¿Pintó Velázquez todos sus cuadros? El misterio del taller y sus colaboradores
Damos por hecho que Diego Velázquez fue el genio solitario detrás de sus obras maestras. Sin embargo, ¿hemos considerado el papel de su mujer, sus ayudantes, sus discípulos, su esclavo e incluso otros pintores que trabajaron codo con codo en su taller? En este artículo, Antonio García Villarán nos invita a revisar la historia y cuestionar una verdad que quizás no sea tan absoluta.
El Velázquez que (casi) no pintaba
Velázquez es, sin duda, uno de los pintores barrocos más grandes de la historia, con obras icónicas como Las Meninas, Los Borrachos o Las Hilanderas. Pero hay un dato que llama la atención: a lo largo de sus 61 años de vida, solo se le atribuyen un centenar de cuadros. Esto significa que pintaba, en promedio, un cuadro y medio al año. Una cifra sorprendentemente baja si la comparamos, por ejemplo, con su contemporáneo Rubens, quien llegó a pintar 3.000 obras, es decir, ¡más de 48 cuadros al año!
La diferencia radica, en parte, en que Rubens tenía un taller enorme con numerosos ayudantes. Pero, ¿y Velázquez? La historia nos revela que él también contaba con un nutrido grupo de colaboradores.
Además, Velázquez era conocido por «pintar a la prima», es decir, sin dibujar previamente, realizando la obra casi de una sola vez. Hay documentos de la época que sugieren que a menudo dejaba cuadros sin terminar, no por un efecto artístico deseado, sino por una cierta «indolencia», como veremos más adelante.
El funcionario del rey: entre la corte y los pinceles
A los 24 años, Velázquez ingresó en la corte de Felipe IV y se convirtió en mucho más que un pintor real. Ocupó numerosos cargos que le absorbían gran parte de su tiempo:
* Ujier: el portero de palacio.
* Ayuda de guardarropa de su majestad: encargado de ayudar al rey a vestirse.
* Ayuda de cámara: responsable de preparar las habitaciones del rey y sus invitados.
* Superintendente y aposentador real: gestionaba el alojamiento y las estancias.
Con tantas responsabilidades, es lógico pensar que el tiempo para pintar era limitado. Para colmo, su amistad con el rey le permitió viajar y pasar cuatro años en Italia, donde tampoco dedicó mucho tiempo a la pintura.
Curiosamente, la «indolencia» de Velázquez no es una invención moderna. El propio rey Felipe IV se quejó de su «flama» y su «indolencia» en una carta a Sor Luisa Magdalena de Jesús, afirmando incluso que Velázquez le había «engañado mil veces». El rey también le escribió al embajador de Italia pidiéndole que hiciera regresar a Velázquez, diciendo: «ya conocéis su flama», en referencia a su tendencia a distraerse y procrastinar.
Los colaboradores silenciosos: Juana Pacheco y Juan de Pareja
Poco se habla de la vida personal de Velázquez, casi no dejó documentos ni cartas. Lo único que se sabe es que a los 24 años se casó con Juana Pacheco, hija de su maestro Francisco Pacheco. En aquella época, esta práctica era habitual. Pero lo que es aún más revelador es que Juana Pacheco era una pintora consumada, que ayudaba a su padre en el taller. Aunque hoy no se conocen cuadros firmados por ella –la invisibilidad de las mujeres artistas era la norma–, sí se sabe que trabajaba en el taller de Velázquez en la corte.
Otro personaje fundamental fue Juan de Pareja, su esclavo. De Pareja pintaba «a la manera de Velázquez» con tal habilidad que, según Palomino y Teleo, «muchos confundían cuadros pintados por Juan de Pareja pensando que los había pintado Velázquez». Palomino llegó a decir que De Pareja tenía una «singularísima habilidad para los retratos», y que había visto algunos «muy excelentes» que se «conocía totalmente la manera de Velázquez». ¿No sería posible que, entre su mujer, su esclavo y otros ayudantes, muchos cuadros atribuidos a Velázquez fueran, en realidad, obras colaborativas o incluso pintadas en gran parte por ellos?
El Taller de Velázquez: una máquina de producción artística
La idea de que Velázquez tuviera un taller con discípulos y colaboradores es algo que no debería extrañar a nadie. La tesis de María del Mar Doval Truebas, Los Velasqueños: pintores que trabajaron en el taller de Velázquez, lo demuestra claramente.
Entre los aprendices que trabajaron con él se encuentran Diego de Melgar en Sevilla y Andrés Brizuela en Madrid. Contó con un oficial, Hércules Bartoluci, y hasta su propio hermano, Juan Velázquez, al que «enchufó» en la corte. También tuvo discípulos como Francisco Burgos Mantilla, Francisco Palacios, Tomás de Aguiar y Juan de Alfaro.
Además, Velázquez colaboró con otros pintores de manera más independiente. Uno de los más destacados fue el gran Alonso Cano, cuyas obras a menudo se confunden con las del propio Velázquez. Otro colaborador clave fue Martínez del Mazo, un aprendiz con el que Velázquez emparentó al casarlo con su hija, Francisca Velázquez, repitiendo la tradición de casar al aprendiz con la hija del maestro.
La atribución: ¿quién se lleva el crédito?
Un dato crucial es que los dueños de los cuadros que salían del taller atribuían directamente la obra a Velázquez, incluso si él solo había retocado una parte o pintado una cara. ¿Por qué? Porque la marca «Velázquez» garantizaba prestigio y valor.
Los inventarios de la época son elocuentes. Por ejemplo, en la descripción de un retrato ecuestre de Felipe IV de las colecciones de Gaspar Méndez de Aro, se lee: «el caballo y cuerpo del rey de la mano de Juan Batista el Mazo y la cara del rey de Velázquez». Esto nos confirma que Velázquez, a menudo, solo ponía la cara, dejando el resto del trabajo a sus aprendices y colaboradores.
Velázquez también realizaba colaboraciones con otros pintores fuera de su taller, como la que hizo con Juan de la Corte para el Palacio del Buen Retiro, o cuando retocó los retratos ecuestres de los Reyes pintados por Juan de la Corte y Antonio Puga.
Es innegable que Velázquez era un genio, y sus obras nos cautivan. Sin embargo, con tantos cargos, viajes y colaboradores, además de su fama de «flojo», es difícil afirmar que pintara cada cuadro de principio a fin. No existen documentos que lo atestigüen, y la historia nos muestra un patrón de colaboración en su taller que cuestiona la autoría individual.
El debate está abierto
¿Es Velázquez «mejor» que otros grandes maestros como Rubens, Zurbarán, Alonso Cano, Poussin o El Greco, si la autoría de sus obras no es tan clara? La verdad es que cuanto más se investiga, más dudas surgen sobre su vida y obra. Murió repentinamente, su mujer una semana después, y no se encontraron cartas.
A todos nos gusta Velázquez, y su legado es incuestionable. Pero quizás deberíamos empezar a hablar no solo de «Velázquez», sino también del «taller de Velázquez». ¿Encontraremos algún día cuadros firmados por Juana Pacheco? ¿Deberíamos considerar las obras de Juan de Pareja como parte de la producción del taller de Velázquez?
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