Imagínate la escena: eres un pintor con décadas de experiencia. Un día, mientras paseas por la sala de un prestigioso museo, te encuentras frente a una obra que es prácticamente idéntica a una que creaste hace años. ¿Qué harías?
Soy Antonio García Villarán, y en este artículo vamos a desgranar un supuesto caso de plagio que ha sacudido el mundo del arte en Argentina, una polémica que ha levantado ampollas y ha puesto en evidencia las complejidades de la propiedad intelectual y la ética en el arte contemporáneo.
La chispa que encendió la polémica: Dragon Khaled
El protagonista de esta historia es el reconocido artista argentino Gustavo Siruelo Cabral, pintor e ilustrador con una larga trayectoria, especialmente conocido por sus dragones. En 2005, Siruelo creó una de sus obras, un dragón, que tituló «Dragon Khaled».
Años después, en una visita al MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), un museo argentino de gran relevancia, Siruelo se encontró con una pintura expuesta que era, para su asombro, casi una calca de su «Dragon Khaled». La reacción fue inmediata: se hizo una foto delante de la obra expuesta en el MALBA y la publicó en redes sociales con un comentario que desató un verdadero incendio:
Visitando el MALBA me encontré con una pintura expuesta que me resultó muy parecida a una pintura mía de 2005 llamada Dragon Khaled.
Y sí, como era de esperar, las redes ardieron. Esta situación, aparentemente inocente al principio, escaló rápidamente, involucrando a Carri Ben Cardino (la artista supuestamente plagiaria), al museo, al curador de la exposición, y a legiones de seguidores de ambos artistas. El debate no tardó en volverse un crisol de acusaciones, defensas y, lamentablemente, ataques personales.
La respuesta de Carri: entre la crítica y la victimización
La primera en reaccionar públicamente fue Carri Ben Cardino. Su respuesta en Instagram, lejos de aclarar o apaciguar, añadió más leña al fuego. En lugar de abordar la similitud evidente entre las obras, Carri optó por un camino confrontativo y defensivo, cargando contra aquellos que la criticaban. Utilizó expresiones como «vírgenes que me doctsen», lo que, según mi punto de vista, solo sirvió para echar más leña al fuego y desviar el foco del debate artístico hacia la polarización.
Carri también argumentó que su obra buscaba romper con la idea del «artista genio» y la «figura de rigor» legitimada por el arte tradicional. Sin embargo, como bien se señala, ella misma trabaja con pintura al óleo y dibujo, prácticas que se enmarcan en una tradición artística. Esta contradicción en su discurso puso de manifiesto una posible falta de coherencia en su defensa.
Un aspecto que generó aún más controversia fue el recurso de Carri a su identidad como persona trans no binaria, sugiriendo que las críticas se debían a ello. Es crucial condenar cualquier ataque personal basado en la identidad, género o aspecto físico de una persona. Es una toxicidad que no debería tener cabida en ningún debate. Sin embargo, utilizar este argumento para invalidar una crítica artística legítima sobre la originalidad de una obra es un camino peligroso, que desvía la atención del verdadero problema: la posible falta de atribución.
¿Un «cover» sin mención?
El punto central de la polémica es la ausencia de cualquier mención a Siruelo Cabral como fuente de inspiración. Ni en la obra de Carri, ni en la cartela del museo, ni en los textos del curador se hacía referencia a «Dragon Khaled» de 2005. Esta omisión fue la que desató la indignación de Siruelo y de muchos en el ámbito artístico. Cuando, bajo la presión mediática, Carri finalmente se pronunció, afirmó que su obra era un «cover» en homenaje a Siruelo, de quien era admiradora desde los 15 años. Sin embargo, ¿puede considerarse un «cover» si no se nombra al artista original en ningún momento, especialmente en un contexto expositivo tan relevante como el MALBA?
Si la intención era un homenaje, lo lógico y ético habría sido contactar a Siruelo de antemano, pedir permiso y, sobre todo, atribuir claramente la fuente en todos los materiales de la exposición. Es difícil imaginar que Siruelo se hubiera negado a un homenaje con la debida atribución. De hecho, lo más probable es que se hubiera sentido halagado y hubiera apoyado la iniciativa.
El rol del MALBA y del curador
En este entramado de acusaciones y defensas, el MALBA y el curador de la exposición, Gutiérrez, también tienen una cuota de responsabilidad. Ante la escalada de la polémica, el museo emitió un comunicado en el que defendía la práctica de la apropiación en el arte contemporáneo, citando a referentes como Duchamp.
Si bien es cierto que la apropiación es una práctica común y legítima en el arte contemporáneo, el museo no abordó la cuestión clave: la falta de atribución. La apropiación, para ser ética y legal, requiere siempre la mención de la fuente. No se trata solo de «tomar obras, transformarlas y reinterpretarlas», sino de hacerlo con transparencia y respeto por los derechos de autor.
El curador, por su parte, tiene la función de conocer los procesos creativos, las conexiones entre obras, y de redactar los textos que definen la exposición, precisamente para evitar este tipo de situaciones. Su omisión en este caso es un error grave que contribuyó a la controversia.
Errores de todas las partes involucradas
Analizando la situación, podemos identificar errores significativos en todos los frentes:
- Siruelo Cabral: ¿Hizo bien al postear la foto directamente en redes? Aunque su indignación es comprensible, algunos podrían argumentar que un primer contacto privado con Carri o el museo podría haber sido más constructivo para evitar la explosión pública.
- Carri Ben Cardino: Su respuesta inicial, desviando el foco hacia ataques personales y su identidad, fue un error estratégico. La falta de atribución original y su posterior justificación como «cover» sin haberlo mencionado previamente, son los puntos más críticos. Una disculpa y una rectificación temprana habrían mitigado gran parte del problema.
- El Curador: Falló en su labor de investigación y en la redacción de los textos, permitiendo que una obra sin la debida atribución fuera expuesta y no previendo las consecuencias.
- El MALBA: Como institución, es el responsable último de las obras expuestas. Su comunicado, aunque defendía una práctica artística válida, no abordó la falta de ética en la atribución. La falta de revisión y validación previas es inexcusable.
- Los Usuarios de Redes Sociales: La parte más dañina del debate fue la proliferación de comentarios agresivos, ataques personales y descalificaciones, tanto hacia Carri como hacia Siruelo. Estos ataques desvirtúan cualquier discusión seria y revelan una cultura de linchamiento digital que lamentablemente se ha vuelto común.
Apropiacionismo, Plagio y Reproducción: Clarificando los términos
Para entender mejor la complejidad de este caso, es fundamental diferenciar estos conceptos:
- Apropiacionismo: Es una práctica artística legítima donde el artista toma elementos del pasado o de otros artistas, los reinterpreta y reinventa, creando una nueva obra. La clave es que siempre cita la fuente original. Es un diálogo con la historia del arte, una recontextualización o una crítica.
- Plagio: Es copiar una obra de otro artista sin mencionar la fuente y presentándola como propia. Implica un robo intelectual, una vulneración de los derechos de autor y una falta de ética flagrante. El plagio es lo que se sospecha en el caso de Carri, por la ausencia de atribución.
- Reproducción: Es la copia literal de una obra existente, generalmente con ánimo de lucro (para venderla, imprimirla, etc.). Para hacer una reproducción, se necesita el permiso del titular de los derechos de autor de la obra original.
En el caso de Carri, la «defensa» del apropiacionismo se desmorona si no hay una reelaboración crítica o conceptual significativa que transforme el sentido original de la obra y, crucialmente, si no se menciona la fuente. Un «cover pictórico» que reproduce la imagen casi en su totalidad sin un nuevo significado claro ni una transformación evidente, y sin permiso ni atribución, difícilmente puede considerarse arte contemporáneo; más bien, como algunos lo llamarían, un «chorreo» o una copia sin permiso.
La vulnerabilidad de los artistas plásticos
La situación de los artistas plásticos en temas de propiedad intelectual es especialmente precaria. A diferencia de la música o la literatura, donde los plagios son más fácilmente detectables y litigables (recordemos el caso de Miley Cyrus y Bruno Mars con «Flowers» o la protección por fragmentos de texto), en la pintura y la escultura la legislación y la conciencia pública sobre los derechos de autor son a menudo insuficientes. No existe un sistema robusto que garantice a los artistas plásticos un porcentaje por la reventa de sus obras o por el uso de sus imágenes. Esta falta de protección facilita las apropiaciones no éticas y los plagios, dejando a los creadores en una posición de vulnerabilidad.
Desde mi web y mi canal de YouTube, he abordado diversos casos de plagio en el arte, como los de Jeff Koons o Jorge Oteiza, e incluso el controvertido tema de la inteligencia artificial y su relación con la originalidad. Es un tema recurrente y urgente para el sector.
La solución propuesta: ética y acuerdo
Fausto Majín Soler, de Crea13.com, ha articulado una perspectiva muy lúcida sobre este problema. Subraya que la situación va más allá de una polémica estética o conceptual, constituyendo una clara vulneración de derechos de autor y una falta de ética artística alarmante.
Desde el punto de vista jurídico, la obra original de Siruelo está protegida por la ley de propiedad intelectual argentina, que garantiza al autor el derecho exclusivo sobre su creación. Esta legislación cubre no solo la reproducción literal, sino también las formas de reproducción parcial, transformación o adaptación sin el consentimiento del autor. La defensa de Carri, apelando al apropiacionismo, no se sostiene si no hay una reelaboración crítica o conceptual que transforme el sentido original de la obra.
Además, el hecho de que esta imagen fuera expuesta en un contexto institucional como el MALBA agrava la situación, ya que institucionaliza y legitima una apropiación sin haber asegurado los mecanismos éticos ni legales de reconocimiento. El MALBA debe rectificar, y todas las partes deben reconocer sus errores.
Como artista y divulgador, mi deseo es que se llegue a una solución constructiva. Por ello, hago un llamado público a Gustavo Siruelo Cabral y a Carri Ben Cardino: os invito a poneros en contacto conmigo a través de mis redes sociales. Me gustaría ofreceros un espacio en mi canal para que podamos tener una charla abierta y civilizada, donde podáis expresar vuestras posturas y, juntos, encontrar una vía de solución.
Los artistas, a pesar de las diferencias, debemos apoyarnos y aprender a dialogar, a rectificar y a llegar a acuerdos. En lugar de alimentar polémicas destructivas, usemos estas plataformas para debatir, comprender y avanzar. ¿Qué opinas? Déjame tus comentarios y, si te ha gustado este contenido, no olvides suscribirte y compartirlo.








