Marina Abramović: ¿Genio del Performance o Maestra del Engaño?
En el fascinante y a menudo controvertido mundo del arte contemporáneo, las apariencias pueden ser engañosas. Hoy nos adentraremos en la figura de Marina Abramović, la aclamada «abuela de la performance», cuya obra ha cautivado y polarizado al público por igual. ¿Estamos ante una artista que empuja los límites de la espiritualidad y la expresión, o es su carrera un montaje cuidadosamente orquestado donde la autenticidad es solo una ilusión?
Acompáñanos en este análisis crítico mientras desgranamos algunos de los momentos más icónicos y polémicos de su trayectoria, cuestionando la verdadera esencia detrás de su arte y las revelaciones que han sacudido su imagen pública.
El Reencuentro de MoMA: ¿Amor Genuino o Acto Preparado?
En 2010, Marina Abramović protagonizó una de las performances más virales y comentadas de la década: «The Artist Is Present» en el MoMA de Nueva York. Durante tres meses, la artista se sentó en silencio en una silla, invitando a cualquier visitante a sentarse frente a ella y compartir una mirada. El momento álgido, que conmovió al mundo entero, ocurrió el primer día de la performance. Un hombre delgado apareció, se sentó frente a ella, y ambos, sin mediar palabra, comenzaron a emocionarse, a tomarse de las manos e incluso a llorar.
Este hombre era Ulay, la expareja de Abramović y su colaborador artístico durante más de una década, con quien realizó performances por todo el mundo. La emoción era palpable; un reencuentro que parecía trascender el tiempo y las promesas. Su última obra conjunta, una épica caminata de casi tres meses por la Gran Muralla China, culminó en un abrazo y la promesa de no volverse a ver jamás. Por ello, verlos reunidos en 2010, compartiendo un momento tan íntimo y cargado de historia, tocó el corazón de millones.
Sin embargo, lo que parecía un acto de amor puro y una conexión artística inquebrantable, pronto se vería teñido por una sombra de duda. ¿Era realmente tan espontáneo como parecía?
La Demanda por Incumplimiento de Contrato: La Verdad Detrás del Espectáculo
La autenticidad del reencuentro de MoMA fue severamente cuestionada en 2016, cuando salió a la luz una noticia impactante: Marina Abramović fue condenada a pagar 250.000 euros a Ulay por incumplimiento de contrato, más 23.000 euros en gastos legales. Resulta que en 1999, once años antes de «The Artist Is Present», Abramović y Ulay habían firmado un contrato. Esto plantea la pregunta: si había un contrato, ¿se habían visto antes? ¿Cómo firmaron ese contrato sin haberse reencontrado?
Ulay llevó a Abramović a juicio por derechos de autor, argumentando que ella estaba obteniendo grandes beneficios de sus obras conjuntas de los años 70 y 80 sin la debida compensación. Ante el éxito global de Abramović, Ulay reclamó lo que consideraba suyo. Finalmente, la justicia falló a su favor. Este revelador giro de los acontecimientos nos obliga a reconsiderar «The Artist Is Present» desde una nueva perspectiva. ¿Era todo una puesta en escena con implicaciones legales y económicas subyacentes?
Como parte de la resolución judicial, las obras que crearon juntos entre 1976 y 1980 debían ser firmadas como «Ulay Abramović», y las realizadas entre 1981 y 1988 como «Abramović Ulay». Este detalle subraya la importancia de la coautoría y la planeación detrás de lo que muchos percibían como arte espontáneo y desinteresado.
Aunque en 2017 se habló de una reconciliación de la pareja, las noticias apuntaban a que fue «por dinero y amor a su arte», y ahora se dedican a dar conferencias sobre sus «maravillosos años hippies». Sin embargo, para algunos críticos, estas revelaciones merman la credibilidad de la artista.
La Esencia Perdida: Crítica a la Obra de Marina Abramović
Para muchos, la obra de Marina Abramović ha experimentado una decadencia en su esencia a lo largo del tiempo. La exposición del MoMA, que incluyó recreaciones de sus performances históricas por otros artistas (jóvenes becarios o contratados), resultó chirriante. Obras como «Imponderabilia», donde Abramović y Ulay se colocaban desnudos en el umbral de una galería, obligando al público a rozarse con ellos, perdieron su sentido en la recreación.
En el MoMA, la puerta era más ancha, eliminando el contacto físico y, con ello, la reflexión sobre el espacio vital y la intimidad que la obra original pretendía generar. Este tipo de «re-performances» se percibieron como un espectáculo más que una profundización artística, desvirtuando por completo el mensaje original.
Abramović ha llegado a perder, según algunos, «mucha esencia y ganado mucho botox». Su propio manifiesto de artista, donde proclama que «un artista no debe mentirse a sí mismo ni a otros» y «no debe robar ideas a otro artista», contrasta irónicamente con su trayectoria. ¿Acaso no ha habido casos donde sus ideas parecen beber de fuentes ajenas, como la Piedad de Miguel Ángel o esculturas minoicas del 1600 a.C.? ¿Y no fue la demanda de Ulay un conflicto sobre la «apropiación» económica de sus trabajos compartidos?
El Cuerpo al Límite: Abramović vs. los Sadhu
Gran parte del valor de las performances de Abramović radica en llevar el cuerpo al límite en busca de la espiritualidad. Ella misma ha realizado obras de automutilación o performances que duran horas, donde el público puede incluso causarle daño.
Sin embargo, si comparamos estas prácticas con las de los Sadhu de la India, las diferencias son abismales. Los Sadhu, monjes ascetas, dedican su vida a dominar el cuerpo y la mente para alcanzar la espiritualidad. Hay quienes mantienen un brazo en alto toda su vida, quienes nunca más vuelven a tumbarse, o quienes entierran su cabeza en la arena durante horas. Sus actos son una devoción extrema que va más allá de la performance artística occidental.
Mientras los Sadhu viven de la limosna, renunciando a lo material, Abramović, a pesar de hablar de «espiritualidad», opera con un «caché» elevado en el mercado del arte. Esta dicotomía hace cuestionar la profundidad de su espiritualidad en un contexto tan comercial.
Obras Memorables y Obras Cuestionables
No toda la obra de Abramović es igual de impactante o relevante. Algunas performances, como la de pasar un cuchillo entre los dedos («Knife Game»), pueden parecer meros lugares comunes, actos que cualquiera ha podido realizar de niño o ver en el cine.
Pero otras, como «Rhythm 0» (1974), son indiscutiblemente poderosas. En esta obra, durante seis horas, Abramović se dejó a merced del público, con 72 objetos sobre una mesa, incluyendo una pistola cargada y cuchillas. La gente, inicialmente tímida, terminó por hacerle daño, y un espectador incluso le apuntó con la pistola, teniendo que ser desarmado por otro. Esta obra, que puso su vida en riesgo y generó un profundo debate sobre la naturaleza humana y la violencia, es un claro ejemplo de arte con mayúsculas, un tipo de acción teatral que sigue siendo memorable.
Otras performances con Ulay, como «AAA-AAA» (gritándose mutuamente) o «Relation in Time» (atados por el pelo durante 16 horas), aunque estéticamente potentes, también pueden generar discusión sobre su trascendencia. Sin embargo, obras como «Rest Energy», donde ambos sostenían un arco con una flecha apuntando al corazón de Abramović, con micrófonos grabando sus latidos en tensión, son indudablemente impactantes y logran su objetivo de poner al espectador al límite.
La Docencia y la Imagen Pública: El MaCI y el Show Business
Marina Abramović también ha incursionado en la docencia, fundando el MaCI (Marina Abramović Institute), por el que han pasado figuras notables como Lady Gaga. Sin embargo, su evolución hacia el «show business» y la explotación de su imagen es palpable. Sus espectaculares fotografías con serpientes, que ella misma califica de obras de arte, a menudo carecen de la profundidad de sus piezas anteriores. La anécdota de que las serpientes llevaban «dos semanas sin comer» para posar cuestiona la ética y la autenticidad detrás de estas imágenes, sugiriendo una superficialidad que dista mucho de su búsqueda inicial de la «pureza» artística.
Parece que Abramović no ha sabido adaptarse a los tiempos con la misma autenticidad de otros artistas que, por ejemplo, utilizan plataformas como YouTube para su performance. Ella se ha decantado más por vivir de su imagen, un camino que, para algunos, la ha llevado a una decadencia artística.
En mi opinión, la obra de Marina Abramović ha tenido momentos de genialidad indudable, con piezas que han desafiado y provocado un debate profundo. Me sigue interesando, especialmente su trabajo temprano. Pero la evolución de su carrera, marcada por controversias legales y una creciente comercialización, plantea serias preguntas sobre la autenticidad y la integridad de la «abuela de la performance». Quizás, como en las buenas obras de teatro, ha habido un giro inesperado que nos obliga a mirar con otros ojos.
Si te ha gustado este análisis crítico, te invito a visitar mi web www.antoniogarciavillaran.es para descubrir más artículos sobre arte contemporáneo. No olvides suscribirte a mi canal de YouTube para no perderte futuros vídeos y análisis. ¡Nos vemos muy pronto!








