El Gran Secreto de «El Perro Semihundido» de Goya: Un Enigma Revelado
En el vasto y enigmático universo de Francisco de Goya, pocas obras han generado tanta fascinación y misterio como «El Perro Semihundido» (o simplemente «El Perro»), una de las célebres Pinturas Negras. Durante décadas, críticos, historiadores y aficionados al arte han intentado desentrañar su significado, viéndola como un símbolo de desesperación, soledad o incluso el inicio de movimientos artísticos modernos. Pero, ¿qué pasaría si te dijera que el secreto mejor guardado de esta pintura no tiene nada que ver con lo que siempre se ha pensado?
Acompáñame en un viaje a través de la historia, la restauración y las interpretaciones de esta obra maestra para descubrir una verdad que podría cambiar por completo tu percepción. Prepárate para una revelación que desafía todo lo que creías saber sobre el enigmático perrito de Goya.
Las Pinturas Negras: Un Legado de la Quinta del Sordo
«El Perro Semihundido» forma parte del conjunto de 14 Pinturas Negras que Goya pintó directamente en los muros de su casa de campo, conocida como la Quinta del Sordo. Este caserón, adquirido por el artista al final de su vida, debe su nombre no solo a la sordera de Goya, sino también, curiosamente, a la condición de su anterior propietario. Un detalle anecdótico que subraya el ambiente peculiar que rodeaba al genio aragonés.
Hoy día, esta colección se cuenta entre las más visitadas del Museo del Prado, un honor considerable si pensamos que alberga más de 8.000 obras, de las cuales solo una fracción está expuesta. Los visitantes acuden en masa para admirar «Las Meninas», las obras del Bosco y, por supuesto, las oscuras y profundas Pinturas Negras.
De la Obscuridad al Icono: La Curiosa Historia de su Conservación
Sin embargo, la fama actual de estas obras no siempre fue tal. La historia de las Pinturas Negras es, en sí misma, fascinante. Tras la muerte de Goya, la Quinta del Sordo fue adquirida por Emil Derrois, un banquero que, con la intención de venderlas, encargó al pintor y restaurador Salvador Martínez Cubells la ardua tarea de arrancarlas de los muros.
En 1878, las pinturas fueron llevadas a la Gran Exposición de París con la esperanza de ser vendidas. Pero lo impensable ocurrió: nadie las quiso. No se vendió ni una. ¿Las razones? Posiblemente una mezcla de factores:
- Eran consideradas demasiado desagradables para la época.
- Su modernidad conceptual estaba adelantada a su tiempo.
- Abordaban temas de un mundo oscuro, irracional, de brujas y mitos que no eran del agrado general.
Ante el fracaso de la venta, Emil Derrois tomó una decisión que cambiaría el destino de estas obras para siempre: las donó al Museo del Prado en 1881. Ironías del destino, lo que nadie quiso entonces se ha convertido hoy en fuente de inspiración para incontables artistas y un pilar fundamental en la evolución de la pintura moderna.
El Arte de Arrancar un Muro: La Técnica del «Strappo»
Una pregunta que surge a menudo es: ¿cómo lograron arrancar estas pinturas del muro sin destruirlas? Goya no preparó el muro como si fuera a realizar un fresco. Empleó la técnica del óleo al seco, pintando directamente sobre el yeso. Esta técnica no es la más adecuada para la conservación a largo plazo, y es probable que Goya, consciente de las técnicas al fresco, no diera gran importancia a la perdurabilidad de estas obras, quizás considerándolas una instalación personal o una obra menor para su hogar.
Fue Salvador Martínez Cubells quien, durante años, trabajó meticulosamente para salvarlas, empleando la compleja técnica del strappo. Este proceso, aunque dañó ligeramente las pinturas, permitió su traslado y conservación. ¿En qué consiste?
- Limpieza de la superficie: Se prepara la pintura eliminando polvo y suciedad.
- Adhesión de una tela: Se pega una tela de algodón a la superficie pintada con una cola soluble en agua.
- Arrancado de la pintura: Una vez seca la cola, la tela se retira con extremo cuidado, llevándose consigo la capa pictórica.
- Preparación del nuevo soporte: Se limpia el reverso de la pintura, eliminando los restos del muro, y se prepara un lienzo con una cola insoluble en agua.
- Fijación al lienzo: La capa pictórica adherida a la tela de algodón se pega al nuevo lienzo.
- Retirada de la tela original: Una vez seca la segunda cola, se humedece la tela de algodón y se retira, dejando la pintura sobre su nuevo soporte definitivo.
Este procedimiento es crucial para entender el estado actual de «El Perro» y otras Pinturas Negras.
El Velo del Misterio: Interpretaciones y el Gran Giro
«El Perro Semihundido», con su aparente simplicidad (una cabeza de perro emergiendo de un terreno terroso), ha sido objeto de innumerables interpretaciones:
- Se ha visto como la contraposición entre el vacío y la materia, una obra de profundo calado conceptual.
- Algunos lo consideran el germen del expresionismo e incluso del surrealismo.
- Hubo quienes, en la década de los 80, creyeron ver en el fondo el esbozo de un fraile o incluso la cabeza de un caballo, aunque estas visiones, como la de las formas en las nubes, son fruto más de la imaginación que de la realidad.
- Para otros, el perro simboliza la soledad, la inminente muerte o la decadencia de España en aquel momento histórico.
- Incluso se ha interpretado como un autorretrato metafórico de Goya, sordo y al borde de la vejez.
A diferencia de otras Pinturas Negras, repletas de figuras y escenas complejas de brujas y aquelarres, «El Perro» siempre ha destacado por su singularidad y su aparente aislamiento. Pero el mayor secreto de esta obra se desveló a principios del siglo XX.
La Revelación de 1900: ¿Qué Miraba Realmente el Perro?
En el año 1900, el Museo del Prado publicó una serie de fotografías que el francés Yann Laurent había realizado en 1873. Estas imágenes, tomadas in situ, antes de que las Pinturas Negras fueran arrancadas de los muros y antes de la demolición de la casa en 1909, ofrecían una visión original y sin precedentes. Y lo que revelaron fue sorprendente:
El perrito de Goya no miraba a la nada, ni simbolizaba un vacío existencial. En las fotografías de Laurent se aprecian claramente dos pequeñas manchas sobre el horizonte: dos pajaritos. Es decir, el perro estaba atento al vuelo de dos pajarillos entre las rocas, con la mirada fija en ellos, quizás con intención de cazarlos o simplemente observándolos.
Este descubrimiento, conocido desde 1900, plantea una pregunta incómoda: ¿por qué estos dos pajaritos no han sido restaurados en la pintura? La teoría más extendida es que el vasto cuerpo de literatura, crítica y simbolismo que se había generado en torno al «perro mirando a la nada» era ya tan inmenso que alterar la pintura con la adición de los pajaritos habría desestabilizado décadas de interpretación. La realidad, a veces, es menos poética que la ficción creada.
El Impacto en el Arte y las Interpretaciones Futuras
La existencia de los pajaritos obliga a reevaluar todas las interpretaciones previas que se basaban en la imagen del perro mirando al vacío. Numerosos artistas se inspiraron en esta visión del «perro solitario» para sus propias obras, como Tàpies, William Turner, Francis Bacon o Mark Rothko, quien también exploró la soledad y el silencio a través de grandes planos de color. Incluso Antonio Saura y Odilon Redon hicieron sus propias interpretaciones de esta enigmática cabeza de perro.
Con o sin pajaritos, «El Perro Semihundido» sigue siendo una obra excepcional, una de las Pinturas Negras que más ha calado en la historia del arte y la conciencia colectiva. Personalmente, considero que su capacidad para generar debate y fascinación es innegable, independientemente de la realidad pictórica original.
¿Qué Piensas Tú?
¿Conocías este secreto de «El Perro Semihundido»? ¿Cambia esta revelación tu percepción sobre la obra? Me encantaría saber tu opinión en los comentarios.
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