Manuel Manilla: El Genio Olvidado que Inspiró a Posada y dio Vida a la Catrina
¿Sabías que la icónica Catrina, símbolo de la cultura mexicana, tuvo un precursor olvidado? Detrás de la maestría de Posada, se esconde la figura de Manuel Manilla, un grabador cuyo legado ha sido, hasta ahora, injustamente relegado. En este artículo, Antonio García Villarán te invita a descubrir quién fue realmente este artista fundamental, cuya obra no solo inspiró a generaciones, sino que capturó la esencia del espíritu popular mexicano.
Descubriendo a Manuel Manilla: ¿Un Artista Naíf o un Visionario?
Manuel Manilla fue el verdadero precursor de José Guadalupe Posada, el artista que inspiró sus grabados y sentó las bases para la creación de la Catrina, una de las imágenes más potentes y reconocibles de México. Sin embargo, su obra fue a menudo malinterpretada. Rafael Barajas, «El Fisgón», describió el estilo de Manilla como «naíf», señalando que sus figuras eran rígidas, la calidad de sus retratos dejaba mucho que desear y sus recursos técnicos eran limitados. A pesar de esto, Barajas reconocía que Manilla «le saca mucho partido al velo, suele hacer cuadros barrocos muy recargados y consigue piezas de notable sabor popular».
Para Antonio García Villarán, esta descripción no hace justicia a la potencia brutal de Manilla. Sus obras, aunque diferentes a las de Posada —a menudo confundidas incluso en algunos libros—, tienen unas líneas rectas y unos picos que revelan una interpretación única de la imagen. La distinción entre ambos estilos es clara para quien observa con atención.
Las Raíces del Grabado Mexicano y la Contribución de Manilla
¿De dónde provienen estas imágenes tan distintivas? A partir de 1736, México comenzó a recibir una gran cantidad de grabados españoles, que sirvieron de inspiración para los artistas locales. Sin embargo, el siglo XIX fue fundamental, ya que los grabadores mexicanos empezaron a desarrollar un arte propio, forjando una identidad visual única.
Tradicionalmente, este arte popular fue desvalorizado, considerado «hecho a la carrera» o carente de habilidad técnica. Nada más lejos de la realidad. Los grabados de Manilla no tienen nada que envidiar a obras de movimientos como el expresionismo alemán. Sus dibujos son contundentes y bien ejecutados, narrando historias con gran eficacia. En una época donde el 55% de la población era analfabeta, las imágenes en periódicos, revistas y cuentos populares eran el principal medio para difundir noticias y entretener. Manuel Manilla fue uno de los artífices clave de esta comunicación visual.
Manilla y Posada: Entre la Inspiración y el Olvido
El vínculo entre Manilla y Posada es innegable. Manuel Manilla trabajó durante al menos diez años en el taller de Antonio Venegas Arroyo, a partir de 1882. Fue allí donde Posada, 22 años menor, se unió y se inspiró en el trabajo de Manilla. Ambos eran artistas incansables, compartiendo técnicas y miradas. Sin embargo, Posada era más virtuoso, un gran investigador que supo adaptar su dibujo al gusto popular de la época.
La llegada de Posada marcó un antes y un después para Manilla. Diez años después, en 1892, Manilla se retiró del taller. No investigaba nuevas técnicas de grabado, se mantuvo fiel a su estilo aprendido, lo que le hizo perder encargos frente al empuje innovador de Posada. En 1895, Manuel Manilla falleció a causa del tifo.
Se le atribuyen más de 600 grabados originales, una producción asombrosa. Pero a pesar de su volumen de obra, Manilla está rodeado de misterio. No se conoce su fecha de nacimiento ni muchos detalles de su familia, aunque se sabe que tuvo al menos un hijo que le ayudó en el taller. Incluso se especula que otros grabadores de la familia continuaron usando su nombre, pero con un estilo muy diferente.
Manuel Manilla: El «Artista Fantasma» Rescatado de la Historia
Durante 70 años, la figura de Manuel Manilla permaneció en la sombra. Muchos de sus grabados fueron atribuidos erróneamente a Posada, y su nombre cayó en un olvido casi total. Antonio García Villarán lo describe como un «artista fantasma» debido a la escasa información que existe sobre él: no se conocen fotografías, su biografía está llena de lagunas y testimonios contradictorios.
A los 62 años, Manilla se retiró, eclipsado por el éxito de Posada. La gente quería los encargos de Posada, el artista joven y vibrante que supo conectar con el público. Manilla, por su parte, ya había pasado a la historia, esperando su justo reconocimiento.
Más Allá de las Calaveras: La Versatilidad de Manilla
La producción de Manilla fue increíblemente diversa. Al igual que Posada, ilustró juegos de mesa y cuentos infantiles. Hizo caricaturas, folletos, versos y hasta recetas de cocina. Dada la alta demanda de trabajo, Manilla y su taller eran ingeniosos: una misma imagen, como la de una Catrina, podía servir para múltiples propósitos. Utilizaban la técnica del grabado, que permite reproducir una imagen en diferentes contextos, componiendo carteles con saltimbanquis o payasos para el circo, adaptando la tipografía y dándole una nueva vida a sus planchas. La electrotipia, una técnica que permitía hacer nuevas planchas a partir de grabados antiguos, fue fundamental para satisfacer la enorme demanda de la época.
Manilla también se especializó en la creación de imágenes religiosas, haciendo incontables santos y vírgenes. Aunque a menudo utilizaba el mismo rostro, cambiaba los atuendos para diferenciar a las advocaciones. Estas imágenes eran muy populares entre la población con menos recursos, que no podía permitirse una escultura, pero sí un grabado de Manilla para honrar a su «Virgencita» en casa.
La Calavera Festiva: El Espíritu Popular en la Obra de Manilla
Manilla fue pionero en retratar a los muertos de manera festiva, una tradición que Posada luego perfeccionaría. Sus calaveras bailan, saltan y realizan acciones, un testimonio del peculiar humor mexicano ante la muerte. Antonio destaca que, aunque los dibujos de Manilla son toscos, casi tallados en piedra, esta característica les confiere un carácter más espiritual y universal.
Ejemplos notables de sus calaveras incluyen:
- Un demonio en forma de esqueleto con cuernos y rabo de vértebras, mientras otra calaverita le tira del rabo, mostrando una mezcla de diversión y tragedia.
- Un personaje con sombrero junto a un ataúd, rodeado de elementos que evocan la performatividad de Marina Abramović.
- La calavera fumando, el hombre bebiendo tequila y su mujer con peluca, una escena que critica la sociedad de su tiempo con la misma mordacidad que los dibujos de Honoré Daumier, artista que, como Manilla, no temía la crítica social en su obra.
- La magistral imagen de la calavera del torero.
Manilla también plasmó su arte en libros de sombras chinescas, enseñando a la gente a crear figuras con las manos. Además, trabajó la tipografía con letras hermosas dibujadas por él, la cartomancia, la buenaventuranza, carteles taurinos y papeles bandereros de versos que narraban historias populares, como el del amor prohibido y sus consecuencias, una ventana fascinante a la vida cotidiana del México de entonces.
El Legado de Manilla: Reivindicando al Precursor de la Catrina
Aunque Diego Rivera reivindicó la figura de Posada, es fundamental reivindicar a Manuel Manilla como el verdadero precursor. Él fue quien sentó las bases para que Posada transformara la «calavera garbancera» en la famosa Catrina, una imagen que ha trascendido fronteras y triunfado en el mundo entero.
Manilla era un artista más lúdico, divertido y popular, mientras que Posada, con encargos a menudo políticos, retrataba la Revolución y figuras como Zapata. Ambos son pilares del arte mexicano, pero el aporte original de Manilla merece ser reconocido en toda su dimensión.
¿Manilla o Posada? Tu Opinión Cuenta
Después de este recorrido por la vida y obra de Manuel Manilla, la pregunta persiste: ¿quién te gusta más, Manilla o Posada? ¿O quizás disfrutas de ambos y de la riqueza del arte mexicano? Déjanos tus comentarios aquí abajo.
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