¿Es posible que alguien robe arte simplemente por amor a la belleza, sin buscar lucro? ¡Increíble pero cierto! En este vídeo, mi colega y yo te vamos a desvelar la fascinante historia de un ladrón de arte que desafía todas las lógicas, un hombre que no buscaba dinero, sino la pura admiración por las obras de arte.
He investigado y no me lo he creído hasta que lo he leído. Hemos encontrado a un ladrón de arte de talla mundial, responsable de la sustracción de innumerables piezas valiosas, que lo hacía por el simple amor al arte. Y para contarte esta historia tan especial, cuento con la inestimable colaboración de mi amigo Peter de El Cubil de Peter, un historiador con un canal de YouTube chulísimo que no puedes perderte. De hecho, hemos grabado un vídeo en colaboración para su canal también.
Hola, Peter, ¿estás preparado para hablar de este robo tan espectacular?
«Hola Antonio, ¡claro que sí! La verdad es que, por mucho que me esfuerce, solo hay un Antonio García Villarán. Esto que vamos a contar es bastante difícil de creer…»
El Contrabando de Arte: Un Negocio Millonario
Es difícil de creer, sí. Siempre escuchamos que los robos de arte se hacen por dinero, para vender las piezas a terceros y enriquecerse. Pero todo el mundo sabe que, si robas una obra de arte muy famosa, como la Gioconda o la Joven de la Perla, no puedes colocarla en el mercado. Esos robos suelen ser por encargo, para que alguien las tenga en su mansión o yate, ocultas a la vista de todos.
Sin embargo, hay muchísimas obras de arte que, aunque no sean tan conocidas, valen una fortuna. Te doy un dato sorprendente: el contrabando de arte es el que más dinero mueve en el mundo, solo por detrás del contrabando de armas y drogas. ¡Impactante!
Todavía hoy se sigue robando arte. ¿Quieres algunos ejemplos? En 2019, un hombre entró en una galería de San Francisco y se llevó un grabado de Salvador Dalí valorado en 20.000 dólares. En 2005, robaron una de las versiones de «El Grito» de Munch en Noruega a plena luz del día. ¿Por qué? Porque es más fácil mover una obra de arte a través de fronteras que un maletín lleno de billetes.
En la página de Interpol, puedes ver cientos de obras de arte que, a día de hoy, permanecen en paradero desconocido. Se ha escrito mucho sobre el tema, ya que los robos de arte siempre suscitan mucho interés. Por ejemplo, es muy conocida la historia de Erik el Belga, uno de los mayores ladrones de arte de la historia. E incluso, ahora está de moda la serie de Netflix Lupin, donde el ladrón de arte lo hace para vengar la muerte de su padre.
Stefan Breitwieser: El Ladrón Romántico
Pero el ladrón del que te voy a hablar ahora no lo hacía por venganza ni por dinero. Lo hacía por amor al arte, porque le gustaban las obras, le subyugaban. Y cómo empezó todo… Este hombre, que aún vive, se llama Stefan Breitwieser. ¡Qué difícil de pronunciar!
Resulta que en 1995, con solo 24 años, Stefan visitó el castillo medieval de Gruyères, en los Alpes franceses. Entró en la cámara de la luz y se fijó en un cuadrito muy pequeño de un artista alemán, Christian Wilhelm Ernst Dietrich. Era el retrato de una anciana, y Stefan dijo: «Este cuadro me encanta, me gusta mucho y me lo tengo que quedar». Se enamoró. Él mismo llegó a decir que le fascinaban las cualidades del retrato y, sobre todo, la mirada de los ojos de la retratada. Además, le gustaba porque le recordaba a Rembrandt.
¿Y cómo lo hizo? De una manera un tanto cutre, pero efectiva: le dijo a su novia, Anne-Catherine Kleinklaus, que entretuviera a los guardias. Mientras ella hablaba con ellos, él simplemente descolgó el cuadro, se lo metió debajo del abrigo y salió por la puerta. ¡Robo hecho!
Pero la cosa no quedó ahí. Antonio volvió hasta cuatro veces a ese castillo y cada vez que iba, robaba algo. Incluso en una ocasión, se hizo con un tapiz flamenco del siglo XVII que medía 3,55 por 3,45 metros y pesaba más de 20 kilos. ¿Cómo consiguió robarlo? Muy sencillo: lo enrolló y lo arrojó por una ventana hacia un campo anexo del castillo, donde lo recogió después con toda la tranquilidad del mundo. ¡A veces la realidad supera la ficción!
El Mayor Ladrón de Arte de Nuestro Tiempo
¿Quién es este tipo? Stefan Breitwieser nació en octubre de 1971 en Mulhouse, Alsacia. Es conocido por haber escrito sus memorias de haber robado obras de arte y, sobre todo, es un ladrón de arte francés. Entre 1995 y 2001, realizó una auténtica gira de robos de arte por diferentes ciudades de Europa, llegando a sustraer hasta 239 obras valoradas en 1.400 millones de dólares. ¡Cuántos castillos son esos!
Pero lo más importante es que no las robaba para venderlas. Las robaba porque quería tener su propia colección. Llegó a reunir una colección de obras del siglo XVI, XVII y XVIII. Si lo miras bien, este chico tiene cara de camarero o de cartero, o parece que trabaja en una tienda de montaje de automóviles. Y efectivamente, en sus viajes, iba trabajando en esas profesiones mientras robaba arte.
En cuestión de segundos, rompía las vitrinas de vidrio (evidentemente sin asegurar), cortaba cables de nailon con un cuchillo suizo o, a veces, utilizaba la llave de su coche para hacerlo. Lo llamativo es que las pinturas y objetos que se llevaba de museos, galerías, iglesias, castillos, subastas y ferias de antigüedades no tenían por qué ser valiosos en sí mismos. Simplemente, solo tenían que complacerle, gustarle, enamorarle.
Tenía sus obras robadas en dos estantes en el primer piso que compartía con su madre y con su novia. Era tan posesivo que no dejaba a ninguna de ellas acercarse a su tesoro sin su permiso. De hecho, se pasaba horas restaurándolas y cuidándolas. No se le pudo rastrear antes precisamente porque no tenía intención de venderlas; las quería para él.
Un Coleccionista Sin Límites
Breitwieser llegó a robar más de 239 obras en 179 museos, destacando los de Alemania, Suecia, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Holanda y Suiza. Escogía lo que le gustaba. El cuadro más caro que sustrajo fue uno que costaba hasta 73 millones de dólares. Lo hizo en una subasta de Sotheby’s. Se trataba del retrato de Sylvie von Kliest de Lucas Cranach el Viejo. Estaba allí en la subasta, se enamoró del cuadro e hizo lo mismo: su novia entretuvo a los guardias de seguridad y él se quedó con el cuadro.
A pesar de su extensa colección, Stefan se acordaba de cada uno de los cuadros y de cómo los había robado. De hecho, en el juicio, cuando le preguntaban por un cuadro, él corregía al fiscal diciendo: «No, eso no fue así. Yo le voy a contar cómo fue…».
La Caída y la Destrucción de su Legado
Tal era su pasión por el arte que el día anterior a su sentencia, intentó suicidarse hasta tres veces. Pero pasó una cosa muy grave: la justicia no tiene muy en cuenta estos delitos. Solo le cayeron tres añitos de cárcel, de los cuales cumplió solo 26 meses por buena conducta, a pesar de haber robado obras por valor de más de 100 millones de dólares.
Y no solo eso: su madre, que fue quien destruyó gran parte de las obras para que no lo pillaran, solo cumplió 18 meses de cárcel de los tres años que le echaron. Y su novia, a la que le echaron 18 meses de cárcel, solo cumplió 6. Así está la cosa.
Un total de 102 obras de arte fueron robadas y rescatadas del canal, siendo devueltas a varios museos de donde habían salido. Tristemente, las restantes fueron destruidas o simplemente han desaparecido. No obstante, si te interesa el tema, las descripciones de estas obras perdidas aún se pueden encontrar en la base de datos del Art Loss Register.
El Origen de su Captura
Hoy en día, Breitwieser está en libertad en Francia, pero no puede salir del país sin correr el riesgo de ser arrestado en el extranjero, ya que delinquió de forma similar en otros siete países europeos, donde se aplican diferentes leyes y sentencias. De hecho, según el periódico Tages-Anzeiger, en 2007 todavía tenía una investigación pendiente del fiscal de Colonia, Alemania, relacionada con un robo suyo.
¿Y cómo lo pillaron? Pues por un cuerno y por un clarinete. Sí, sí, robó un cuerno de un museo y luego, unos meses después, fue para robar un clarinete. Y allí lo pillaron porque desde la puerta, alguien dijo: «Este tipo, lo conozco. Este es el que se llevó el cuerno». Esto fue en el Museo Richard Wagner de Lucerna. Al principio, cuando lo pilló la policía, pensaron que era mentira, que no era él el ladrón. Pero un tiempo después, Stefan empezó a «desembuchar».
La Destrucción de las Pruebas
El gran problema fue que pasaron semanas antes de que la Gendarmería de Estrasburgo registrara finalmente la habitación de Stefan Breitwieser. Eso le dio tiempo a su madre para destruir un montón de obras. Esto que voy a contar es muy grave y muy crudo. Cuando lo pillaron intentando robar el clarinete, como tardaron varios días entre su detención y el registro, llamó a su madre. ¿Y qué hizo su madre? Cogió todas las obras de arte que tenía, las destruyó en bolsas de basura y se las llevó a 65 kilómetros de donde las tenía. Empezó a romper los marcos con un martillo, a rajar las pinturas con unas tijeras, todo para que no lo incriminaran. «Si no hay cuerpos del delito, no hay delito». De hecho, muchas de esas obras, su madre las metió en un triturador de basura. Todo lo que te cuente es poco. La madre, como te he dicho, las tiró al río Rin, y claro, tuvieron que dragar el río. Allí encontraron algunas de las piezas, las que eran de metal, las que resultaba más difícil destruir, y trocitos de piezas de obras de arte de todo tipo. Una auténtica catástrofe.
El Retorno al Crimen y las Consecuencias
Pero, Peter, ¿qué es de él ahora?
«Pues en 2010, como nadie lo quería ver delante, se puso a trabajar en una granja como vendedor de frutas. Gran parte de su salario era embargado para saldar su deuda con la justicia. Además, Suiza emitió una prohibición de entrada en su país de por vida. Curiosamente, la policía lo volvió a atrapar en unos grandes almacenes de Orly, de donde se había llevado un par de jeans, varias camisetas y camisas con la excusa de probarlas.»
Pero la cosa no quedó aquí. A principios de abril de 2011, la policía registró nuevamente su casa y encontró, ¡ojo!, casi 30 pinturas robadas y varias otras obras de arte. Como resultado, una vez más, fue condenado a tres años de prisión por el Tribunal Regional de Estrasburgo el 3 de julio de 2013. De hecho, tras quedar en libertad, estuvo de nuevo bajo vigilancia porque, al poco tiempo de salir, ofreció para subastar un pisapapeles del siglo XIX.
No obstante, fue hace poco, en febrero de 2019, cuando se informó de que había sido arrestado una vez más en Alsacia, porque en su casa se encontraron, cómo no, un montón de objetos robados, como, por ejemplo, una colección de monedas romanas de un museo de arqueología cercano, así como otras piezas de galerías locales y alemanas. Agravando la situación, en la casa de su madre se encontraron también 163.000 euros en efectivo. Tras esto, se le acusa una y otra vez de estar esperando el momento indicado, el momento preciso para sacar a la luz y fugarse, seguramente con el dinero que ha ido amasando, que ascendería a la cifra nada desdeñable de más de 20 millones de euros. ¡Se dice pronto!
Sus Memorias y el Misterio Persistente
Como he dicho al principio, este ladrón, Breitwieser, llegó a escribir un libro con sus memorias. ¿Para qué? Para conseguir dinero, porque el hombre estaba arruinado. En 2006 salió su edición en francés y en 2007 lo tradujeron al alemán. No sé si todo lo que dice el libro es verdad, porque, ¿tú crees que él destruyó o su madre destruyó todas las obras de arte que tenía y que supo?
Y fíjate este dato curioso: en 2018, él llegó a visitar el museo de la Casa Rubens en Bélgica y vio una pieza de marfil que él mismo había robado y que recuperaron en el canal Ródano-Rin. Se trata de una escultura de marfil de Adán y Eva. Imagínate lo que tenía que pensar: «Esto fue mío».
En fin, no sabemos si en un futuro próximo seguirá robando o si hay obras por ahí que no nos ha contado que tiene y que a lo mejor están escondidas.
¿Qué opinas? ¿Qué crees?
Antes de que me lo digas, despido a Peter. ¡Muchas gracias, Peter, por participar en este vídeo en el canal de Antonio García Villarán! No olvidéis visitar su canal, que tiene vídeos de historia súper chulos. Además, hemos hecho otra colaboración allí, podéis verla en la cajita de descripción y en el primer comentario fijado. Y nada, ¡gracias Peter! Espero verte pronto por aquí.
«La verdad es que ha sido un auténtico placer y una gozada estar por primera vez aquí en tu rinconcito, compartiendo contigo una colaboración, y más para traer uno de esos pasajes de la historia del arte que son realmente llamativos, especiales, curiosos y, por qué no decirlo, delirantes, y en algunos momentos difíciles de creer. Agradezco muchísimo que hayas confiado en mí para poder contarle a tus suscriptores algo tan sumamente increíble y ya sabes, porque te lo dije muchas veces, que cuando quieras la puerta de mi cubil siempre estará abierta para ti.»
¡Muchas gracias por ver este vídeo! Revienta el botón de like, suscríbete a mi canal y compártelo para que todo el mundo lo vea, para que todo el mundo sepa de este ladrón de arte que lo hizo, supuestamente, por amor al arte. ¡Gracias por verlo y nos vemos muy pronto!








