La Autoría en el Arte Moderno: ¿Crear o Dirigir? Un Debate Crucial
En el mundo del arte contemporáneo, la definición de autoría es cada vez más compleja. ¿Es un artista quien «toca» físicamente su obra, o puede su visión creativa extenderse a la dirección y supervisión de un equipo? Esta es una pregunta que resuena profundamente en el estudio de artistas y creadores, tal como se aborda en este revelador debate.
Si eres de la idea de que el artista debe producir su obra con sus propias manos – como muchos de nosotros, incluyéndome, que pintamos nuestros propios cuadros – ¿qué opinas de aquellos que no tocan sus obras?
Puedes profundizar en esta conversación y otras reflexiones sobre el arte y el proceso creativo visitando el canal de YouTube de Antonio García Villarán.
A continuación, te invitamos a ver el primer segmento de la discusión:
La Delegación en el Proceso Creativo: ¿Dónde está el Límite?
La respuesta a la pregunta inicial, sobre si el artista toca o no su obra, a menudo depende de la naturaleza de la obra misma. Una cosa es crear una elaborada maquinaria de marketing y posicionarse como un «artista marca», y otra es que este modelo sea comprendido y aceptado por el público.
A menudo, la delegación es inevitable, especialmente en disciplinas como la escultura. Si se busca una escultura de bronce de diez metros, se necesita un equipo de personas, casi como construir una casa. El proceso puede implicar el modelado inicial en barro por parte del artista, seguido por operarios que realizan el molde, la fundición en bronce y todos los pasos subsiguientes, bajo la supervisión del creador, desde la pátina hasta los retoques finales en la cera antes del bronceado. En este escenario, el artista sigue activamente el proceso y toma decisiones clave.
Pero, ¿dónde se traza la línea?
Artista como Creador vs. Artista como Manager
El dilema surge cuando el rol del artista se desdibuja entre el creador y el manager. Una cosa es guiar un proceso, y otra muy distinta es simplemente encargar una obra, por ejemplo, «hacedme un autorretrato de cera saliendo del suelo» sin proporcionar bocetos, ideas previas, o ninguna dirección creativa substancial.
En este último caso, el artista no está actuando como creador, sino más bien como un gestor. Su rol se centraría en asegurar que la obra, producida por otra persona, se posicione correctamente en el mercado. Si toda la retribución, la fama y el dinero recaen exclusivamente en este «manager» sin que su aporte creativo sea significativo, entonces sí podría considerarse un acto tramposo. Sin embargo, es perfectamente comprensible que un escultor no modele en 3D o que un pintor no funda un bronce, delegando estas tareas a equipos especializados.
La complejidad de la autoría se ilustra mejor con ejemplos concretos:
El Caso del Maniquí 3D: Una Reflexión sobre la Co-autoría
Un ejemplo personal que ilustra esta distinción es la creación de un maniquí 3D. Se realizaron los bocetos iniciales a lápiz en directo en Twitch. Meses después, un diseñador 3D creó un modelo idéntico a los dibujos, incluyendo detalles como el movimiento de los dedos. A pesar de haber solicitado y corregido este diseño, el maniquí no se considera una obra de arte propia. Es una herramienta para pintar, un diseño que se ha liberado para que cualquiera pueda imprimirlo en casa. Si se quisiera otra copia, se encargaría el diseño a la misma persona u a otra, pero sin reclamar la autoría artística completa.
Aquí, si se considerara una obra de arte, habría una clara co-autoría. La idea y los bocetos originales son fundamentales, lo que otorga una mayor parte de la autoría al creador del concepto. Luego, el operario que realiza el modelo 3D contribuye con la ejecución técnica. El artista conceptual aún corrige y dirige, lo que refuerza su posición como autor principal. No obstante, no se diría «este maniquí lo he hecho yo» de forma exclusiva, reconociendo la contribución del técnico.
Pero, ¿cómo se resuelve la cuestión de los créditos y la autoría en estos casos, especialmente en el arte comercial o «de fábrica»?
Resolviendo la Cuestión de los Créditos: Lecciones del Cine y Murakami
La industria del cine ha resuelto en gran medida el problema de la autoría en obras colaborativas. Las películas de «autor», como las de Pedro Almodóvar, llevan su nombre en el título, pero los créditos finales enumeran a decenas o cientos de personas que contribuyeron a la obra. Este modelo de dar crédito a cada persona implicada es una solución funcional.
El artista contemporáneo Takashi Murakami lo aplica en su estudio. Detrás de algunos de sus cuadros, que involucran a numerosas personas, se listan los créditos, a veces con quince o veinte nombres. Aunque el comprador adquiera un «Murakami», el artista se asegura de dar crédito a cada colaborador, ya sea por sueldo, contrato o porcentaje. Esta transparencia es clave.
Este sistema de créditos, similar al del cine, podría ser la solución para el arte «de fábrica» de artistas como Jeff Koons y otros. Reconocer y dar visibilidad a todas las manos y mentes involucradas en la producción de una obra de arte es esencial para una comprensión honesta y ética de la autoría en el siglo XXI.
La discusión sobre la autoría y la colaboración en el arte es vital. Te animamos a seguir explorando estos temas y muchos otros en www.antoniogarciavillaran.es y en el canal de YouTube de Antonio García Villarán.








