La Mona Lisa es un Retrato de Segunda: La Verdad Detrás del Icono Global
Alguien tenía que decirlo, y ese alguien soy yo. La Mona Lisa es, sin rodeos, un retrato de segunda. Antes de que cierres esta página, te invito a escuchar mis argumentos y luego, con toda la información, formes tu propia opinión. No pretendo decir que Leonardo da Vinci fuese un mal pintor, artista o inventor; eso sería faltar a la verdad. Pero sí sostengo que el retrato de la Gioconda, en sí mismo, no tiene nada de especial.
Cuando observo las multitudes aglomeradas frente a este cuadro en el Louvre, me pregunto: ¿qué criterio artístico mueve a estas personas? Es cierto que muchos medios la califican como la obra de arte más famosa del mundo, y en eso les daré la razón. Pero famosa no es sinónimo de la mejor.
Para una perspectiva completa, te invito a ver el video donde exploro a fondo esta polémica:
El Mito de la Fama: ¿Marketing o Maestría?
La razón por la que la Gioconda es tan conocida radica en una estrategia de marketing brutal, una campaña que, sorprendentemente, surgió casi por casualidad y que aún hoy se mantiene. El objetivo final, parece, es que la gente acuda al museo para fotografiarse junto a ella, más que para apreciar su valor artístico. (Puedes ver este punto en el video a partir del minuto 0:40).
El Robo que lo Cambió Todo (1911)
La agresiva campaña de publicidad que catapultó a la Mona Lisa a la fama mundial comenzó en 1911. Ese año, la obra fue robada del Museo del Louvre por un ladrón italiano llamado Vicenzo Peruggia. Contradiciendo el mito popular, no fue un elaborado atraco cinematográfico; la seguridad de los museos en aquella época era prácticamente inexistente, y robar cuadros era relativamente sencillo. De hecho, el personal del museo no se percató de la ausencia del cuadro hasta un día después del hurto.
Este retrato estuvo desaparecido durante dos años, y esa fue, sin duda, la mayor campaña de publicidad que se haya hecho en la historia del arte. Durante esos 24 meses, la imagen del cuadro apareció en periódicos y medios de comunicación de todo el mundo. Se escribieron innumerables artículos, y se especuló sin cesar sobre el ladrón y sus motivos. Incluso llegaron a arrestar a figuras como Apollinaire y se sospechó de Picasso. (Puedes ver el relato del robo en el video a partir del minuto 1:20).
Peruggia, lejos de ser un genio criminal, era un ladrón «cutre». Había trabajado en el Louvre un año antes del robo, lo que le permitió conocer el sistema y saber cómo descolgar el cuadro y el mejor día para llevárselo. Así, un lunes, cuando el museo estaba cerrado, simplemente descolgó el cuadro, se lo puso bajo el brazo y salió por la puerta.
Cuando fue capturado, Peruggia argumentó que su intención era devolver el cuadro a Italia, afirmando que Napoleón lo había robado. Sin embargo, esta afirmación era completamente errónea: el cuadro fue comprado por Francisco I de Francia en el siglo XVI. Además, Peruggia tenía una lista de coleccionistas en Estados Unidos a quienes planeaba vender el retrato. La realidad dista mucho de la narrativa romántica o patriótica que se le intentó dar.
La Gioconda, antes de su robo, pasaba desapercibida, era «un retrato más». Pero tras el incidente, y alimentada por un torrente de «tonterías» y especulaciones mediáticas (que si el ladrón se había enamorado de la retratada, que si era un héroe nacional), la Mona Lisa se convirtió en un icono. De repente, todo el mundo quería una postal o una reproducción de ese «maravilloso» cuadro, sin que nadie se preguntara: ¿tiene este cuadro la calidad para tanta fama? (Ver explicación de Peruggia y la falsa narrativa en el video a partir del minuto 3:00).
La Mona Lisa como Obra de Arte: Un Análisis Crítico
A raíz de su creciente fama, empezaron a correr ríos de tinta sobre aspectos supuestamente únicos del cuadro. La famosa «sonrisa de la Mona Lisa» es un ejemplo. A mí, personalmente, me da coraje, porque ni está sonriendo de verdad ni está seria; es una media sonrisa que no sonríe con los ojos y apenas con la boca. Y la idea de que «te mira» si te mueves de lado a lado es una falsedad. Cualquier retrato del siglo XVI, XVII o XVIII, medianamente bien pintado, con brillo en el ojo y pupilas oscuras, generará un efecto similar. No es un cuadro en 3D, es una simple técnica visual común en la época. (Puedes ver la crítica a la sonrisa y la mirada en el video a partir del minuto 4:20).
En cuanto a la composición, es una composición triangular, sencilla, básica diría yo. Si comparamos la Gioconda con artistas contemporáneos de Leonardo, la cosa se pone interesante:
- Retratos de Durero o Tiziano.
- Los magníficos autorretratos de Sofonisba Anguissola.
- Los retratos de El Greco, que a mí me gustan muchísimo más.
- Los retratos de Lavinia Fontana (siglo XVII) o de Vermeer.
La Gioconda dista mucho de ser el mejor retrato del Renacimiento. (Ver comparaciones con otros artistas en el video a partir del minuto 5:20).
De Obra de Arte a Icono Pop
La campaña de publicidad de la Gioconda no se detuvo ahí, sino que siguió en aumento gracias a la apropiación y reinterpretación artística. Nuestro querido amigo Marcel Duchamp, por ejemplo, contribuyó enormemente a su fama con su famosa obra dadaísta L.H.O.O.Q., donde le añadió un bigotito y una perilla a una postal de la Mona Lisa, cachondeándose de la idea de la obra de arte original. Esta obra, presente en todos los libros de historia del arte, hizo que la Gioconda fuera aún más famosa. (Duchamp, en el video a partir del minuto 6:00).
Y cómo no iba a contribuir Salvador Dalí a este fenómeno. La Mona Lisa ha sido objeto de cuentos, novelas, obras de teatro, películas, óperas y, por supuesto, incontables memes. Todo esto es parte de una gigantesca y agresiva campaña de publicidad que ha convertido este retrato en un omnipresente icono de la cultura pop, incluso en chistes o referencias indirectas en series de televisión o películas. (La influencia de Dalí y la cultura pop se discute en el video a partir del minuto 6:20).
Los Verdaderos Retratos de Leonardo: Más Allá de la Gioconda
De las apenas 20 pinturas conocidas de Leonardo da Vinci, ¿es realmente la Gioconda la mejor? Sinceramente, creo que no. ¿Tiene acaso más interés que La Última Cena? ¿Es mejor que su cuadro de La Virgen y el Niño con Santa Ana? No, ni compositivamente ni en calidad pictórica. (Ver comparaciones con otras obras de Leonardo en el video a partir del minuto 7:00).
Es más, dentro de los propios retratos que hizo Leonardo, tengo uno favorito que, en mi opinión, tiene mucho más interés que la Gioconda: La Dama con el Armiño.
Mientras que la Gioconda se presenta muy tiesa, mano con mano, mirando al frente sin apenas movimiento, La Dama con el Armiño tiene una posición mucho más interesante. Está girada, tiene un gran movimiento en la cabeza y esa mano que sujeta al armiño, casi como una garra, le confiere una vitalidad que la Gioconda no posee. Creo que es un retrato doble: ella podría ser una personificación del armiño, o quizá este animal represente una parte de su personalidad. (Análisis de La Dama con el Armiño en el video a partir del minuto 7:40).
Si investigas un poco, descubrirás que el armiño es una de las cien especies invasoras más dañinas del mundo y que solía cazarse mucho por su piel, muy suave. Algunos estudios sugieren que la luz que ilumina a la dama venía de una ventana a su derecha, ahora perdida. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Dónde estaba esa mujer? ¿Qué estaría mirando la dama del armiño por esa ventana? Estas son las preguntas que un gran retrato debería inspirar, y que la Gioconda, a mi parecer, no logra con la misma intensidad.
Incluso otro retrato de Leonardo, con una mirada que «te taladra», me parece mucho más interesante que la Gioconda. Sinceramente, cualquiera de sus dibujos anatómicos es más importante y de mejor calidad que este famoso retrato. (Puedes ver esta reflexión en el video a partir del minuto 8:50).
¿Qué Opinas Tú?
Ahora que has escuchado mis argumentos, me encantaría saber tu opinión. ¿Crees que la Mona Lisa es una obra maestra insuperable? ¿O pensabas que era muy buena, pero mis palabras te han hecho dudar? ¿Se merece realmente el lugar que ocupa en la historia y la cultura popular? ¿Podríamos tomar cualquier otro cuadro de la historia, escribir óperas, cuentos y novelas sobre él, y alcanzaría la misma fama? Yo creo que sí.
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PD: Al final, cada uno tiene su «armiño» favorito. Yo, con mi gato de las niñas, me lo pasaría genial si Leonardo me pintara con él. Lástima que los gatos de casa no existían tal y como los conocemos en aquella época. ¡El armiño es el nuevo gato!








