¿Fue Picasso un Niño Prodigio de la Pintura? Desvelando la Verdad detrás del Mito
¿Fue Pablo Ruiz Picasso, el icónico pintor del siglo XX, un niño prodigio dotado de habilidades mágicas desde los cuatro años, como se ha llegado a decir de otros maestros como Velázquez? La verdad, a menudo, es más compleja y fascinante que la leyenda.
Tras una profunda inmersión en la obra de juventud de Picasso, incluyendo sus estudios en la escuela de Bellas Artes, se revela una historia diferente.
La Influencia de su Entorno Familiar
Pablo Ruiz Picasso, primogénito de una familia con dos hermanas, creció en un ambiente privilegiado. Su padre, José Ruiz Blasco, no solo era pintor y profesor de arte, sino también conservador del museo municipal de Málaga. Esta circunstancia le otorgó a Picasso una ventaja considerable. Provenía de una familia acomodada, rodeado de arte en el estudio de su padre, y con amigos que formaban parte del «mundillo» artístico. Todo esto, indudablemente, influyó en su desarrollo.
Como curiosidad, Picasso era Escorpio. Algunos atribuyen a este signo dotes para el razonamiento, fuerza de voluntad, aunque también impulsividad o desconfianza. ¿Reflejaba esto su carácter desde niño?
Los Primeros Trazos: ¿Genio Precoz o Aprendiz Esforzado?
La narrativa popular a menudo sugiere que Picasso dibujaba y pintaba con apenas tres o cuatro años. Sin embargo, diversas biografías indican que sus primeras obras se datan entre los siete y ocho años. Se cuenta que ya en la Plaza de la Merced realizaba dibujos en la arena, y que a los ocho años pintó el conocido cuadro de El picador amarillo, del cual nunca se desprendió. Este óleo, si bien significativo, no es una obra «espectacular» para la edad, y su calidad es propia de un niño con talento y formación.
A los diez años, la familia se trasladó a Barcelona debido a problemas económicos del padre, quien consiguió un puesto de profesor en la Escuela de Bellas Artes de la ciudad. Su padre le enseñó el estilo predominante de la época: escenas costumbristas y pintura academicista. Picasso, con trece años, ya mostraba una gran inquietud artística, creando revistas autoeditadas como La Coruña Azul y Blanco y Torre de Hércules, donde escribía y dibujaba caricaturas. Se dice que tuvo su primera exposición a esa edad, aunque fue en una tienda de muebles. Hasta este punto, su vida artística era la de un niño con grandes oportunidades y el apoyo incondicional de su padre, quien incluso le alquiló un estudio para que tuviera independencia creativa.
El Mito del Examen de Acceso a La Lonja
El origen del mito de Picasso como niño prodigio a menudo se relaciona con su ingreso en La Lonja, la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, donde su padre era profesor. Para acceder, se realizaban pruebas que incluían copiar una lámina, dibujar una estatua y un modelo en vivo. Picasso llegó a afirmar que completó todos los ejercicios en un solo día, un mes antes del plazo.
Este hecho, aunque impresionante, no es necesariamente una prueba de genialidad inaudita. Artistas con formación previa, como los que estudiaban en academias (por ejemplo, en la academa crea13 o en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla), a menudo podían realizar estos ejercicios en poco tiempo, dada su práctica constante. Las obras de Picasso de aquella época, aunque excelentes en dibujo, proporción, claroscuro y color, eran típicas de los ejercicios académicos de la época. No eran algo que ningún otro estudiante con su preparación y dedicación no pudiera lograr.
Otra leyenda común es que su padre, al ver la maestría de su hijo, decidió dejar de pintar. Es más probable que el padre, por diversas razones personales o de motivación, simplemente dejara los pinceles.
Madrid, El Prado y el Refuerzo Positivo
Picasso continuó sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de Madrid, aunque su asistencia a clase no fue muy constante. Lo que sí hizo, y fue crucial para su formación, fue inscribirse como copista en el Museo del Prado. Allí, rodeado de obras de maestros como Zurbarán, Velázquez, Goya y El Greco, se empapó de la historia del arte y realizó copias de gran calidad.
El refuerzo positivo de su familia jugó un papel fundamental. François Gilot, en su libro sobre Picasso, relata una anécdota donde el artista confiesa las palabras de su madre: «Si llegas a ser soldado, serás general; si cuando seas mayor eres monje, llegarás a ser Papa. Pero en lugar de todo eso fui pintor y terminé siendo Picasso». Esta frase revela la ambición y el apoyo que recibió, y que probablemente cimentó su confianza en sí mismo.
Ciencia y Caridad: Una Obra Maestra de Juventud
Una de las obras más destacadas de su juventud es Ciencia y Caridad, pintada a los quince años. Este cuadro de gran formato, que presentó para ingresar en la facultad de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, es una representación conmovedora del paso entre la vida y la muerte. Vemos a un médico (simbolizando la ciencia) sosteniendo la mano de una moribunda, mientras una monja joven (simbolizando la religión) sostiene a un niño, una alegoría de la vida que continúa.
Los modelos para esta obra fueron su propio padre (como el médico), un amigo (la monja), y una mendiga con su hijo del barrio (la moribunda y el niño), a quienes Picasso pagó diez pesetas por posar. La pintura muestra una factura académica impecable, con tonos terrosos y una composición equilibrada. Los bocetos conservados revelan que Picasso exploró diversas composiciones, lo que demuestra un proceso de creación meditado y no una idea genial espontánea.
La Inspiración de Otros Maestros
Es importante destacar que Ciencia y Caridad no surgió de la nada. Los artistas, incluyendo a Picasso, se inspiran en otros. Es probable que esta obra tomara como referencia La visita de la madre al hospital de Enrique Paternina García Cid, pintada cinco años antes y exhibida en el Museo del Prado, un lugar que Picasso frecuentaba. Del mismo modo, el pintor sevillano Luis Jiménez Aranda creó un cuadro con una temática similar: Una sala de hospital durante la visita del médico jefe. Esto demuestra que Picasso no inventó un género, sino que se inscribió en una tradición, aportando su propia visión.
Reconocimiento y Primeras Críticas
Cuadros como La Primera Comunión y Ciencia y Caridad fueron magníficos ejemplos de su habilidad, con composiciones excelentes y equilibradas. Picasso pintaba lo que estaba «de moda»: el realismo social. Estas obras le valieron reconocimiento, como la mención honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid en 1897 y la medalla de oro en la exposición provincial de Málaga ese mismo año. Sus trabajos se exponían en concursos junto a figuras ya consagradas como Ramón Casas o Santiago Rusiñol.
Sin embargo, el éxito también vino acompañado de críticas. Es famosa la que recibió por la mano de la enferma en Ciencia y Caridad, que algunos compararon con un guante, inspirando incluso unos versos: «Siento ante tanto dolor reírme como un bergante, pero el caso, superior, pues no está el señor doctor tomándole el pulso a un guante.»
Conclusión: Más que un Prodigio, un Genio del Trabajo
Desde los doce hasta los catorce años, Picasso ya dominaba la pintura académica, creando obras como El viejo pescador, La muchacha, magníficos retratos familiares (su padre, su madre, su tía, el espectacular retrato de su tía) y autorretratos, además de cuadros de gran formato como La primera comunión o Ciencia y caridad. A los dieciséis o diecisiete años, realizó el Retrato de Felipe IV. Su técnica era pulida, el volumen estaba conseguido, la proporción era correcta, y sus estudios del natural con tonos terrosos eran impecables.
Picasso tuvo un aprendizaje académico temprano, pero no tan precoz como para ser considerado un «niño prodigio» que pintaba como Velázquez a los tres o cuatro años. Es muy probable que otros compañeros de la facultad de Bellas Artes en su época tuvieran un nivel similar.
Lo que realmente distinguió a Picasso fue una combinación de factores: la suerte de tener un padre pintor y una familia que lo apoyaba incondicionalmente, su asombrosa capacidad de absorción de todo lo que aprendía (el estilo costumbrista, el academicismo, las copias del Prado), y sobre todo, su trabajo incansable. Picasso fue un currante nato. Todos estos elementos, sumados a un talento innato, moldearon al artista que conocemos hoy. No fue un mago que pintaba por arte de magia, sino un genio forjado en el estudio y la dedicación constante.
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