Flecha 2020: Un Recorrido Singular por el Arte Asequible y la Reflexión Contemporánea
Desde la vibrante capital, me adentro en Flecha, la primera feria de arte que visito en este 2020, un evento que se presenta como una alternativa a la reconocida ARCO. La peculiaridad de Flecha 2020 comienza en su ubicación: un centro comercial. Esta elección, aunque en un principio puede parecer extraña, define una experiencia única y una interacción con el arte muy diferente a lo habitual. Fundada en 1992, diez años después de ARCO, Flecha (la flecha del arco) nació con la intención de ser un complemento, una exposición colectiva que ha demostrado ser un éxito rotundo.
El formato de la feria es singular. Caminar entre obras de arte mientras la gente toma café o pasea, crea un ambiente que rompe con la solemnidad tradicional de otras ferias. Lo primero que llama la atención es la transparencia en los precios y los puntos rojos que indican obras vendidas, un claro signo del éxito comercial de la propuesta. El arte en Flecha es, en su mayoría, asequible, lo que lo hace accesible a un público más amplio. Es una feria «cálida», con un enfoque muy decorativo, un aspecto que, como crítico de arte, siempre me invita a la reflexión: ¿es el arte, ante todo, decorativo?
La Convivencia del Arte y lo Cotidiano
La experiencia en Flecha se distingue por la curiosa convivencia de las obras con elementos del día a día del centro comercial. Ver una escultura junto a un cajero automático o un puesto de manicura es, sin duda, un efecto extraño. Sin embargo, y a pesar de la cercanía con establecimientos como Zara Home —que ofrecen objetos que, si se les pusiera un precio elevado, podrían pasar por piezas de arte—, la obra de arte mantiene su identidad y se distingue claramente de su entorno comercial. Esta interacción es uno de los puntos más interesantes para observar la percepción del arte en un contexto no convencional.
Entre las obras expuestas, encontramos desde grabados con una estética que evoca a Banksy, pero con un lenguaje propio, hasta piezas de Antonio Barahona a precios muy razonables. La feria destaca por ofrecer una gran cantidad de fotografía de corte bucólico, esculturas variadas y propuestas que, aunque en ocasiones carecen de la profundidad discursiva que busco, invitan a la reflexión sobre lo que es arte hoy en día. Sin embargo, algunas creaciones, como ciertas telas pegadas o composiciones en tonos rojos, me agotan rápidamente; no les encuentro un contenido o discurso que las sostenga más allá de la primera impresión estética. En palabras llanas, diría que algunas de estas obras me parecen muy «random», demasiado aleatorias.
De Maestros Revisionistas a la Búsqueda de un Discurso Propio
La feria exhibe una interesante selección de obras que dialogan con el clasicismo del siglo XX. Es común ver esculturas que recuerdan a Chillida o Oteiza, o grabados atribuidos a Dalí —cuya autenticidad y el papel de sus ayudantes siempre generan debate, especialmente por sus precios asequibles (400 euros por un Dalí es sorprendente)—. También destacan las reproducciones digitales de Antonio López, que, aunque de alta calidad, son eso: copias firmadas que añaden un valor sentimental, pero no original. Lo que se observa en Flecha, y en gran parte del arte contemporáneo, es una constante revisión de las vanguardias del siglo XX.
El trabajo de artistas como José Ignacio Hernández Larburu, con sus figuras solitarias, evoca directamente el estilo de Edward Hopper, demostrando cómo los artistas actuales retoman caminos ya explorados para crear obras que, si bien son reminiscentes, mantienen su propio pulso. Esta «reinvención» es una característica clave. En mi recorrido, también me he topado con algunas obras que, con mi particular sentido crítico, consideraría «han parte» (un juego de palabras que empleo para referirme a piezas que, a mi juicio, tienen poca sustancia o simplemente no logran conectar). Desde filtros de aire con pintura acrílica hasta dibujos de aparente inocencia infantil, la frontera entre lo que conmueve y lo que no, es muy personal.
Conclusiones: Una Feria Necesaria para Despertar el Interés
Tras mi visita, mis conclusiones sobre Flecha 2020 son claras. Es una feria amable, sin obras que «chirríen» o resulten incomprensibles para el gran público. No hay arte que asuste o genere rechazo inmediato, lo que la convierte en una plataforma ideal para la introducción al mundo del arte. Su accesibilidad, tanto en precio como en la facilidad de comprensión de las obras, permite que la gente se interese, se acerque y, quizás, dé el salto a explorar ferias más complejas o a profundizar en el arte contemporáneo.
Aunque la mayoría de las obras se enmarcan en un «clasicismo del siglo XX» o son revisiones de movimientos pasados, y apenas he encontrado lo que llamaría «han parte», esta feria cumple una función vital. Ofrece una experiencia gratuita, fácil de recorrer y, sobre todo, una oportunidad para despertar el interés por el arte en un público diverso. En definitiva, Flecha es una feria necesaria que abre puertas y demuestra que el arte, en sus múltiples formas y contextos, puede ser para todos.
¿Qué te parecen las ferias de arte en espacios no convencionales? ¿Crees que el arte asequible y más «decorativo» es una buena puerta de entrada? Comparte tus comentarios y no olvides suscribirte a mi canal de YouTube para más análisis y reflexiones sobre el fascinante mundo del arte.








