Romero Britto: El Arte de la Controversia y el Merchandising
Durante años, muchos me habéis pedido que hable sobre Romero Britto. Recientemente, mi viaje a Miami me brindó la oportunidad perfecta para conocer de cerca su trabajo y sus galerías, lo que me ha dejado con una serie de reflexiones que no puedo dejar de compartir.
El Encuentro en Miami: ¿El Artista Más Coleccionado del Mundo?
Hace unos días, mientras visitaba el vibrante ambiente artístico de Miami, explorando Wynwood y Downtown, me topé con la tienda o galería de Romero Britto. Junto a Bin Fran y Karina, entramos, y un joven de traje nos abordó con la pregunta: «¿Conocéis al gran artista Romero Britto?».
Al confirmarle que sí, conocíamos su nombre, el joven hizo una afirmación sorprendente: «No sé si sabréis que es el artista internacional más coleccionado del mundo». Mi reacción fue inmediata: «¿Más que Picasso?». Con absoluta convicción, respondió que sí, justificándose con que Britto no solo vende obra original, sino también una gran cantidad de merchandising.
Esta distinción me encendió una alerta. Si el merchandising se considera obra original para coleccionistas, algo no encaja. Si analizamos la cantidad de merchandising de Picasso vendido a lo largo de la historia, la comparación se vuelve aún más ridícula. Pero la conversación no terminó ahí.
El joven continuó, asegurando que Romero Britto es «el único que tiene la licencia para hacer interpretaciones de cuadros de Picasso, de Dalí, de Miró…». Otra vez, tuve que interrumpir. Hacer interpretaciones de obras está al alcance de cualquiera; otra cosa muy distinta es copiarlas literalmente, falsificar la firma de Picasso, por ejemplo, y venderlas como si fueran suyas, lo cual es una estafa. La idea de que Britto sea el «único en el mundo» con licencia para interpretar obras de grandes maestros me pareció, francamente, indignante. En ese momento, sentí que la información que se nos estaba dando era, cuanto menos, engañosa.
El Incidente de la Manzana: La Actitud Detrás del «Artista»
Recordé un incidente que tuvo lugar hace unos años, protagonizado por Romero Britto y una mujer. Ella entró en su establecimiento con una escultura de una manzana (por cierto, bastante horrible) de porcelana o barro. Britto estaba firmando autógrafos y, en un acto de rabia, la mujer cogió la escultura y la estrelló contra el suelo delante del artista.
¿La razón? Esa obra había sido un regalo de su marido, y ella era la dueña de un restaurante al que Britto había ido a desayunar. Según su relato, Britto humilló al personal, tratándolos de muy malas maneras. Les ordenó bajar la música, les dijo que no le miraran a los ojos y que no le hablaran. Ella describió cómo Britto, que había pedido un desayuno para veinte personas de un menú de 8 dólares, encima exigió un descuento. Para ella, la experiencia fue humillante; él las insultó y las hizo sentir «peor que esclavas». El silencio del personal fue lo que más le dolió.
Romero Britto, por su parte, emitió un comunicado en redes sociales advirtiendo sobre el peligro que representaba la obra rota para él o para terceros. La dueña del restaurante respondió con perspicacia: «Si tus esculturas son tan peligrosas, quizás deberían ser retiradas de todas las casas donde estén». Una observación que me lleva a pensar: ¿sus obras no son aptas para tener en casa?
Romero Britto: ¿Un Bob Ross Brasileño sin Formación?
Nos encontramos ante un personaje con un ego desmedido. A nivel artístico, mi percepción es clara: cero. Está sobrevalorado. Esa «manzana horrible», por ejemplo, le costó al marido de la empresaria 800 dólares; yo no la querría ni regalada.
Quizás te preguntes: ¿quién es este supuesto «Bob Ross brasileño»? Investigando, se descubre que su historial artístico es bastante difuso, a pesar de sus afirmaciones de haber expuesto en el Louvre o el Reina Sofía, y de contar con coleccionistas importantes. Sospecho que «exponer en el Louvre» podría significar tener una taza decorada en la tienda de souvenirs, pero no puedo confirmarlo.
Romero Britto nació en Brasil en 1963, en una familia numerosa. Él mismo cuenta que empezó a pintar en periódicos debido a la pobreza. Curiosamente, en los años 80 sirvió en el ejército brasileño, al igual que Bob Ross se alistó en la fuerza aérea estadounidense. Britto no tiene formación artística conocida, y esto, para mí, se nota en su obra. Solo menciona haber viajado a Europa, visitado Francia y el Louvre, de donde dice haber «aprendido mucho». Sin embargo, ese aprendizaje no se refleja en su trabajo.
Se autodenomina autodidacta. Si aún no lo has visto, te invito a ver mi vídeo «Autodidacta es absurdo», porque la figura del autodidacta como tal es, en mi opinión, absurda.
A los 20 años, Britto llega a Miami y se dedica incansablemente a buscar a famosos para fotografiarse con ellos, una estrategia que ha mantenido durante toda su vida. Su propia galería en Miami está repleta de fotos suyas con presidentes, futbolistas, modelos y actores. Esto me recuerda a Marlon Orozco, la joven hispana que se hizo viral por el mismo motivo, aunque ella no supo capitalizarlo como Britto.
Su golpe de suerte llegó con una potente marca, Absolute Vodka, que decidió lanzar una campaña con nombres como Andy Warhol, Keith Haring y Romero Britto. El diseño de sus botellas de Absolute Vodka, según sus biografías, lo catapultó al estrellato. O eso dicen.
Crítica Artística: ¿Bazar, Parvulario o Arte?
Mi opinión sobre su obra es contundente: sus pinturas parecen sacadas de un bazar. Sus diseños son lo mínimo que se despacha en un estudio de segunda. Sus cuadros, valorados en más de 200.000 dólares (no sé por quién), me producen vergüenza ajena. Son imágenes que parecen hechas por niños de parvulario, un «pinte y coloree» infantil. Y lo peor es que, al menos, él no se sale de las rayas, lo cual no sé si es mejor o peor.
En conclusión, para mí, su obra ni siquiera debería considerarse arte. Son malos diseños, cutres, básicos, infantiles; afiches para colorear pintados por alguien que no tiene nociones de dibujo, ni de color, ni de composición. De dibujo, es evidente que ni ha oído hablar.
Las «Obras Maestras» de Britto: Un Análisis Detallado
Resulta que existe un vídeo en la red titulado «12 Obras Maestras del artista Romero Britto». ¡Doce! Veamos qué clase de maestría encontramos:
- El Abrazo (1993): Un muñeco con la cara dividida en amarillo y color carne, brazos extendidos y hombros descoyuntados, manos con dedos que parecen haber sido picados por diez avispas. El colorido y la composición son nulos. No lo pondría ni en el cuarto de un niño pequeño.
- Jaquel Nina (1994): El mismo personaje del abrazo, lo que sugiere que solo sabe dibujar un tipo de cara. Ojos reducidos a dos líneas, un corazón en el pecho, y una bandera de Estados Unidos que no podría ser más básica. Los estampados ochenteros trasnochados son lamentables. Si esta obra te emociona, posiblemente tengas un problema.
- La Cat (1995): Dicen que es una mezcla de cultura pop y cubismo, lo cual es mucho decir. Al verla, hasta Damien Hirst me parece bueno. Esos puntos de colores… en fin.
- El Amor Florece (1998): Aquí vemos a dos figuras que parecen hermanos enamorados, con las mismas caras. Manos hinchadas por una posible reacción alérgica y pies mutilados, sin dedos. Un brazo parece roto. Sinceramente, me daña la vista. Esos corazones, espirales y estrellitas que a veces añade son, para mí, peores que los de Miró. Para contrastar, observa el amor en obras de Chagall o Edward Munch. La diferencia es abismal.
- Un Nuevo Día (2001): Un corazón gigante y básico. ¿Quién se cree que es, Ágatha Ruiz de la Prada? Esto no es más que lo que hacen los niños en el instituto cuando se aburren. Si esto es una obra maestra, entonces yo soy Van Gogh.
Entre otras de sus «obras maestras» se encuentran la cabeza de una vaca, una horrible cara de la Princesa Diana (2007), o un torso masculino que parece haber sido mal operado, con cicatrices en el vientre y unos pezones que te miran fijamente o de los que, cuidado, parecen salir rayos láser.
Su obra es repetitiva hasta el hartazgo, una formulita horrible que, por alguna razón, se vende en todo el mundo. Nos contaron en Miami que tiene más de doce tiendas por el planeta, algunas incluso en aeropuertos. ¿Son tiendas de souvenirs o galerías de arte que pretenden llegar al mundo entero? La verdad, no lo sé.
No pinta cuadros complejos porque, literalmente, no sabe pintar, y mucho menos dibujar. Pero, si tú quieres aprender, te invito a conocer los cursos de mi academia online, Crea13. Incluso, Romero Britto, te lo regalo si te animas a mejorar; mi único interés es verte progresar.
La estrategia de Britto consiste en reinterpretar personajes conocidos como Mickey Mouse o la Mona Lisa, o cuadros famosos de Van Gogh, Dalí o Picasso. Añade esos colorines y planos de color horribles, y la gente, al reconocer las obras originales, piensa: «¡Ay, si son los girasoles de Van Gogh! ¡Qué bonito! Seguro que es tan bueno como Van Gogh». Ya te digo que no.
Para mí, este artista no está ni en la liga de un Toys «R» Us. Si alguien me ofreciera una obra de Romero Britto, ni pagándome la tendría en mi casa. Sus precios desorbitados me impulsaron a crear este vídeo.
La Estrategia de Marketing: El Arte de la Felicidad (para él)
Debo reconocer que su web está muy bien estructurada. Sin duda, sabe vender. Y en eso sí podemos aprender de Romero Britto: cómo vender arte, pero siempre sin engañar. Ha invertido mucho tiempo y dinero en hacer que su obra parezca lo que no es. Al abrir su web, te recibe el eslogan «El arte de la felicidad». Me pregunto, ¿la felicidad para quién? Sospecho que solo para él.
Su cuenta de Instagram, con tres millones de seguidores (¿serán bots?, no lo sabemos), es un escaparate constante de fotos suyas con famosos. Es casi una performance forzada. Hay imágenes con el Papa (que parece un fotomontaje y donde el Sumo Pontífice parece deseando irse), o incluso con Homer Simpson (lo he buscado y no he encontrado que haya aparecido en Los Simpson, ¿nos está engañando?).
Una foto me llamó especialmente la atención: Britto con una niña y un «Golden Ticket». No, no le está regalando dinero. La descripción aclara que es una influencer con más de 80 millones de suscriptores. Él se acerca a quien le interesa por su alcance, no por el contenido de su trabajo. Este «humilde youtuber» de casi millón y medio de suscriptores, en cambio, se posiciona en la acera de enfrente.
Reflexión Final: ¿Por Qué Tanto Éxito?
No diré que Romero Britto es un estafador, porque la gente compra lo que quiere. Si ha logrado «engañar» a tantos, al final, la responsabilidad es del comprador. Es un mercado libre. Pero, ¿cómo la gente famosa se fotografía con él? ¿Cómo las grandes marcas confían en este tipo de obra? ¿Y cómo este mal gusto, elevado a la enésima potencia, vende tanto?
A las personas que os gusta Romero Britto, o que habéis comprado algo de su obra, de verdad, ¿qué os pasa? Ponédmelo en los comentarios, os ayudaré a salir de ahí.
En la red se lee que «sus influencias modernas, sus colores llamativos y su trabajo lúdico lo llevaron a convertirse en uno de los más grandes de su generación». Sinceramente, no puedo con esto. Hay otros artistas en el panorama contemporáneo como Marta Minujín o Los Zapatas, de los que quizás hable en otro vídeo si este alcanza el millón de visitas. ¡Así que compartid y reventad el botón de «Me gusta»!
Y un mensaje para mi amiga Abelina Leper: Me encantaría saber tu opinión sobre Romero Britto. Sé que lo conoces y has estado en Miami. Quizás puedas arrojar algo de luz sobre este «artista» que, según algunos, es uno de los más grandes de su generación.
Gracias por ver este vídeo. Nos vemos muy pronto en AntonioGarciaVillaran.es y en mi canal de YouTube.








