest Control Office siempre está detrás, reclamando su parte.
3. Merchandising y la Tienda «Gross Domestic Product»
La obra de Banksy no solo se exhibe en galerías, también se mueve a través del merchandising. En 2019, lanzó una tienda online llamada Gross Domestic Product, donde vendía desde camisetas de 25-35 libras hasta objetos más caros y más baratos. Su estrategia de marketing fue brillante y básica a la vez: el FOMO (Fear Of Missing Out).
Creó la necesidad de comprar rápidamente, anunciando que la tienda solo duraría unos días. Una técnica común en el Black Friday o en lanzamientos de artistas, que genera urgencia y dispara las ventas. No se sabe cuánto recaudó, dado el anonimato de Banksy, pero podemos imaginar que fue una fortuna, dada su fama mundial. Los precios oscilaban entre las 10 y las 750 libras.
Para añadir una capa de storytelling, incluso pedía a los compradores que escribieran un correo explicando por qué deseaban adquirir un producto. Toda una estrategia de marketing, más propia de un publicista experto que de un «artista» al uso. Para mí, Banksy no es tanto un artista como un genio del marketing.
4. El Mercado Secundario Controlado
El cuarto modelo de negocio es el mercado secundario. Desde tu propia casa, con suficiente capital, puedes adquirir un grabado de Banksy. Eso sí, con su debido certificado, cuyo precio puede oscilar entre los 30.000 y los 400.000 dólares. Estas obras se venden en galerías exclusivas, cuidadosamente seleccionadas. Así es como Banksy ejerce un control férreo sobre su propio mercado, una estrategia que, reconozcámoslo, ha ejecutado a la perfección.
5. Merchandising No Autorizado y la Paradoja del Copyright
Este quinto modelo, en teoría, escapa a su control. Muchas empresas, museos y tiendas replican sus imágenes porque son increíblemente famosas y, hay que decirlo, fáciles de reproducir. Al fin y al cabo, sus obras se basan en plantillas: una fotocopia, un acetato, un cúter y spray negro. No es algo extraordinariamente complejo.
El problema surge cuando Banksy se contradice: él mismo ha afirmado que «los derechos de autor son para los perdedores», justificando así su apropiación de imágenes ajenas (como «La joven de la perla»). Sin embargo, cuando otros utilizan sus imágenes con fines lucrativos, se ha molestado e incluso ha intentado llevar a juicio a varias marcas. El problema es que, al mantener su anonimato, no puede presentarse ante un tribunal para reclamar derechos. Esto se vio claramente en el caso de la empresa británica Full Colour Black en 2020, cuando la propiedad intelectual de la Unión Europea falló a su favor. Sin un sujeto identificable a quien pagar regalías, las imágenes de Banksy pueden ser usadas libremente, generando un negocio global inmenso. Yo mismo he llegado a comprar libros no oficiales sobre su obra en Amazon.
En 2022, incluso Gues ha utilizado sus imágenes, y Banksy ha vuelto a perder la batalla legal. Esto es un negocio gigantesco que, irónicamente, su propio anonimato facilita.
6. Los Museos «Banksy»: Un Negocio con Reproducciones
Fue una sorpresa para mí descubrir que hay «museos Banksy» en Madrid, Barcelona y Nueva York, con entradas que van desde los 12 hasta los 30 euros. Pero, ¿qué exhiben estos museos? No, no son obras originales, sino reproducciones de sus murales y plantillas, supuestamente en entornos similares a los originales. Este concepto, a mi parecer, tiene un error fundamental: las obras de Banksy están concebidas para la calle, no para espacios cerrados y techados. Sugiero a estos empresarios de museos que prueben a hacerlo al aire libre: se ahorrarían costes y, además, sería más coherente con la esencia del artista.
Irónicamente, la proliferación de estos museos, a pesar de no generar ingresos directos para Banksy, le otorga una publicidad masiva y gratuita. Esto, a su vez, incrementa su fama, lo que permite a Pest Control Office cobrar más caros los certificados de autenticidad y, por ende, revalorizar las «obras originales».
El Origen de la Marca: De Antisistema a Estratega
Banksy pudo haber comenzado como un antisistema en 2005, pero ya entonces mostraba indicios de su futura estrategia. Al pegar una de sus obras en un museo británico y grabar el acto para subirlo a la red, no solo se hizo viral y construyó su marca personal, sino que también reveló su deseo de estar en los museos. Para 2008, ya había consolidado su visión de negocio, creando Pest Control Office para emitir los Certificados de Autenticidad (COA). Esta empresa, bajo el pretexto de «prevenir fraudes» y ofrecer «consultorías previo pago», se convirtió en el eje de su imperio.
¿Arte o Plantilla? La Naturaleza de la Obra de Banksy
Surge una pregunta fundamental: ¿qué diferencia hay entre una plantilla hecha por Banksy y una idéntica realizada por otro grafitero? Cuando contemplo una obra de El Greco o Valdés Leal, siento una conexión con la mano del artista, con su esencia. Si la obra no es original, esa magia se pierde. Sin embargo, en el caso de Banksy, al ser plantillas, la autoría pierde gran parte de su peso. Una plantilla es una plantilla. Para mí, sinceramente, la obra es similar y no me transmite la misma profundidad que el arte tradicional. Me deja frío.
Banksy: Un Imperio Capitalista Bajo el Manto del Anonimato
Si aún tenías dudas sobre si Banksy forma parte del sistema capitalista, disípala. No solo está inmerso en él, sino que ha creado su propio sistema.
Ejemplos no faltan: en 2018, una exposición en Madrid mostró más de 70 obras originales de Banksy, certificadas y provenientes de coleccionistas y galeristas. Exposiciones similares se han replicado por todo el mundo, como la de Los Ángeles en 2002.
En 2015, Banksy no organizó una exposición, sino un parque de atracciones: Dismaland. Este proyecto, que a mí personalmente me atrajo por su humor negro y su estética oscura, fue un gigantesco negocio. Invitó a numerosos artistas para crear atracciones que parodiaban a Disney, y atrajo a 150.000 visitantes. No solo impulsó la economía local atrayendo más de 20 millones de libras, sino que generó ingresos adicionales por entradas y merchandising. De nuevo, mi crítica no es hacia el dinero, ¡ojalá todos los artistas ganaran así! Es hacia la hipocresía.
Banksy: ¿Una Persona o Una Marca?
Finalmente, la pregunta clave: ¿es Banksy una sola persona? Es posible que comenzara así antes de 2005, pero hoy es evidente que Banksy es una empresa, un colectivo de empresarios. Su producto estrella: el anonimato. Banksy podría estar muerto, o no existir como una única persona. Es como Los Simpson: no envejecen porque no existen como individuos, son un concepto, una marca.
La vasta producción de obras que se le atribuyen es un claro indicio de que no se trata de una única mano, sino de un equipo. Si dentro de 120 años sigue apareciendo obra de Banksy, ¿creeremos que es el mismo individuo? No, será una marca. Un producto diseñado a la perfección que, bajo el paraguas del «arte», genera grandes dividendos.
El arte, como he mencionado en muchos de mis videos, puede valer desde 3 hasta 3.000 millones, gracias a la fama de la obra y a la decisión del mercado. Banksy ha dominado este juego a la perfección. Podemos aprender de su estrategia de marketing y negocio, pero la otra parte… la hipocresía del antisistema que es el sistema, es lo que pongo en cuestión.
¿Qué opinas tú?
Ahora es tu turno. ¿Te gusta la obra de Banksy? ¿Qué te ha parecido este análisis? ¿Te ha dado ideas para tu propio modelo de negocio como artista? Me encantaría leer tus comentarios y generar un debate constructivo. Si te ha gustado el vídeo y este artículo, apóyame:
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