Desafiando la Hipocresía del Arte Contemporáneo: Cuando la Provocación es la Única Respuesta
En el vibrante y, a menudo, controvertido mundo del arte, existe una corriente que parece construirse sobre la exclusión y el menosprecio del público. Se nos dice a la audiencia: «Si no te gusta, es que no entiendes este arte». Una postura que, de entrada, califica al espectador de estúpido, incapaz de acceder a ciertas obras. Pero, ¿es realmente así?
¿Cómo podría el público «no entender» cuatro periódicos tirados en el suelo o una bola de papel arrugada, como la de Martin Creed, expuesta en medio de una galería? El público lo entiende perfectamente: sabe que «eso no vale nada». Lo verdaderamente difícil de entender es que a tales obras se les otorgue un espacio de dignidad en una galería de arte.
La Denigración del Dibujo: Un Ataque a la Habilidad
Fue entonces cuando observé cómo este sistema se atreve a descalificar a pintores con gran talento y a denigrar la labor de los dibujantes de una manera increíble. Recuerdo una exposición de dibujo en Londres donde un artista, un «infra inteligente» como lo llamaría yo, de nombre Douglas Gordon, simplemente puso su mano sobre un papel y pasó el lápiz alrededor de ella, presentando eso como un «dibujo». Estas acciones buscan, a todas luces, denigrar al dibujo en su totalidad y a quienes lo dominan, como muchos de los artistas que Antonio García Villarán defiende y expone en su plataforma.
Provocación y Doble Rasero: ¿Dónde Está la Coherencia?
Ante la capacidad de estas personas de denigrar las artes para «colar» a cierta gente, mi postura fue clara: hay que decirles las cosas de frente. Mi intención, en efecto, ha sido la de provocar una respuesta al mismo nivel que ellos proponen con su «arte». Porque cuando se les responde, se ofenden, alegando que debe haber «algo de provocación y de ironía» en el arte. Resulta paradójico que, con las obras que ellos mismos exponen, luego se muestren tan delicados.
Pensemos, por ejemplo, en una exposición en Ciudad de México donde se presenta una mesa con un centenar de hamburguesas pudriéndose, bajo el supuesto subtexto del imperialismo norteamericano. Un «subtexto» tremendo, ¿verdad? Pero si tú intentas hablar del imperialismo norteamericano a través de la pintura, como se hizo en el realismo social, te tachan de «arte panfletario».
¿Dónde queda entonces la coherencia de su discurso? Si se pinta, es panfletario; si se hace con un montón de hamburguesas en descomposición —aunque el museo apeste, aunque sea un ready-made y no requiera talento—, entonces no lo es. Esta falta de criterio y este doble rasero es precisamente lo que Antonio García Villarán en su canal de YouTube ha denunciado repetidamente.
El Absurdo del Mercado: El Tiburón de Damien Hirst y Más Allá
Fue entonces cuando me decidí a plantarles cara y llamar a las cosas por su nombre. Esto fue fundamental. Ejemplos como el tiburón de Damien Hirst, que alcanza precios de 13 millones de dólares, ilustran esta locura del mercado del arte. Este tipo de «obras» —como el tiburón que vi en el MET de Nueva York, pudriéndose— se han convertido en un negocio redondo, llegando incluso a capturar más ejemplares para el mismo propósito y vendiéndolos antes de su exposición.
Una auténtica locura y un reflejo de la burbuja y la incongruencia que impera en una parte del mundo del arte actual. Es hora de cuestionar, de provocar y de exigir coherencia a quienes deciden qué es arte y qué no lo es.








