Tapa de Tiburón a lo Damián Hirst: ¿Arte o Reemplazo?
Hola, soy Antonio García Villarán, y con este vídeo, abrimos una nueva sección en mi canal: ¡Tapas! Aquí en Andalucía, las tapas son pequeños platos de comida que se disfrutan con una cerveza o un vino. Hay tapas espectaculares y otras más sencillas. He concebido esta serie de vídeos cortos, que irán apareciendo de vez en cuando, para explorar una obra, una anécdota de un artista, o comentar una noticia de actualidad.
Y para inaugurar, nuestra «Tapa Especial» es el tiburón a lo Damián Hirst. Como muchos sabrán, el aclamado artista Damián Hirst creó un tiburón metido en formol que se vendió por la asombrosa cifra de 12 millones de dólares.
«La Imposibilidad Física de la Muerte en la Mente de Alguien Vivo»
La historia detrás de esta obra es, cuanto menos, fascinante. En 1991, Damián Hirst solicitó financiación a Saatchi para lo que él describió como una idea maravillosa: «La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo». Quizás, si hubiera dicho simplemente: «Quiero meter un tiburón en formol, que se titulará El Tiburón en Formol», la reacción hubiera sido distinta. Pero un título tan enigmático logró el apoyo deseado.
El Inesperado Deterioro y el Reemplazo: ¿Dónde está la Obra Original?
Sin embargo, la trama se complica. A los pocos años de su venta, el tiburón original, sumergido en formaldehído, comenzó a pudrirse, ya que el proceso no se había realizado correctamente. ¿Qué hizo Damián Hirst? Contactó al mismo pescador que le había vendido el primer ejemplar y le pidió uno idéntico. Pero no se detuvo ahí: ¡también le encargó tres tiburones más!
Todo esto está documentado. El pescador no solo consiguió el gran tiburón blanco solicitado y los tres adicionales, sino que incluso le regaló un cuarto tiburón, dada la generosa remuneración. Al tiburón sustituto, el que reemplazaría al original, se le inyectaron 850 litros de formaldehído, ¡diez veces más que al primero que se pudrió!
Este nuevo tiburón fue expuesto en un museo de Austria y, en 2007, volvió a exhibirse en el prestigioso Metropolitan Museum de Nueva York. Lo que hicieron fue una verdadera «gira de legitimación» del tiburón. La idea era simple: si está en un museo, entonces es una obra de arte.
La Esencia del Arte: ¿Originalidad vs. Concepto?
Aquí surge la gran pregunta: ¿La obra de arte era el primer tiburón que se descompuso, o el artista tiene la potestad de decir «lo cambio, y si se ha estropeado, pongo otro y esa es la obra de arte»? La persona que compró el tiburón original ya no posee aquel ejemplar; ahora le han endosado otro.
Además, un factor crucial que encarece una obra de arte es precisamente su escasez. Un cuadro de Van Gogh, por ejemplo, vale una fortuna porque hay muy pocos; Van Gogh murió y pintó lo que pintó. Uno esperaría que Hirst no hiciera más tiburones, pero no fue así. Vendió los tres tiburones adicionales y hasta el cuarto que el pescador le había regalado fue expuesto en una galería en México, ¡vendido incluso antes de la inauguración!
Damián Hirst: ¿Artista o Empresario?
No contento con su éxito con los tiburones, Hirst continuó introduciendo animales en formol, exponiéndolos y vendiéndolos por doquier a precio de oro. De hecho, si buscas su nombre en Google, a menudo aparece catalogado más como un empresario que como un artista.
La propia filosofía de Hirst sobre el dinero y el arte es reveladora:
«Creo que el dinero es una llave importante y yo uso cualquier cosa para llamar la atención de las personas, y el dinero también hace eso.»
Y con esta reflexión, cerramos nuestra tapa de hoy. ¡Una tapa para la mesa uno, marchando!








