El Jardín de las Delicias de El Bosco: Desmenuzando el Misterio del Tríptico Original
¡Antonio, Antonio! Es hora de abordar una de las obras más enigmáticas y fascinantes de la historia del arte: **El Jardín de las Delicias** de Hieronymus Bosch, conocido por todos como El Bosco. Prepárense para una inmersión profunda al más puro estilo Villarán. ¿No les parece que este cuadro es como un «Dónde está Wally» sacro, con un sinfín de detalles y personajes?
Desde el momento en que El Bosco pintó esta obra, ha estado envuelta en misterio, despertando la curiosidad y la imaginación de prácticamente todo el mundo. Pero, ¿por qué genera tanta expectación con la poca información que realmente tenemos sobre su creador?
El Enigma de El Bosco: Una Vida en las Sombras
Como ya he comentado en el vídeo «13 Cosas sobre El Bosco» (si aún no lo has visto, te lo dejo por aquí), apenas existen documentos sobre su vida. De hecho, Antonio de Graty, el primer biógrafo de El Bosco, aseguró que en esta obra se podían apreciar cosas tan placenteras y fantásticas que «en modo alguno se podían describir a aquellos que no las hayan visto». ¿Qué significa esto? Pues que, definitivamente, tienes que ir a ver el cuadro en persona. Yo, cada vez que visito Madrid, no me pierdo la oportunidad. Pero, mientras tanto, te lo voy a desgranar de principio a fin, mirando cada detalle, cada figura, cada monstruo, cada pequeña cosa.
Jheronimus Bosch: El Artista y su Éxito Inesperado
Jheronimus provenía de una familia de pintores; tanto sus padres como su abuelo y sus tres hermanos se dedicaban al oficio. Si hubiera nacido en una familia de zapateros, habría hecho zapatos, o si hubiesen fabricado cojines, habría hecho cojines. ¡Imagina que en el siglo XVI hubiesen inventado el móvil y él hubiera puesto una tienda de carcasas! Era un hombre práctico, pero se las arregló muy bien.
Y es que, atención, Jheronimus tuvo lo que en aquel entonces se conocía como un «braguetazo» para asegurarse una posición social y económica ventajosa. Ya lo decía Virginia Woolf: «Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción». Pues esto mismo, pero aplicado a Jheronimus. Tal como comentaba Virginia, si Shakespeare hubiese tenido una hermana con su mismo talento, no habría tenido la más mínima oportunidad de alcanzar su nivel: primero, porque no habría recibido ningún tipo de educación; segundo, habría tenido que cuidar a sus hijos, llevar la casa y atender a su marido. ¿Cómo escribiría esa mujer?
Pues eso mismo les sucedió a los hermanos de Jheronimus. Él mismo tuvo que buscarse la vida, y no solo pintó cuadros, sino que también realizó trampantojos (esas pinturas murales arquitectónicas que mostraban lugares inexistentes en la pared) y hasta doró cuernos de alce, lo típico para ganarse el sustento. Con el tiempo, su hermano mayor heredó el taller del padre y, con él, el derecho al uso del apellido familiar «Van Aken». Parecía que la vida no le sonreía mucho a Jheronimus Van Aken, pero un golpe de suerte lo cambió todo: se casó con una mujer rica, 25 años mayor que él, y entonces todo empezó a irle de maravilla.
Así, Jheronimus se encontró no solo con su «habitación propia», sino con un verdadero palacio propio, asegurándose una vida propicia para su nuevo nombre: El Bosco. Pintó cuadros curiosos y maravillosos para que, quizá, yo los analizara en un futuro.
Un Título, Múltiples Interpretaciones: La Evolución de «El Jardín de las Delicias»
Volvamos a **El Jardín de las Delicias**, este maravilloso tríptico que El Bosco pintó posiblemente en 1503. Fue un encargo de la familia de Nassau, a propósito del casamiento de Enrique III. La intención era ofrecer a este canal una guía didáctica de lo que estaba bien y lo que estaba mal, los pecados y las virtudes; en fin, una visión de conjunto de las ventajas y los peligros de la vida cristiana.
Actualmente lo llamamos así, pero como ocurre con la mayoría de la pintura antigua, el título con el que se le conoce no es el original. Después de permanecer tres generaciones en manos de los Nassau y tras ser confiscado durante la Guerra de Flandes por el Duque de Alba, Felipe II lo adquirió para entregarlo al Monasterio de El Escorial. Felipe II era un gran amante del arte y consiguió muchos de los cuadros que hoy día se encuentran en el Museo del Prado (algunos comprados y otros, bueno, digamos que no).
En El Escorial, la obra fue descrita como «una pintura de tabla al óleo con dos puertas de la variedad del mundo cifrada con diversos disparates de Jerónimo Bosco que llaman del madroño». Un título un poco largo, ¿verdad? Fray José de Sigüenza, el bibliotecario del monasterio, se extendió aún más en su descripción: «La otra tabla de la gloria vana y breve gusto de la fresa o madroño y su olorcillo que apenas se siente cuando ya es pasado, es la cosa más ingeniosa y de mayor artificio que se puede imaginar».
Pero en 1700, en el inventario de El Escorial, lo resumieron bastante y lo llamaron simplemente «Pintura de la Creación del Mundo». Más tarde, en 1857, Vicente Polero publicó un catálogo de El Escorial y se acercó un poco más al título actual, llamándolo «De los deleites carnales». Finalmente, cuando fue trasladado al Museo del Prado en 1939, recibió el nombre que conocemos hoy: **El Jardín de las Delicias** o de las Delicias Terrestres, esto tras una restauración en 1777 que reveló su deterioro. Antonio Ponz, el historiador, fue quien le dio este nombre.
Un Vistazo al Tríptico: Formato y Dimensiones
Cuando te colocas frente a este cuadro, ves tantísimas cosas y personajes haciendo de todo que, aunque es muy bonito, no entiendes nada. Algunos elementos parecen completamente surrealistas. Para ayudarte a comprenderlo, lo primero que hay que decir es que no es un óleo sobre lienzo, sino una pintura realizada sobre madera. Se compone de tres partes, es decir, es un tríptico. La tabla central mide 2,20 x 1,95 metros y las laterales 2,20 x 0,97 metros. Además, se abre y se cierra.
Tiene una peculiaridad significativa: los trípticos normalmente se pintaban para la iglesia, pero este no. Aunque El Bosco sabía muy bien lo que hacía al dotarlo de ese halo eclesiástico. Observa muy bien a las personas que aparecen en alguna de las escenas: ¿algunas están trabajando o cuidando a sus hijos? No, ¿verdad? Todas se encuentran en una gran fiesta, sin darse cuenta de que así no pueden estar toda la vida, pues la felicidad dura muy poco y tienen otras obligaciones. Eso es precisamente lo que El Bosco quiere condenar: el pecado. Esta obra es profundamente moralista: el pecado es malo, las virtudes son buenas.
El Principio de Todo: El Panel Exterior (Tercer Día de la Creación)
Vamos a empezar por el principio: el principio de los principios, el principio original de la Creación del Mundo, plasmado en la parte trasera del cuadro cuando el tríptico está cerrado. Concretamente, esto representa el tercer día de la creación. Como puedes ver, es un disco en el que hay una bóveda celeste y, debajo, agua. El Bosco probablemente pensaba que bajo la tierra siempre había agua. Algunos teóricos, como Tom Lane, han llegado a decir que simboliza la fragilidad del universo, pero tú y yo sabemos que esto es simplemente la representación de la Tierra plana.
Desde el siglo XIV y hasta mucho después, la gente creía que la Tierra era plana, y que su creador, Dios Padre, estaba arriba a la izquierda, leyendo su Biblia. O quizás, mi libro, El Arte: No tener talento, una revolución que aún no ha leído… ¡hasta Dios lo ha leído! Si no lo has leído, te lo dejo en la descripción, es un muy buen libro (no porque lo haya escrito yo, claro). Se creía que este Dios había creado el mundo y la vida; él lo dijo y todo fue creado. Sabemos que es el tercer día porque solo hay formas vegetales y minerales, y los tonos grises inundan la escena, pues en ese momento no había sol, ni luna, ni color. Aunque, por otra parte, creo que El Bosco conocía muy bien su oficio: cuando te encuentras un tríptico en blanco y negro y luego lo abres y aparece tanto color, aquello parecía magia, como efectos especiales.
Además, es un tríptico porque el número tres era considerado el número perfecto, completo, que encierra el principio y el fin: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Otros dicen que esto representa la Tierra tras el diluvio universal, por unos nubarrones negros que hay arriba. Interpretaciones hay muchas, y eso es muy bueno. Podría ser también porque la parte de abajo es todo agua y la Tierra flota en ella. ¡Una fantasía!
Este mundo en forma de disco está formado por zonas planas y por zonas accidentadas, con montañas, rocas de cantos vivos, árboles individuales y grupos de árboles, extrañas formas frutales parcialmente abiertas o abriéndose, de las que nacen espinas curvadas. Parece que todo estaba a medio hacer. Hay historiadores que dicen que todas estas formas simbolizan la fertilidad y la sexualidad. Y, de hecho, cuando abrimos este tríptico, veremos estos temas muy presentes. Parece que estas frutas abriéndose y estas espinas curvadas se han convertido en un paisaje maravilloso, un poco surrealista, futurista, orgánico, lleno de imaginación y fantasía.
El Panel Izquierdo: El Edén y la Promesa del Paraíso
Dios Padre es muy productivo, porque el sexto día ya pobló la Tierra de animales de todo tipo, después creó a Adán y Eva, al primer hombre y a la primera mujer. Y bueno, a la mujer la creó para «cargárselo todo», evidentemente. ¿Esta perspectiva no es excesivamente machista? Dios Padre la sedujo, la estructuró, la sacó de una costilla y luego la usó para gastar en sus vicios y quedar como un señor.
En esta tabla no se representa el primer Paraíso Terrenal del Antiguo Testamento, sino la promesa del Paraíso del alma del Nuevo Testamento. De ahí viene el sentido alegórico del alma en estado de gracia, y El Bosco lo propone para alentar la buena conducta.
Aquí vemos a Dios en el centro, con una túnica rosada, muy a la moda, perfectamente vestido en el paraíso. Sin embargo, Adán y Eva están desnudos, como Dios los trajo al mundo (si Adán y Eva fuesen youtubers o instagramers, estarían censurados). Vemos cómo Dios, en el cuerpo de Jesucristo, toma a Eva de la mano y se la presenta a Adán. Le dice: «Mira, Adán, te he quitado una costilla, te he hecho una mujer y te la doy para, en fin, para que sea lavada de esta manera». Fíjate cómo Adán está sentadito como en un trono natural, y Eva está arrodillada, de nuevo, muy machista. Incluso la posición del marido a la izquierda y la esposa a la derecha se ha usado muchísimo en la historia del arte.
Según nuestro amigo Tom Lane, Adán se vuelve de la visión interior de Dios al exterior de Eva, en su gracia pálida y esbelta. Eva es ya la imagen de la seducción, y en la mirada de Adán vemos el primer paso al pecado. En fin, casi que cosifican a Eva, a la mujer, y la ponen como la que hará pecar a Adán, el «bueno». Como en cualquier videoclip del pintor este, Maluma.
Además, la creación de Adán y Eva es un prototipo del sacramento del matrimonio: la unión del hombre y la mujer en una confirmación divina: «Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueva sobre la tierra». Era una época muy animalista, literalmente el hombre se encontraba muy por encima de los animales e incluso se creía capaz de dominar el animal que llevaba dentro. Esto se representa en el cuadro mediante una composición jerárquica. Vemos a la parejita sobre una franja formada por dos líneas de animales que, por cierto, algunos son un auténtico jeroglífico. ¡Fíjate en este monje pez leyendo un libro, seguramente mi libro también! Muchos de los animales no existen hoy día porque se supone que eran animales del paraíso.
Particularmente, a Eva se le atribuye un agujero de agua y unos conejitos a su alrededor. El conejo, desde entonces, significa conejo. Y, como decía, el predilecto de Dios era Adán, por eso lo ponía a su derecha, y a la izquierda ponía a la que no era su favorita, a la «mala». ¿Quizá esto de la derecha y la izquierda tendrá algo que ver con la política o con la visión que tenemos de la política?
Adán está sentado sobre un drago, un árbol muy especial, símbolo de lo positivo porque su savia, que es como la sangre, es también una medicina curativa. Está rodeado de una parra con uvas y unas hojas un tanto extrañas, pues El Bosco solía moldear las hojas pequeñas y amorfas, pero estas son planas y redondas, como las hostias consagradas. ¿Qué quiere decir esto? Pues que ninguno de los elementos en **El Jardín de las Delicias** es casual, todo está súper pensado.
Por ejemplo, en la mitad superior de la tabla hay una fuente, ¿qué es esto? La Fuente de la Vida, la fuente del paraíso. En lugar de representarla como una fuente románica o gótica, como era lo habitual, tiene forma orgánica y es rosita, como el traje de Dios, como el traje de Cristo. Todo va conjuntado. Todo esto tiene mucho sentido, porque no olvidemos que es el paraíso: todo esto ocurre cuando el ser humano no tenía la necesidad ni de trabajar, ni de hacer edificaciones, ni fuentes, ni iglesias, ni hipotecas, ni de trabajar en la oficina, ni nada de nada. Además, la fuente se encuentra sobre una agrupación de piedras preciosas. En la Edad Media, era un elemento habitual: la fuente del paraíso simbolizaba la fertilidad y la pureza.
Pero hay más: en el disco central, en medio, aparece un pajarito. ¿Qué es este pajarito? Es una lechuza, que representa la oposición satánica en la obra de la creación. En todo lo bueno hay algo malo, y El Bosco nos quiere decir con todo esto que en toda la naturaleza creada hay un potencial, pequeño pero importante, de hacer el mal o de producir maldad. Esto se da siempre que uno tiene autonomía sobre las cosas, es decir, que podemos hacer lo que nos da la gana, aunque también se supone que tenemos que saber domesticarlo. También aparece el Árbol del Conocimiento con las manzanas y la serpiente, la serpiente que va a incitar a Eva a pecar. Supuestamente, de este árbol se extrajo la madera para hacer la cruz donde crucificaron a Jesucristo.
Como a El Bosco le gusta mucho el drama, fíjate en todos los elementos que pone al lado de Eva, la pecadora: además de pintar la serpiente del Pecado Original, pinta una roca hueca y ausente de vida vegetal, consecuencia del pecado. Pinta también alimañas, una protuberancia en la roca que parece lo que parece y que, por supuesto, está inspirada en la obra de Dalí… Ah, no, que Dalí fue posterior, entonces, ¡al revés! Y una cara grotesca formada por una nariz de roca, unos labios de serpiente (¡qué simbólico!) y un ojo de escarabajo. Todo esto, por supuesto, lo usaron después los surrealistas, pero vamos, es un poco creepy para ser la tumba de Adán, pues ya sabrás que se ha llegado a representar incluso como una calavera literal.
Pero para compensar, en el extremo derecho de la fuente, El Bosco pinta un pavo real, algo bello, además considerado opositor a la serpiente, y que también alude a la redención del Pecado Original. Como el paraíso también representa el estado del alma, y además está muy cercano a Dios, todo está muy bien organizadito, muy bien ordenadito y vigoroso. Dentro de ese orden, los símbolos positivos de Adán: por una parte, el elefante, que simboliza la fuerza, la inteligencia, la castidad y la templanza; por otra, el unicornio, que purifica el agua. También está la cierva que busca el agua para beber, como David dice en el Salmo 24:23: «Como las ciervas sedientas buscan las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios». Además, están los animales con cuernos y los patitos, las aves con picos largos, todo esto simboliza lo masculino (por el pico largo, digo yo).
Y a la izquierda de Cristo, pues Eva con todos sus símbolos negativos: así pensaba la Iglesia antes y quizá así piensa la Iglesia hoy todavía. A la izquierda está con la tumba, la serpiente, las cuevas, el estanque oscuro, en fin, todo lo malo. Incluso el cisne, que, aunque es un animal puro, está con el cuello hacia arriba mostrando su soberbia. Como la jirafa, que también hace lo mismo: ¿qué pasa con la jirafa? Tiene la cara hacia abajo, tiene cara de mala leche, ¿no te parece? Está como enfadada, tiene las patas traseras echadas hacia atrás como si fuese a atacar. Aunque, por otra parte, también se parece a Eva, parece que está en cierto modo arrodillada. Por cierto, esto de poner animales exóticos como el elefante o la jirafa tiene un sentido geográfico, porque se creía que el paraíso supuestamente estaba entre Palestina y la India. El Bosco no los conocía en persona, sino que tenía acceso a libros a los que otra gente no tenía acceso.
Volviendo a la composición: la parte de Adán es mucho más geométrica, al igual que el propio cuerpo de Adán, un cuerpo muy bien formado, el cuerpo del hombre. Sin embargo, la parte de Eva es más sinuosa, como el cuerpo femenino, al menos a los ojos de El Bosco. Dentro de esta organización, hasta los animales están agrupados por especies. En fin, esto no tiene absolutamente nada que ver con el panel central, porque en el panel central ocurre la anarquía. Los pecados, la expulsión…
Pero esto no te lo voy a contar hoy. Te lo contaré el jueves que viene, porque por hoy ya está bien, **El Jardín de las Delicias** da para mucho. No olvides suscribirte y compártelo si te ha gustado. ¡La semana que viene te cuento los siguientes dos paneles!
Nos vemos muy pronto.
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