La Polémica de las Pestañas de la Virgen: ¿Profesionalismo vía WhatsApp?
Una declaración reciente ha sacudido el mundo del arte sacro y ha puesto en el punto de mira los métodos de trabajo en comisiones artísticas. Tras una semana de silencio, los artistas encargados de una reciente intervención en la imagen de una Virgen, conocidos como «los arquillos», han roto su silencio para ofrecer su versión de los hechos. Su testimonio no ha dejado a nadie indiferente, planteando serias dudas sobre el profesionalismo en este tipo de encargos.
La Versión de «Los Arquillos»: Una Petición Específica
Según los propios artistas, la responsabilidad de la polémica recae en la hermandad, que les habría solicitado expresamente replicar las pestañas que la imagen de la Virgen presentaba en el año 1978. Esta afirmación busca desviar la crítica inicial sobre el resultado final de la intervención artística.
El Inesperado Método: Una Foto Pixelada por WhatsApp
Lo que ha generado mayor controversia y ha desatado un debate encendido es el método empleado para transmitir esta petición y ejecutarla. Según «los arquillos», los miembros de la junta de la hermandad les enviaron, nada menos que por WhatsApp, una fotografía de la Virgen de 1978 con las pestañas deseadas. Los artistas afirman haber recibido esta «referencia» y, basándose en una imagen pixelada por la aplicación de mensajería, procedieron a realizar el trabajo.
Esta metodología ha sido recibida con incredulidad y un fuerte cuestionamiento por parte del experto Antonio García Villarán, quien en su análisis (disponible en su canal de YouTube) critica abiertamente la falta de rigor:
¿Profesionalismo en Entredicho?
La pregunta que surge inevitablemente es: ¿es este un procedimiento profesional para una obra de arte sacro de tal envergadura? Utilizar una imagen de baja resolución, enviada a través de una aplicación de mensajería instantánea, como única referencia para un trabajo artístico que requiere precisión y detalle, pone seriamente en entredicho los estándares de calidad y la seriedad en la comunicación entre comitente y artista.
Este incidente no solo abre un debate sobre la responsabilidad en los encargos artísticos, sino que también nos invita a reflexionar sobre la importancia de establecer protocolos claros y utilizar herramientas adecuadas para garantizar la excelencia en el resultado, especialmente cuando se trata de patrimonio y arte de valor cultural y devocional.








