Hoy nos sumergimos en el fascinante universo del Barroco sevillano para explorar la figura de Juan de Valdés Leal (1622-1690), un pintor cuya obra, a menudo eclipsada por la dulzura de Murillo, revela una profundidad y un dramatismo únicos. Valdés Leal no solo fue un maestro del claroscuro y la composición, sino también una personalidad compleja, cuya «malas pulgas» y rivalidad con otros artistas son parte de su leyenda. A través de sus lienzos, nos adentraremos en la filosofía de la Vanitas, la crudeza de la época y la búsqueda de la autenticidad artística.
Valdés Leal: El Contrapunto Oscuro de Murillo
Mientras que Murillo era la «gran estrella» de la Sevilla barroca, conocido por su amabilidad y sus representaciones idealizadas de la Virgen y los santos, Valdés Leal forjó una reputación muy diferente. Se le conoció como el pintor «más oscuro», y sus obras, como las del Hospital de la Caridad, son testimonio de su predilección por temas de gran intensidad emocional y realismo descarnado.
Las crónicas de la época lo describen como un hombre de «malas pulgas», propenso a las peleas y celoso de su talento, no queriendo que nadie le hiciese sombra. Aunque otras fuentes lo pintan como una buena persona, lo cierto es que la historia de los artistas suele embellecer estas anécdotas para construir personajes más rotundos. Sea como fuere, esta percepción contrasta fuertemente con la imagen afable de Murillo, aunque, como veremos, Valdés Leal fue mucho más que un pintor de lo macabro.
Luz, Composición y el Arte de la Puesta en Escena
Uno de los aspectos más cautivadores de la obra de Valdés Leal es su dominio de la luz y la composición. Sus cuadros no solo cuentan una historia, sino que la escenifican con un dramatismo teatral, llevando al espectador a sumergirse en la atmósfera que crea. Trabaja las poses de sus modelos de una manera que busca la profundidad y la expresividad, explorando el claroscuro de forma magistral para potenciar la narrativa de la obra.
La Vanitas: Un Espejo de la Condición Humana Barroca
El Barroco fue una época de contrastes extremos: guerras, epidemias, un mundo sumido en la oscuridad y la incertidumbre, donde la religión ostentaba un poder inmenso. En este contexto, surge la idea de la Vanitas, un concepto recurrente en la obra de Valdés Leal y de otros pintores barrocos. La Vanitas nos recuerda nuestra fugacidad, la insignificancia de las glorias terrenales, y la certeza de la muerte. La imagen del cráneo y otros elementos simbólicos son una constante advertencia al ser humano de su mortalidad.
El Barroco, en sí mismo, es a menudo sinónimo de lo absurdo y lo grotesco. Las poses en la pintura barroca, por ejemplo, son a menudo antinaturales, casi imposibles de replicar físicamente sin «romperse los huesos», lo que demuestra la libertad creativa de los artistas para transmitir emoción y movimiento, más allá de la mera representación realista.
Trayectoria y Obra: De Taller a la Academia
La trayectoria de Valdés Leal fue la de un pintor barroco clásico. Se formó en el taller de Herrera el Viejo y consolidó su carrera entre Sevilla y Córdoba. No todas sus obras tienen el mismo grado de acabado, lo que sugiere la posible intervención de su taller, una práctica común en la época.
Una de sus obras más icónicas es el In Ictu Oculi y el Finis Gloriae Mundi, ambas en el Hospital de la Caridad de Sevilla. En una de ellas, se representa el cadáver putrefacto de un papa, con gusanos. Se cuenta que Murillo, al verla, dijo que estaba tan bien pintada que había que verla con la mano en la nariz, por el realismo del mal olor que parecía desprender. Esta anécdota, aunque quizá exagerada, ilustra la potencia y el impacto de su arte.
Una Cruzada por las Mujeres Artistas
Un dato fascinante es que la mujer de Valdés Leal era pintora, y su hija también trabajó como ayudante en el taller. Sin embargo, ¿dónde están sus obras? ¿Por qué no conocemos sus nombres ni sus creaciones? Esta es una «cruzada barroca» necesaria: desempolvar la historia y buscar a las mujeres artistas que, sin duda, existieron y contribuyeron al arte, pero que no han sido investigadas ni reconocidas lo suficiente. Si alguien conoce alguna, ¡comparta la información!
La Fundación de la Primera Academia de Sevilla
Valdés Leal fue también una figura clave en la creación de la primera academia de arte de Sevilla, junto a Murillo y Herrera el Mozo (hijo de Herrera el Viejo, su antiguo maestro). Esta institución, germen de lo que hoy son escuelas y facultades de bellas artes, se ubicó en lo que hoy es el Archivo de Indias. Valdés Leal, a cargo de la tesorería, gestionaba los fondos para cubrir gastos esenciales como el carbón para calentar a los modelos, quienes a menudo posaban por la noche, en «sesiones nocturnas» de dibujo.
La academia tenía como objetivo principal enseñar a dibujar y pintar. Una anécdota curiosa de la época cuenta que un pintor italiano llegó a la academia y, rompiendo con la ortodoxia de la época, empezó a dibujar usando carboncillo y miga de pan para sacar luces, logrando un dibujo magnífico. Se dice que Valdés Leal se enfureció tanto que lo expulsó, incapaz de admitir métodos tan poco convencionales o la genialidad ajena.
Hoy, el término «barroco» se usa a veces de forma despectiva, casi como un insulto, para referirse a lo excesivo o complicado. Sin embargo, como hemos visto con Valdés Leal, el Barroco es un periodo de inmensa riqueza artística y filosófica, capaz de conmover y provocar a través de la luz, el drama y la profunda reflexión sobre la existencia humana.
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