La quema del ninot del Rey de España: una obra conceptual y sus inesperadas revelaciones
¡Hola! Soy Antonio García Villarán, y en este artículo vamos a desgranar un evento que predije en 2019 y que finalmente ha ocurrido: la quema del ninot gigante del Rey de España. Los artistas Eugenio Merino y Santiago Sierra, tras no encontrar comprador para su polémica pieza, han decidido quemarla. Pero, como verás, la historia es mucho más compleja y rica en simbolismo de lo que los titulares sugieren.
Una quema con fecha y propósito: el 12 de Octubre
Lo primero que hay que destacar es que la quema no fue un día cualquiera. Se realizó el 12 de Octubre, Día de la Hispanidad. Este detalle, pasado por alto por muchos medios, transforma la obra en una pieza profundamente conceptual. Eugenio Merino y Santiago Sierra, artistas conocidos por su manejo experto de la polémica, eligieron una fecha que dota a su acto de un significado político y cultural indiscutible.
ARCO 2019: la oportunidad perdida del Rey
Remontémonos a ARCO 2019. Recuerdo cómo todos los medios de comunicación hacían fotos al ninot del Rey. La expectativa era que el Rey, asiduo visitante de la feria, se encontrara con la escultura. Sin embargo, no visitó ese stand. En mi opinión, esto fue una torpeza por parte de la Casa Real o sus asesores. Si el Rey hubiera pasado por el stand, saludado a los artistas y al galerista de manera natural, e incluso sonreído ante la imponente escultura, habría «desactivado» la obra en ese mismo instante. Se perdió una gran oportunidad.
La quema en Berga: entre la polémica y el arte
Después de más de un año y medio en un almacén, con los consiguientes gastos de alquiler, los artistas decidieron que era hora de deshacerse de la pieza. Y qué mejor manera que cumplir con su propósito original: quemarla. La quema tuvo lugar en Berga, Barcelona, generando no pocos chistes, especialmente en Latinoamérica, por la sonoridad del nombre.
Los artistas subieron un vídeo a YouTube donde se ve cómo prenden fuego al ninot, comenzando por la mano y el fuego ascendiendo. Las imágenes, a pesar de lo «cañí» del estilo español, me recordaron a la épica escena de Terminator quemándose. Y, tengo que reconocerlo, la imagen de la figura en llamas es, en sí misma, bella. El fuego es hipnótico, ¿quién no se ha quedado embobado mirando una candela?
También aquí hubo otra oportunidad perdida para la Corona. Si el Rey hubiera asistido a la quema, como muchas personalidades lo hacen en las Fallas, no solo habría desactivado la obra, sino que habría ofrecido una lección de tolerancia y un acto democrático. Pero, lamentablemente, a la gente le gusta la polémica, los titulares escandalosos como «han quemado al Rey».
La crítica de arte Carmen Lomana, en 2019, se ofendió muchísimo por la obra: «¿Cómo alguien se gasta 200 mil euros con el hambre que hay en el mundo para quemarlo?». Su célebre frase: «¡Cómo me gusta a la parrilla!».
¿Una obra antisistema? Permisos y precedentes
A pesar de la controversia, sigo pensando que esta no es una obra antisistema. Los artistas están dentro del sistema; de hecho, contaban con todos los permisos para la quema e incluso con una dotación de bomberos. Además, quemar una foto del Rey ya no es delito.
Recordemos que en 2008, dos jóvenes fueron condenados a 15 meses de cárcel por quemar una foto del entonces Príncipe Felipe, acusados de injurias contra la Corona. Sin embargo, en 2018, la Audiencia Nacional archivó el caso, en sintonía con el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Esto sentó un precedente: quemar una imagen del Rey ya no era peligroso. De hecho, en 2019, ya se había quemado otro ninot del Rey en Rivas de Fress, muy cerca de Barcelona. Ese ninot, vestido de guardia civil y juez, con una balanza que portaba lazos amarillos y sus propios testículos, era, a mi juicio, de mal gusto.
La obra, como ya dije, hacía agua por muchos sitios. Quemar un ninot del Rey no es nada nuevo si se tiene un mínimo de cultura fallera; cada año se queman figuras de mandatarios, políticos, personajes de Disney e incluso ¡Bob Esponja!
La sorpresa: un cráneo gigante, la verdadera escultura
Pero aquí es donde la obra da un giro inesperado y se vuelve fascinante. Cuando el ninot se quemó, ocurrió algo que yo también había anticipado: ¡había algo debajo! Una calavera. A diferencia de las Fallas, donde todo se reduce a cenizas, aquí apareció una sorpresa, como en los Kinder Sorpresa. La verdadera escultura, ese cráneo gigante de resina ignífuga, emergió del fuego.
La imagen es poderosamente estética. Nos guste o no este tipo de iconografía, la cabeza decapitada o, en este caso, quemada, tiene una belleza particular. Este objeto, estoy seguro, acabará en un museo, como el «Platanito» de Cattelan.
El meticuloso proceso artístico
Es importante diferenciar esta obra de un simple plátano pegado a una pared. Para crear este ninot, se contó con un equipo de más de 20 personas. A menudo no se valora el proceso. En la imaginería religiosa, solo se modelan la cabeza y las manos, siendo el resto un candelero. Pero esta escultura del Rey fue completamente modelada en 3D, no solo la cabeza y las manos, sino el cuerpo entero.
Contaba con ojos de resina de poliéster, pelo natural (como una peluca), y estaba hecha de cartón fallero recubierto de cera, una técnica antigua que le daba un aspecto hiperrealista. Todo este complejo proceso fue diseñado para que la figura fuese quemada.
Detrás de esta maestría está Manolo Martín, un reconocido maestro fallero de Valencia que colabora con numerosos artistas, incluyendo a Daniel García Andújar, quien también realizó una falla para la Documenta de Kassel llamada «Caballo de Troya».
El traje del Rey era real, hecho a medida. Y su pose estoica mientras se quemaba parecía decir: «Podéis quemarme, pero sigo siendo el Rey».
El simbolismo oculto: la corbata verde
La escultura estaba llena de detalles, como la corbata verde. Lejos de ser una elección casual, era otro símbolo. Durante la República, los monárquicos usaban una corbata verde, su único símbolo permitido, para proclamar «Viva el Rey de España» (V.E.R.D.E.). Una obra conceptual hasta el último detalle.
El cráneo resultante: un legado artístico
A pesar de mis críticas iniciales, quiero romper una lanza a favor de la escultura resultante: el cráneo. Este objeto, a diferencia de las fotografías y vídeos de la quema que se vendieron a 20.000 euros cada una, tiene un valor intrínseco.
Aunque se hayan usado tecnologías como el modelado e impresión 3D, hay una oportunidad futura. Hoy en día, una resonancia magnética puede escanear tu cráneo y reproducirlo en 3D. ¿No sería increíble que, para una hipotética segunda parte, Merino y Sierra pidieran al Rey una colaboración para escanear su cráneo y crear un «cráneo real» auténtico?
Lo que sí han logrado con este cráneo es que, al mirarlo, uno ve la cabeza del Rey Felipe VI. Esto es algo que sucede con las ruinas griegas o romanas: la pieza, aunque fragmentada, evoca el original. Aquí han conseguido algo verdaderamente interesante.
Creo firmemente que el lugar ideal para esta pieza, el cráneo, es el Museo Censura en Barcelona, un espacio que alberga obras polémicas como las de Fabián Cháirez o Abel Azcona. No sé cuánto costará, quizás los 200.000 euros iniciales, una cifra considerable para muchos, pero trivial si la comparamos con los 25 millones de dólares que pueden costar obras de Jeff Koons.
Tolerancia y sentido del humor en el arte
Quemar imágenes icónicas o «muñecotes» es una práctica global. En la India, en el festival de Ganesh Chaturthi, se lanzan grandes esculturas de elefantes al mar o al río para ser destruidas. En España, tenemos las Fallas de Valencia cada año. ¿Por qué tanto escándalo entonces? Un poco de tolerancia y sentido del humor no vendrían mal. «¡A la parrilla, cómo me gusta!», como diría Carmen Lomana.
Es muy sencillo: si alguien te llama «cateto» y tú no te ofendes, no es una ofensa. El poder está en tu reacción.
El futuro de las Fallas: la sorpresa oculta
Al final, esta obra me ha sorprendido y el resultado final, el cráneo, me ha gustado. Propongo que esto se convierta en una moda: que todos los ninots que se quemen en las Fallas escondan una sorpresa debajo. Hago un llamamiento a todos los organizadores de Fallas y maestros falleros: ¿por qué no metéis una figurita de Mickey Mouse, un burro, o una mantis religiosa debajo de la figura principal? Sería un hermoso gesto: se quema todo y aparecen esas pequeñas figuras ocultas.
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