Creatividad Artificial: El Cuadro del Algoritmo Obvious en Christie’s y el Futuro del Arte
Imagina esta escena: un cuadro, pintado no por un ser humano, sino por una máquina, es subastado en la prestigiosa casa Christie’s y alcanza una cifra asombrosa de más de 400.000 dólares. No es ciencia ficción, es el ahora. Es la historia de Obvious, un algoritmo que ha conseguido pintar una obra original, vendida específicamente por 432.500 dólares. Este evento ha encendido un debate crucial: ¿puede una máquina ser verdaderamente creativa? ¿Son los algoritmos los nuevos artistas del mañana?
Desde el mismo momento de la subasta, la noticia generó un revuelo sin precedentes en el mundo del arte. Un hito que nos obliga a cuestionar las bases de la creación artística y el papel de la tecnología en ella.
¿Quién es el verdadero artista? La máquina o sus creadores
Vamos a desgranar la cuestión principal. ¿Fue la máquina quien creó la obra, o fueron sus desarrolladores? Detrás del algoritmo Obvious hay tres jóvenes programadores que idearon este sistema. La máquina, con este algoritmo como guía, pintó no solo un cuadro, sino una «familia» entera. La pregunta es evidente: ¿eligió la máquina la temática o fueron ellos? Lo más probable es que la decisión creativa recayera en los desarrolladores.
Así pues, la máquina actúa como una herramienta, una sofisticada extensión de la voluntad de sus creadores. Ellos son, en esencia, los artistas que, mediante esta tecnología, han materializado una obra. Esto nos lleva a reflexionar sobre la autoría y la intención en el arte, elementos tradicionalmente asociados al ser humano.
La calidad de la obra: ¿Un golpe de efecto o un hito artístico?
Más allá del morbo de la máquina que pinta, ¿qué hay de la obra en sí? He tenido la oportunidad de ver el cuadro que se vendió, y sinceramente, no me parece que tenga un interés artístico significativo. La composición está descompensada, la técnica borrosa y carece de una personalidad definida. Si esta misma pieza hubiera sido pintada por un artista contemporáneo cualquiera, no le prestaríamos la menor atención. No es una obra excepcional ni fundamental en la historia del arte.
A pesar de que lo haya pintado una máquina, mi veredicto es claro: es una pieza de arte de muy baja calidad. Esto plantea la cuestión de si el valor de una obra recae en su origen o en su mérito intrínseco. ¿Estamos otorgando más importancia al «quién» que al «qué»?
Personificación vs. Realidad: El «Efecto Gatito»
Quizás estamos cayendo en la trampa de personificar en exceso las acciones de estas máquinas. Me recuerda mucho a lo que me pasa con mi gatito: cualquier cosa que hace me parece extraordinaria, digo «¡qué listo es!», «¡mira cómo anda!», «¡mira lo que hace con la cara!». Es la misma maravilla que sentimos ante un animal, que por su propia naturaleza nos asombra.
Con las máquinas, sucede algo similar: «¡mira, una máquina que ha pintado un cuadro!», «¡mira qué maravilla, un retrato!». Pero, ¿qué clase de retrato es? A veces, la ejecución de estas obras me recuerda más al famoso Ecce Homo de Borja que a una pieza de arte refinada.
Hablando del Ecce Homo, por cierto, Cecilia Giménez, la restauradora, sí que fue una «máquina» de generar debate y atención mediática. Su intervención generó una conversación mundial que todavía resuena, lo que me hace pensar que deberíamos hacer un crowdfunding para que restaure la Monalisa, que ya está un poco deteriorada. ¡A ver con qué nos sorprende!
El Algoritmo como Herramienta: ¿Un Pincel más?
En mi opinión, el algoritmo terminará siendo una herramienta más a disposición de los artistas, un nuevo pincel digital o una paleta de posibilidades expandida. Pero, ¿podrá una máquina algún día discernir nuestros gustos, o decidir qué obra de arte debe ser creada hoy? Lo dudo. El arte ha sido, y sigue siendo, una expresión profundamente humana.
La historia detrás de estos algoritmos es fascinante. El de Obvious, por ejemplo, se basa en la confrontación de dos redes neuronales: una que genera imágenes y otra que las evalúa. Han introducido miles de retratos, desde el Renacimiento hasta la actualidad, y la máquina generadora intentaba crear imágenes nuevas, mientras la evaluadora discernía si eran originales o creadas por una máquina. El objetivo es que la generadora «engañe» a la evaluadora. Esto tiene más que ver con el test de Turing que con la calidad artística. Es un logro tecnológico, sin duda, pero ¿la obra que genera es de calidad? ¿Es algo que podría hacer cualquiera? Si es así, entonces Obvious sería un «pintor» o una «pintora» del montón, una máquina pintora del montón.
El «Nuevo Rembrandt» y el Valor de la Unicidad
Aún más interesante me pareció el intento de 2016, cuando un algoritmo consiguió pintar un «nuevo Rembrandt». Basándose en 346 pinturas del maestro, el algoritmo identificó rasgos faciales y patrones de color para crear una obra que parecía suya. Sin embargo, esto no es un «nuevo Rembrandt», es una falsificación. La máquina se convierte en una falsificadora digital.
¿Qué valor puede tener una obra si una máquina, al pulsar un botón, puede generar esa misma imagen una y otra vez, miles y millones de veces? Si no es una obra única, creo que carece de valor intrínseco en el sentido artístico tradicional. En mi caso, como pintor, si quisiera replicar exactamente una de mis obras originales, como la que hice en Suiza, me sería imposible. La iluminación, el sentimiento del momento, el contexto… todos esos factores hacen que cada obra humana sea irrepetible.
Para mí, el arte va más allá de la mera reproducción o generación de imágenes; es la expresión de una experiencia, de una emoción, de una mirada única. Puedes explorar más sobre mi proceso creativo y mis obras en Mi Obra. También te invito a mi canal de YouTube Antonio García Villarán para seguir mis reflexiones sobre el arte y la cultura.
El Factor Banksy: ¿Marketing Puro?
Curiosamente, en la misma subasta donde se vendió el cuadro del algoritmo, también se subastó una nueva obra de Banksy. ¿Y qué pasó? Nada. Se vendió por un precio inferior a la obra que se autodestruyó en su día. ¿Será que esa famosa autodestrucción fue, en realidad, una brillante estrategia de marketing?
Esto nos hace reflexionar sobre el papel del marketing, la historia y la narrativa en el valor que asignamos al arte. En el caso del algoritmo Obvious, la historia de «la máquina que pinta» es tan jugosa que eclipsa, quizás, la calidad real de la obra. Un buen ejemplo de cómo el contexto y el relato pueden influir enormemente en la percepción y el precio de una pieza artística.
Este vídeo es un ejemplo de las reflexiones que comparto sobre el mundo del arte. Puedes ver el contenido completo y otros análisis en mi canal de YouTube: Antonio García Villarán.








