El mundo del arte contemporáneo no deja de sorprendernos. Si el «plátano de los 120.000 dólares» de Maurizio Cattelan ya era una noticia en sí misma, ahora ha venido un señor y se lo ha comido, llevando la controversia a un nuevo nivel. Y hablando de nuevas etapas, te traigo una nueva etapa con este análisis, porque parece ser que la otra se nos había repetido mucho. Esta obra, valorada en una cifra estratosférica, ha sido el centro de un incidente que ha sacudido los cimientos del mundo del arte y ha generado un debate apasionado sobre su valor y significado.
La Controversia de «Comedian»: Más Allá del Plátano
El suceso ocurrió en la prestigiosa feria Art Basel Miami, dejando a medios y público atónitos. La noticia del «plátano de 120.000 dólares» corrió como la pólvora, y rápidamente se intentó justificar el incidente como un mero accidente. Sin embargo, al observar el momento exacto en que Datuna retira el plátano, se aprecia claramente que estaba clavado y pegado a la pared, refutando la idea de una caída fortuita.
La situación se volvió aún más enigmática cuando la galería Perrotin, en lugar de tomar acciones legales contra Datuna, declaró algo sorprendente: la obra no era el plátano en sí, sino «la idea del plátano». Una justificación que ha generado un intenso debate sobre la naturaleza del arte, su valor y, sobre todo, su comercialización. Desde mi punto de vista, esto es absurdo. Si se puede vender una idea, ¿dónde está el límite? Como ya expliqué en mi libro, se puede vender lo que contiene una idea, pero no la idea misma. La prueba está en que, tras el incidente, Internet se inundó de plátanos pegados con cinta en cualquier superficie, demostrando que la «idea» no es exclusiva ni vendible.
La Galería como Obra de Arte y la Estrategia de Marketing Perversa
Esta controversia destapa una estrategia de marketing aún más perversa. Si aceptamos que el plátano pegado a la pared es una obra de arte, entonces el verdadero objeto artístico no es la banana, sino la propia galería. El espacio expositivo, el suelo, el sitio cerrado, son los que, por el simple hecho de su ubicación, legitiman cualquier objeto como «obra de arte». Algo que he denunciado repetidamente en mi canal: no todo lo que se coloca en una feria o museo se convierte en una obra de primer nivel.
Las acciones posteriores solo alimentaron el circo mediático. La galería Perrotin decidió retirar la banana, alegando que podía generar más polémica. ¡Qué tontería! Lo que lograron fue estirar la noticia, manteniendo el interés. Después, el lugar donde estaba la banana fue objeto de una pintada con la frase «Epstein no se suicidó», añadiendo una capa de rocambolesca y barroca complejidad a un evento ya de por sí surrealista. Un auténtico «Bronx» en una de las ferias de arte más importantes del mundo, con ausencia de seguridad y una serie de eventos que cuestionan la seriedad del certamen.
David Datuna: ¿Héroe o «Cattelan-wannabe»?
¿Quién es David Datuna? Lejos de ser un justiciero anónimo o el «héroe del pueblo» que venía a desenmascarar el elitismo del arte, Datuna es otro artista con aspiraciones de ser un «Cattelan», un admirador que ha sabido aprovechar la controversia. Basta investigar un poco para descubrir que su obra también se mueve en el terreno de la performance con un compromiso cuestionable. Por ejemplo, su obra donde coloca cuadrados de hielo formando la palabra «Trump» para denunciar al expresidente; una acción sin consecuencias, pues el hielo se derrite y no pasa nada, pero le permite quedar como un «triunfador del pueblo». O sus «banderitas» con cristales de gafas, una emulación tardía y poco original del movimiento Jasper Johns de los años 50-60. Claramente, busca la controversia y la fama a toda costa, siguiendo los pasos de su ídolo.
La Historia se Repite: El Eco de Duchamp y los Certificados de Autenticidad
Esta situación nos remite a la historia de Duchamp. Resulta que Duchamp se apropió de la idea del urinario de la baronesa Dada. Tras la muerte de ella, Duchamp reivindicó la obra como suya, y aunque el urinario original se «perdió», autorizó la creación de múltiples réplicas para museos de todo el mundo.
Cattelan, parece seguir la misma senda. Él mismo ha declarado que existen tres certificados para su banana. Pero, ¿qué pasará cuando los museos quieran tener «su» banana pegada a la pared? Cattelan dirá que el arte es libre y que puede emitir 3, 57 o 300 certificados más. La autenticidad se diluye, y el valor de 120.000 dólares se vuelve una burla. ¿Autenticidad de qué?
Del Siglo XVII al «Todo Vale»: ¿Necesitamos Nuevas Reglas para el Arte?
Esta reflexión nos lleva a comparar el arte actual con el de siglos pasados. En el siglo XVII, existían reglas claras. Charles Le Brun, director de la Real Academia de Pintura y Escultura de Francia, incluso categorizó el estudio de la emoción humana en el arte, creando tratados sobre cómo dibujar expresiones. De igual manera, Francisco Pacheco, en su libro «El Arte de la Pintura», dictaba cánones estéticos precisos: desde cómo pintar hombres y mujeres («a las mujeres de clase alta hay que pintarlas con las manos más pequeñas») hasta la edad ideal para retratar a un hombre (30 años) o la posición de los pies al arrodillarse. Quien se saltaba estas reglas, como El Greco, era considerado un «mal pintor».
Hoy, esos cánones no tienen sentido, y soy el primero en afirmarlo. Sin embargo, si la gran novedad del arte actual es que «todo vale», que no existen reglas, ¿no deberíamos dar la vuelta a la tortilla y generar nuevas reglas? Esta es una cuestión clave que deberíamos plantearnos en el debate sobre el arte contemporáneo. ¿Cuáles serían esas reglas? Me interesa mucho tu opinión, déjamela en los comentarios.
Maurizio Cattelan: El Bufón del Arte y su Broma de Precio Exorbitante
Maurizio Cattelan se autodenomina el «bufón del arte» y a «Comedian» la ha llamado una «gran broma». Pero, ¿es realmente un chiste cuando se vende por 120.000 dólares? Si fuera una broma, Cattelan lo diría, confesaría que es un «troleo». Sin embargo, el hecho de exponerla donde la expone, cobrar lo que cobra y estirar el «chicle» de la noticia al máximo, demuestra que no lo ve así. No es una broma para los que la han comprado.
Mi sugerencia, para que la broma fuera completa y se acelerara el círculo del arte, sería que Cattelan hablara con Datuna y le pidiera: «Oye, cuando defeques el plátano que te has comido, que es la auténtica obra de arte, dámelo y se lo mandamos a los compradores». Una nueva copia de Manzoni, ¡pero con un toque de genio artístico!
Conclusión: Reflexión y ¡a Comer Plátanos!
El caso del plátano de Cattelan y la performance de Datuna nos obliga a reflexionar sobre la dirección del arte contemporáneo, su mercantilización y la constante búsqueda de la polémica. Más allá de la broma o la crítica, lo que queda claro es que el arte, en ocasiones, se ha convertido en un espectáculo que desafía la lógica y nos empuja a cuestionar cada uno de sus límites.
Espero que este análisis te haya resultado interesante y te invite a profundizar en estos debates. Si te ha gustado el vídeo, compártelo y suscríbete al canal de Antonio García Villarán para más contenido sobre arte y cultura. Y recuerda, ¡come plátano, que es muy bueno para la salud!
¿Estoy haciendo ahora una performance? Me pregunto yo, ¿no me comeré más la danza del plátano plátano caminando? ¡Mira, y así es Donald Trump!








