Salvador Dalí: El Verdadero Rostro de un «Genio» Cruel y Narcisista
Hola, soy Antonio García Villarán. Si te gusta Salvador Dalí, quizás sea porque desconoces la verdad sobre él. No se trata solo de un artista excéntrico, sino de una figura marcada por la crueldad y un narcisismo en el peor de los sentidos. Estoy harto de presenciar lamentables performances basadas en sus ideas estúpidas, financiadas por ricachones sin el menor gusto artístico. Lo que a este «españolito» le gustaba era el circo, y su mera presencia ya era un espectáculo. Pero permítanme decirles que a mí, en absoluto, me hace gracia.
Dalí se sentía orgulloso de su gusto por la necrofilia, la crueldad con animales y personas, su amor por el fascismo y su codicia. Y sí, si te preguntas qué es la necrofilia, la historia que viene a continuación te lo dejará más que claro.
Dalí: Necrofilia, Fascismo y Crueldad Explícita
Dalí expresó abiertamente su simpatía por Hitler durante toda su vida. Y no, no vale la excusa de que «era surrealista». ¿De qué surrealismo hablamos cuando Dalí fue el artista protegido del régimen de Franco? Como ya he abordado en otros vídeos de mi canal, Dalí fue el segundo personaje con más «nodos» después de Francisco Franco, un ejemplo que, para él, todos los españoles debíamos imitar. De hecho, Salvador Dalí llegó a declarar que Franco era «el héroe más grande de España».
La Sombra de Franco y la Misión de España
En una entrevista en Estados Unidos, Dalí tuvo la desfachatez de afirmar que la misión de España era «salvar al mundo del pecado y de la indecencia moral», y que al país le esperaba «una gran misión religiosa» que debía cumplir con las demás «regiones hispánicas». Es decir, alguien tan amoral como él, o se estaba riendo de todo el mundo, o era profundamente malvado. No digo que estuviera loco; era, sencillamente, malvado, malvado de verdad.
Maltrato y Degradación: Testimonios que Hielan la Sangre
El Incidente del Ganso y la Señora Rius
Podrás encontrar en las redes numerosas entrevistas a la señora Rius, una prostituta del régimen que relató una de las acciones del «Divino» (como le gustaba a Dalí que le llamasen). En una ocasión, Dalí acudió a un prostíbulo. La señora Rius, una mujer alta, rubia, de aspecto «sueco», fue testigo de cómo Dalí mandó llamar a varias mujeres suecas, a quienes pagó una considerable suma. En la habitación del hotel, trajeron un ganso.
Lo que sucedió a continuación es difícil de digerir: en el cuarto de baño, las mujeres suecas, bajo las órdenes de Dalí, cortaron el cuello al ganso. Después, Dalí se bajó los pantalones y, según la señora Rius, «acercó su colita al culo del ganso». Esto no es solo necrofilia; es aún peor, es matar a un animal para satisfacer un acto aberrante.
Quemar Nalgas y la Farsa de la «Performance»
Otra de sus atrocidades contra las mujeres, a quienes realmente odiaba, era freír huevos y, recién hechos, colocárselos en las nalgas, quemándoles la piel. Dalí justificaba estas acciones como «performances», alegando que estaban en manuales de arte. ¿»Performance» de qué? Esto es maltrato y dejación. Muchos dirán que eran mayores de edad y consintieron por dinero, pero ¿acaso no sabemos que la necesidad económica puede llevar a las personas a hacer cosas que nunca harían, dejándoles secuelas psicológicas?
Este tipo de abuso era tristemente común en la época franquista entre los «señoritos» terratenientes, que vejaban a sus sirvientes y, especialmente, a sus sirvientas. Dalí intentaba disfrazar todo esto como un «método paranoico-crítico», una invención que supuestamente otorgaba «la máxima capacidad del conocimiento humano relativamente a las estructuras blandas». Una excusa barata para justificar sus tonterías. Dalí no estaba loco; era simplemente un malvado sin escrúpulos.
Obsesiones Sexuales y Abuso de Poder
Las pruebas de su depravación se encuentran en numerosos testimonios. El fotógrafo Robert Whittaker, por ejemplo, relató haber presenciado cómo Dalí invitaba a chicas jóvenes y guapas a su estudio, les pedía que se desnudaran y luego se masturbaba detrás del caballete, sin su consentimiento. Un obseso, y uno muy peligroso.
Lluís Durán, dueño de un restaurante en Figueras que Dalí frecuentaba, recordaba excentricidades como pedir agua mineral para la barra o fruta y desperdiciarla. Pero también contó episodios mucho más oscuros. En una ocasión, Dalí le pidió que lo acompañara a un prostíbulo, «La Torre Vasca», un lugar con «chicas de moral distraída». Durán se negó, pero un amigo suyo sí lo hizo. Este amigo relató la vergüenza que sintió al ver cómo Dalí ordenaba a varias chicas desnudarse, las golpeaba con un bastón en el trasero, y él se masturbaba mientras tanto.
Otra anécdota, con el intelectual Josep Pla, narra cómo Dalí, acompañado de una «ginesta» (como llamaba a sus chicas de compañía), le colgaba cerezas en la oreja y, mientras Pla hablaba, Dalí solo se refería al trasero de la chica. Cansado, Pla le espetó: «¡Déjate de tonterías, que todo el mundo sabe que eres impotente!». Dalí, sin inmutarse, le respondió: «¡No te cabrees, que aquí todo el mundo sabe que eres el rey!». Dalí vejaba no solo a las prostitutas, sino también a sus amigos. Tenía las entrañas podridas.
Violencia, Pederastia y la «Obra» de un Monstruo
Las Confesiones de un Agresor
El propio Dalí relató en su autobiografía actos de violencia, como empujar a un niño de un puente o patear a su hermana en la cabeza, creyendo que era un balón, casi dejándola en el sitio.
El galerista colombiano Carlos Lozano, en su libro Sexo, surrealismo, Dalí y yo, describe las aventuras con Gala y Dalí sin tapujos. Lozano afirma que Dalí era el «gran masturbador», como el cuadro que pintó, pero impulsado por un «deseo decididamente pederasta». Le atraían jovencitos inexpertos, andróginos y, explícitamente, transexuales. Le gustaban los «bizarros», los «raros», pero no para admirarlos, sino para sus propias perversiones. Carlos Lozano mismo se encargaba de reclutar a estos jóvenes para llevarlos a la casa de Dalí, donde Gala se acostaba con ellos mientras Dalí se masturbaba o se quedaba observando.
Dalí también gustaba de «mancillar» a las vírgenes. Las buscaba y hacía que otros las sodomizaran mientras él se masturbaba, y con su propio semen se hacía la señal de la cruz, demostrando una hipócrita «devoción» católica. Sus propias palabras confirman su naturaleza: «Nunca hago el amor con nadie que no sea Madame Dalí. Evito siempre los contactos. Un poco de voyerismo acompañado de masturbación me es suficiente con eso. Ya disfruto y de sobra.»
«Happenings» y Crímenes: ¿Arte o Crueldad?
Cuando le preguntaron por sus «performances» o «happenings», Dalí respondió: «Yo he sido el primero en organizar happenings en París antes de la guerra. Contraté a una vieja mujer y la afeité la cabeza. Luego le puse un traje de matador y una tortilla a las finas hierbas sobre su cabeza. La tortilla resbalaba por su cabeza y yo ponía otra y otra. Al final había 30 tortillas a los pies de la vieja». ¿Esto es arte? No llega ni a serlo. Es el capricho de un millonario para reírse de los demás, probablemente de alguien que aceptaba por necesidad.
Otra atrocidad fue usar una tortuga viva para firmar ejemplares de su último libro en el caparazón del animal. Además, cometía delitos, firmando numerosos papeles en blanco que luego se vendían con obras falsas. Sus firmas, especialmente las que formaban una cruz perfecta, eran mucho más caras.
Algunos dirán: «Antonio, hablas de Dalí pero no de su obra». ¡Pero si de esto es de lo que he estado hablando todo el tiempo! Dalí creía que estas acciones, sus «happenings», sus «performances», eran su obra, lo que iba a dejar para el futuro, para que lo juzgáramos y tuviéramos una opinión sobre ello. Ni su genio en la pintura, ni en el grabado, la acuarela, las joyas o la litografía pueden excusar tal comportamiento.
Conclusión: ¿Un Genio Impuesto?
Lo que más me indigna es que muchos artistas pop, drag queens y otros, digan «me encanta la obra de Dalí». Si lo dices, es hora de que te lo hagas mirar. Porque si él y Franco vivieran hoy, probablemente ni tú ni yo estaríamos aquí. Posiblemente te maltrataría, y si tuvieras un animal, lo compraría para cortarle la cabeza y hacerle quién sabe qué. Así que, a mí Dalí no me gusta, lo odio. Su obra tampoco me parece tan interesante, la verdad. Dalí es un artista que, al igual que Miró y muchos otros, nos ha sido impuesto socialmente. ¡Ya estoy harto, se acabó Dalí, fuera!
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(Se escucha a Dalí en una entrevista): «¿Dalí tiene importancia verdaderamente? No respondo a eso porque no hay nadie en el mundo que no reconozca que tengo una tremenda importancia, Maestro. Es la primera vez que usted habla en primera persona de usted, siempre dice Dalí como si fuera otro. No, pero cuando se trata de la importancia, pues me permito ciertas alterar un poco la dialéctica.»








