La Crítica al Arte Contemporáneo: Cuando Artistas y Curadores No Pueden Defender su Obra
En el vibrante y a menudo controvertido mundo del arte contemporáneo, una pregunta fundamental resuena con cada vez más fuerza: ¿Es arte aquello que no puede ser explicado ni defendido por sus propios creadores o por aquellos que lo exhiben? Desde encuentros en ferias de renombre como ARCO Madrid hasta exposiciones internacionales, la realidad en muchas ocasiones es un silencio incómodo, una incapacidad para argumentar y una barrera que aleja al público.
El Silencio en ARCO: Una Incomodidad Palpable
La experiencia en eventos como ARCO Madrid es reveladora. Al acercarse a algunos creadores de arte conceptual con un micrófono, la reacción a menudo es de evasión. Muchos artistas, al ser interpelados para defender o explicar su obra, prefieren no hablar. Este silencio no es un acto de misterio, sino una clara señal de que, en ocasiones, la argumentación detrás de ciertas piezas es inexistente o, al menos, inarticulada.
«Si no eres capaz de defender tu obra, ¿entonces qué?» se plantea a menudo. Esta situación no solo genera frustración, sino que también subraya una de las debilidades más grandes de una porción del arte contemporáneo: la incapacidad de sus autores para comunicar el «porqué» de su creación. En ocasiones, la única respuesta es un insulto, como sucedió en un encuentro con un conocido artista, una reacción que denota la falta de recursos para un debate constructivo.
El Papel Sanitario de Martin Creed: El Caso de Art Basel Miami
Un ejemplo paradigmático de esta problemática se vivió en Art Basel Miami, frente a una obra del artista Martin Creed que consistía en papel sanitario. Al interrogar a la curadora de la exposición y a la galerista sobre por qué esa pirámide de papel de baño era considerada arte, la respuesta fue, nuevamente, el silencio.
Las preguntas eran directas y esenciales: «¿Por qué es arte? Y si no me puedes contestar eso, ¿dónde lo compraste? ¿En Walmart, como cualquier otro? ¿Tú hiciste la pirámide, tú lo acomodaste?» La evasión de estas preguntas básicas no solo es frustrante, sino que pone de manifiesto una falta de conexión entre la pieza, su supuesto significado y la explicación que se le puede dar al público. Este tipo de encuentros con artistas y expertos del sector demuestran una recurrente incapacidad para argumentar a favor de sus propias obras en mesas redondas y encuentros especializados.
La «Diarrea Verbal» de los Curadores y la Desconexión con el Público
La falta de una argumentación sólida por parte de los artistas se ve a menudo acompañada por textos curatoriales que, lejos de clarificar, complican aún más la comprensión. Los catálogos y salas de exposición se llenan de lo que algunos críticos denominan «diarrea verbal»: textos grandísimos, hipercomplicados, atiborrados de términos supuestamente filosóficos, antropológicos y sociológicos.
Pero, como señala el experto en arte Antonio García Villarán, el hecho de que los curadores tengan esta «diarrea verbal» no significa que estén diciendo algo relevante. Peor aún, no significa que estén logrando un contacto genuino con el público. Muchas veces, al leer estos textos, uno se encuentra con piezas literarias bien escritas, pero que no tienen nada que ver con la obra a la que acompañan. Son textos tan genéricos que podrían aplicarse a cualquier otra creación, perdiendo por completo su función explicativa y contextual.
Este enfoque hace un flaco favor a la gente, alejándola del arte. Aunque siempre habrá quienes se esfuercen por encontrar un sentido o construir una historia en su cabeza para justificar que una montaña de papel sanitario es una gran obra de arte, la falta de una explicación honesta y argumentada, o incluso la ausencia de cualquier justificación, los deja en el vacío.
El Futuro del Arte Contemporáneo: ¿Un Hundimiento Solitario?
La persistencia de esta tendencia, donde la explicación y la argumentación brillan por su ausencia, podría llevar a una inevitable consecuencia. Si el arte contemporáneo, en su expresión más hermética y auto-referencial, sigue sin ofrecer un diálogo claro y accesible con el espectador, se arriesga a un «hundimiento solitario».
La falta de conexión, la incapacidad de defender la propia obra y el uso de un lenguaje incomprensible son obstáculos que impiden al público acercarse y apreciar lo que se supone que es una expresión artística. Para que el arte realmente impacte y perdure, necesita, al menos en parte, ser comprendido o, al menos, poder ser defendido y explicado por aquellos que lo crean y promueven.
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