¡Hola a todos los amantes del arte y las historias insólitas! Soy Antonio García Villarán, y hoy quiero compartir con vosotros una noticia que ha generado un gran revuelo en el mundillo artístico. Se trata de un incidente que nos hace reflexionar sobre los límites del arte, la seguridad en los museos y, por qué no, el aburrimiento creativo.
La historia es la siguiente: un guardia de seguridad en su primer día de trabajo, en un museo ruso, encontró el aburrimiento como su musa. ¿Su ocurrencia? Dibujar unos ojos a un cuadro de arte abstracto que formaba parte de la exposición. Este hecho, ocurrido el 7 de diciembre de 2021, aunque resonó más tarde, ha dado mucho de qué hablar. Fueron dos visitantes quienes, semanas después, notaron algo extraño en la obra: esos ojos pintados con bolígrafo simplemente no encajaban.
Para contextualizar, la obra se exponía en el Centro Yeltsin de Rusia, dentro de una exposición de arte abstracto.
Puedes ver la historia completa y mi análisis en el siguiente video:
Tres Puntos de ‘Indignación’ Artística
Sinceramente, hay tres aspectos de este suceso que me han dejado perplejo y, a la vez, fascinado:
- La obra en sí. En una exposición de arte abstracto, ¿qué hacía este cuadro evidentemente figurativo, con tres figuras claramente reconocibles? ¡Mal, muy mal!
- La intervención del guardia de seguridad. Un hombre de 60 años decide pintar ojos a una obra… ¿Y solo a dos de las figuras? La figura central quedó sin ojos. Si vas a cometer un acto de este tipo, ¡al menos hazlo con cierta coherencia artística! (Es una broma, por supuesto, pero la omisión es curiosa).
- La gestión del museo. Lo más indignante es que la denuncia tardó semanas en llegar. ¿Qué hacían los responsables durante todo ese tiempo? ¿Intentaron ocultarlo? ¿Hubo dudas sobre cómo proceder? Inexplicable.
El vigilante fue despedido de inmediato tras ser identificado por las cámaras de seguridad y confesar su aburrimiento. Pero, ¿es justo su despido? Cualquier acto vandálico no tiene justificación, a no ser que el guardia se autoproclamara un artista, un artista contemporáneo o conceptual. Si hubiese dicho: «No, no, es una performance, forma parte de mi obra», la historia sería diferente.
Cuando el Vandalismo se Convierte en Arte (o Intento de Arte)
La historia del arte está repleta de episodios donde las obras han sido intervenidas, vandalizadas o resignificadas, a veces por los propios artistas o por otros. Te voy a contar cuatro ejemplos que te harán «flipar»:
1. El Plátano de Cattelan y su Ingreso
Recordaréis el famoso plátano de Maurizio Cattelan, pegado con cinta adhesiva a la pared. Pues bien, otro artista lo despegó y se lo comió, interviniendo la obra e, incluso, ingiriéndola. ¿Es esto una nueva obra de arte? En el arte contemporáneo, donde Manzoni enlató sus heces como obra, la línea es muy difusa. Puedes verlo en el video a partir del minuto 3:00.
2. La tinta de Hirst y el Juicio Invertido
Un artista vertió un bote de tinta en una obra de Damien Hirst (el de los tiburones y lunares), específicamente en un animal de granja conservado en formol. La piscina de formol se volvió negra. Hirst lo llevó a juicio y el artista tuvo que pagar una fortuna. Pero la historia dio un giro: Hirst utilizó la foto de la obra «intervenida» en uno de sus catálogos. El otro artista le demandó entonces por usar su intervención para beneficio. Una auténtica locura de juicios y contrajuicios. Este caso se detalla en el video desde el minuto 4:10.
3. El Urinario de Duchamp y la Invitación a Dialogar
El famoso urinario de Marcel Duchamp, con sus múltiples copias expuestas en museos, ha sido orinado por al menos seis artistas, entre ellos Brian Eno. Ellos defendían que estaban dialogando con la obra de Duchamp, que la pieza era una invitación a esa interacción. ¿La forma de dialogar? Sacándosela y meando, ¡una performance en toda regla! Descubre más sobre esto a partir del minuto 5:25 del video.
4. El Guernica de Picasso y el Marketing Artístico
En 1974, un hombre con un bote de spray escribió «Kill lies all» (Mata todas las mentiras) en el Guernica de Picasso en el MoMA de Nueva York. Gritó que era un artista y llamó a los restauradores. Fue una operación de marketing, pues había avisado a los medios de comunicación. El MoMA no lo denunció, y el tal Tony Shafrazi se convirtió en un marchante de arte de renombre, trabajando con figuras como Keith Haring y Jean-Michel Basquiat. Un ejemplo de cómo un acto transgresor puede ser un trampolín profesional. Este fascinante incidente se comenta en el video desde el minuto 6:40.
¿Era el Guardia de Seguridad un Artista Conceptual?
Si nuestro guardia de 60 años hubiese actuado como un artista conceptual, sus acciones podrían haber sido interpretadas de mil maneras:
- Visibilizar a la mujer artista: Podría haber argumentado que pintó los ojos para poner en el foco a Anna Reízkina, la artista del siglo XX relativamente desconocida, para que el mundo la investigue.
- Crítica social: Quizás su intención era denunciar los precios desorbitados de ciertas obras, la falta de seguridad en los museos o la propia ‘ceguera’ del sistema.
- Diálogo con la obra: Como Banksy, que pegó sus propias obras en museos para generar debate, el guardia podría haber dicho: «Mi obra consiste en pintar ojos a las obras de otros artistas, para dialogar con ellas, para que abran los ojos al mundo, o simplemente porque es mi estilo».
Además, la forma de pintar los ojos también importa. Él hizo dos círculos vacíos, una «mirada vacía». ¿Por qué no ojos realistas, cerrados, o incluso una nariz o boca? Su ‘aburrimiento’ no le permitió ir más allá.
Consecuencias y el Gesto Inesperado
Al final, ¿en qué quedó todo? La empresa de seguridad pagó la restauración, que ascendió a unos 3.000 euros. La obra, por cierto, está valorada en casi un millón de euros. El Ministerio de Cultura ruso lo catalogó como acto vandálico, no como intento de destrucción, lo que evitó una pena de cárcel mayor. La multa para el guardia fue de 40.000 rublos (aproximadamente 500-600 euros) y 360 horas de trabajo comunitario. ¿Barato, verdad?
Pero, más allá de las sanciones, hay un resultado positivo inesperado: se ha puesto el foco en la artista original, Anna Reízkina (a veces transcrito como Ana Reyeskina), una alumna de Kazimir Malévich, el suprematista. Era una artista con apenas presencia en internet, y ahora, es muy probable que su obra se revalorice y se conozca más. Esto, paradójicamente, gracias a la ‘intervención’ de nuestro guardia de seguridad de 60 años.
Atentar contra las obras de arte es una constante en la historia: la Ronda de Noche de Rembrandt, La Danae, la Venus del Espejo de Velázquez (acuchillada por una sufragista), la Gioconda (de la que ya hablé en otro video en mi canal de YouTube) y la Piedad de Miguel Ángel (golpeada con un martillo). Parece que el arte y la transgresión están condenados a convivir.
¿Qué Opinas Tú?
Ahora me gustaría saber tu opinión. ¿Crees que el hombre era un simple guardia de seguridad aburrido o un artista conceptual incomprendido? ¿La multa fue justa, demasiado baja o excesiva? ¿Crees que la obra quedaba mejor con esos ojitos pintados o te gustaba más en su estado original?
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