Por qué los concursos de pintura me decepcionaron: Dos historias reales de intereses y favoritismo
Hola, soy Antonio García Villarán, y en este artículo quiero hablarte de una realidad que me ha llevado a un profundo desencanto, incluso a un cierto «odio», hacia la gran mayoría de los concursos de pintura. No me presento a ellos desde hace mucho tiempo, y hoy te voy a contar por qué. No se trata de todos los concursos, siempre hay excepciones, pero lo que hay detrás de muchos de ellos, lo que he vivido, es algo que quiero compartir para que no te deprimas si alguna vez tu obra no es seleccionada o premiada.
Porque, y esto es crucial que lo sepas, en el mundo de los concursos de arte, más allá de la calidad de tu obra, existen muchísimos intereses creados, un enorme favoritismo y una red de favores que a menudo desvirtúa el mérito. Al final, los premios suelen ir a parar a los de siempre.
A lo largo de mi vida, me he presentado a muchísimos concursos, pero hubo dos experiencias nefastas que realmente hicieron «clic» en mi cabeza y me llevaron a la decisión de no presentarme más. Decidí que quería dedicarme a hacer mi propia obra, no trabajar para unos pocos que me dijeran qué pintar para acabar en una sala, vista un día y olvidada. En definitiva, no quería trabajar gratis y perder mi tiempo.
Aquí tienes el vídeo donde expongo estas reflexiones y experiencias:
Primera experiencia: El premio «necesario»
La primera historia ocurrió cuando yo estaba en quinto de Bellas Artes. Siempre había tenido de las mejores notas en pintura y me presenté a un concurso prestigioso de mi ciudad. Ya me había presentado durante años, a veces me seleccionaban, a veces no. Pero esta vez fue diferente. Una persona del jurado, que me conocía bien, me contó lo que realmente pasó cuando se emitió el «fallo del jurado» (un nombre muy bien elegido, ¿verdad?).
Ese año, mi obra quedó finalista junto con otra. Ganó la otra, un paisaje. Yo pensé: «Bueno, ya me presentaré al año siguiente». Pero la persona del jurado me llamó a su despacho y me dijo: «Mira, Antonio, tengo que contarte esto porque quiero ser honesto contigo y no quiero que te deprimas. Realmente, tu obra era la que tenía que haber ganado».
Me quedé alucinado. «¿Cómo que mi obra tenía que haber ganado?». Me enseñó la lista de votaciones del jurado, y efectivamente, los dos cuadros tenían prácticamente los mismos puntos. Pero lo que me confesó a continuación me dejó sin palabras: «Prácticamente el premio te lo iban a dar a ti, pero el otro cuadro que optaba al premio era de una chica que ese año se iba a casar y necesitaba el dinero».
¿Te imaginas mi cara? Por lo visto, conocían a la chica, a su familia, y como necesitaba seis mil euros para su boda, el premio se lo dieron a ella. El valor que puso su cuadro por encima del mío no fue la calidad pictórica, sino su situación personal. Aquello no tenía nombre.
Segunda experiencia: Una mención de honor y una venta fallida
A pesar de esa decepción, seguí presentándome a concursos. En Sevilla se creó uno nuevo y pensé: «Al ser nuevo, el jurado será objetivo». Presenté un cuadro y no solo quedó finalista, sino que me otorgaron una mención de honor.
¿Qué es una mención de honor? Es como un premio de consolación, una palmada en la espalda para decirte: «Tu cuadro era bueno, se merecía el premio, pero no te lo hemos podido dar por circunstancias». Evidentemente, con la mención de honor no me dieron absolutamente nada; me quedé con el cuadro y ya está.
Pero al final, todo se sabe. Se filtró en la universidad la verdad del asunto. La institución que montó el concurso quería comprar un cuadro a un profesor de la universidad. Para no hacerlo directamente, montaron un concurso. Cuando se presentaron las obras, ¡le dieron el premio al profesor! Esto ya olía mal; ¿un profesor de universidad presentándose a un concurso y ganándolo?
La información se filtró y se confirmó que era cierto. Ese concurso no se volvió a hacer. A mí me dieron mi placa con la mención de honor y pareció que todo se olvidó. Pero al año siguiente, recibí una llamada de esa institución. ¡Querían comprarme el cuadro que había obtenido la mención de honor! Les parecía bueno y querían adquirirlo.
Me preguntaron cuánto valía el cuadro, y yo les dije que valía el mismo dinero del premio que ellos mismos habían otorgado, porque con la mención de honor habían validado su valor. ¿Qué crees que pasó? No me lo compraron. No bajé el precio, por orgullo. Si no me habían dado el premio en su momento por sus tejemanejes, al menos debían pagar el precio justo. Es una contradicción total. Así que me quedé con mi cuadro.
Conclusiones: La «mafia» de los concursos y tu papel
Después de esto y muchas otras cosas, he llegado a una conclusión: presentarse a un concurso sirve, como mucho, para ponerte un reto personal. Es decir, te presentas porque aceptas las bases y quieres ver si puedes crear una obra con lo que te piden. Como ejercicio, está bien.
Pero intentar ganar el concurso es otra cosa. Hay mucha gente, de verdad, puedes comprobarlo: casi siempre ganan los mismos. Son «profesionales de los concursos». Se preparan las obras mirando la estética que se exige para ganar, y en muchísimas ocasiones, conocen a los miembros del jurado. Antes de presentarse, se aseguran de que les van a dar el premio o, al menos, les van a comprar el cuadro. Y si no es este año, será el siguiente.
Esto no lo digo yo como un «iluminado»; esto lo dice todo el mundo. La gran mayoría de los concursos de arte son una mafia. Se dice por detrás, pero pocos se atreven a decirlo por delante.
¿Quiénes son los culpables de que esta mafia siga adelante? Tú, que te presentas a los concursos. Si nadie se presentara, esto se terminaría. Así que, si te presentas a un concurso, espero que no te quejes, porque serás cómplice de esa mafia.
Con esto no estoy en contra de los concursos en sí. He sido jurado de concursos y no estoy cerrado a volver a serlo, pero deben ser concursos limpios. Más de una vez me he tenido que retirar de un jurado al ver irregularidades. Es muy complicado organizar un concurso que sea transparente.
Y que no se te olvide: un concurso no es más que la opinión de cuatro o cinco personas. El cuadro ganador de un concurso no es el mejor cuadro del mundo, ni el mejor del año. Es el cuadro que a ese grupo de personas les ha parecido el mejor de entre los presentados. No significa que tú seas un gran artista, ni que estés por encima de los demás, ni mucho menos. Y esto, sin contar los intereses que hay detrás, que harán que den el premio a uno y no a otro.
Tu opinión cuenta
Con este vídeo y artículo, simplemente quiero abrir el debate sobre los concursos de pintura. Quiero que me dejes tu opinión aquí abajo. Cuéntame si te ha pasado algo raro en un concurso, o si has tenido alguna experiencia buena, que seguro que también las hay.
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