La Censura en el Arte: ¿Marketing o Doble Moral? Un Análisis de Egon Schiele a Courbet
Seguramente habrás oído hablar de la reciente polémica sobre la supuesta censura a la obra de Egon Schiele, ¿verdad? Soy Antonio García Villarán, y en este artículo (y el vídeo que lo acompaña) voy a profundizar en este controvertido tema.
No solo abordaré la noticia sobre Schiele, sino que también compartiré una experiencia personal de censura que viví. Antes de sumergirte, te invito a seguirme en mis redes sociales, especialmente en Instagram, donde comparto contenido a diario, y por supuesto, a visitar mi nueva web: crea13.com.
¿Censura o Estrategia de Marketing? El Caso Egon Schiele
Quizás, como yo, te has creído la noticia de la censura a Egon Schiele. Sin embargo, mi perspectiva es que esto podría ser una inteligente estrategia de marketing, y te explicaré mis razones. Lo primero que debemos considerar es el ambiente actual donde todo parece censurable y la capacidad de la gente para censurar se ha magnificado. Si publicas la imagen de un pezón, plataformas como Facebook o Instagram pueden censurártela.
Pero, ¿qué tiene de peligroso un pezón? No es más que una zona de la piel con un color diferente. Es absurdo y horripilante pixelar justo esa parte, mientras se puede ver el resto del pecho. Hace poco también salió la noticia de que en el Museo de Manchester se retiró un cuadro de William Waterhouse, alegando que cosificaba a la mujer. Si un cuadro de Waterhouse cosifica a la mujer, ¿qué decir de las revistas de moda? ¿Habría que quitarlas todas de circulación?
La situación se está descontrolando. ¿Recordáis la polémica sobre las obras de Balthus? Siempre se le acusó de provocador por pintar niñas. De hecho, sufrió mucho en vida por estas acusaciones; en su primera exposición en 1934, con seis de estos cuadros, recibió críticas tan duras que incluso intentó suicidarse. Si alguien quiere pensar mal, puede hacerlo de cualquier obra. Tomemos, por ejemplo, el retrato de Miró con su hija pintado por Balthus: ¿es un retrato familiar o algo más? La misma obra puede evocar muchas cosas, pero la interpretación reside en el observador.
Surgió la noticia de que se recogieron diez mil firmas para retirar un cuadro de Balthus del MET de Nueva York. Diez mil firmas pueden parecer muchas, ¿verdad? Pero ese museo recibe más de seis millones de visitantes al año. Es una opinión, pero creo que los medios de comunicación se aprovechan de estas «tonterías» de un grupo minúsculo de personas, a menudo con una mentalidad muy reducida. Si una obra de Balthus fuese capaz de convertir a alguien en pederasta, habría que retirar inmediatamente películas como «Lolita» y el libro de Nabokov, o las obras de Sorolla como «Niños en la playa». Cualquier cosa puede ser malinterpretada si se busca la maldad. La obra en sí misma no produce más que lo que tú decides ver en ella.
La Verdad Detrás de la «Censura» a Egon Schiele
Volviendo a Egon Schiele, para celebrar el centenario de su muerte, la oficina de turismo de Viena ha organizado una gran exposición. Mi teoría es que Alemania y Reino Unido supuestamente han colocado una franja para tapar los genitales en los dibujos del autor. ¿Por qué digo supuestamente? Porque creo firmemente que esto es una gran campaña de marketing.
Si bien han puesto estas franjas, es muy probable que en la exposición original de Viena los dibujos no las tengan. Además, si busco imágenes de Egon Schiele en Google desde Alemania o Reino Unido, supongo que tendré acceso a esas imágenes sin censura, a menos que hagan lo que ha hecho Corea del Norte. Y no solo hablo de Schiele; puedo encontrar una infinidad de dibujos, pinturas, fotografías y vídeos eróticos con otras búsquedas. Esto es un absurdo. Mi convicción es que es una estrategia de marketing para atraer visitantes a la exposición.
Se han aprovechado del hecho de que Egon Schiele sí fue censurado en vida, le quemaron dibujos e incluso lo encarcelaron por esto mismo. Cuando te dicen: «Esto no se puede ver, no entres aquí», ¿qué haces? Entras, miras. Estas acciones no hacen más que acrecentar el deseo, y es muy peligroso porque podemos caer en el radicalismo. Un ejemplo de esta doble moral es la exposición de arte erótico japonés que tuvo lugar hace pocos años en el British Museum. Allí se podían ver estampas que, aunque eróticas, algunos podrían considerar pornográficas.
La Demonización del Desnudo: Una Doble Moral Histórica
Lo peor de todo es la demonización del desnudo, tanto masculino como femenino, cuando es algo completamente natural. Todos tenemos un cuerpo desnudo. El hecho de que se tape, que no se quiera ver, que se considere «malísimo», nos llevará a acabar todos cubiertos de arriba abajo, como si viviéramos en una sociedad con miedo al cuerpo. Esto me recuerda a ciertas sociedades extremas.
La censura existía antes, cuando la Iglesia tenía todo el poder. ¿Que se lo pregunten a Miguel Ángel? Cuando pintó los desnudos en la Capilla Sixtina, el Papa Pablo III ordenó que se cubrieran, y lo hicieron al óleo, una técnica muy difícil de quitar. Miguel Ángel se llevó un cabreo monumental.
Si censuramos las obras de Schiele, ¿tendríamos que censurarlo todo? ¿Vaciar los museos? Nada de Manet, nada de Tiziano, por supuesto Rubens lo quitamos. ¿Por qué siempre les toca a los mismos? ¿Por qué siempre Egon Schiele y Rubens? No se puede tener doble moral. La historia nos ha demostrado cómo grandes mandatarios han actuado de esta manera. En 1830, la Reina Victoria de Inglaterra, al ver una escultura india regalada por el gobernador de Ceilán, ordenó que la taparan. No se puede ser tan «micro-mental».
Mi Experiencia Personal con la Censura en Bellas Artes
A mí me pasó algo muy fuerte cuando estudiaba Bellas Artes: me censuraron en un centro comercial. Vinieron a la facultad a buscar jóvenes creadores para una exposición en el centro comercial Los Arcos, en Sevilla. Allí fuimos unos cuantos y expusimos nuestras obras, incluyendo desnudos masculinos y femeninos, pues en la facultad dibujábamos y pintábamos del natural.
Me fui a comer y, al volver, uno de mis dibujos de desnudos masculinos ya no estaba. Fui al guardia de seguridad y pregunté por mi cuadro. Me dijo: «No, no, lo tenemos aquí dentro». Le expliqué que yo era el autor y que lo sacara, pero se negó: «Es que eso no se puede ver más». Me dijo que eran órdenes de «arriba». El hombre no quería devolverme mi propia obra, así que monté tal alboroto que tuvo que bajar el responsable, quien había dado la orden de retirarlo. Se armó un gran lío; al día siguiente salió en la prensa, y en la facultad de Bellas Artes también se mencionó esta censura.
El mismo señor que nos había invitado a participar me dijo que, o quitaba el cuadro, o no exponía. Así que cogí todas mis obras y me marché. Pero antes, hablé con mis amigos, todos de la misma clase y promoción. Les dije: «Esto no puede ser. Me están quitando un desnudo masculino, pero tengo desnudos femeninos que no me quitan. Vosotros exponéis desnudos femeninos que tampoco os quitan. Aquí al lado hay un quiosco de prensa donde se venden revistas eróticas, como la Playboy de entonces. ¿No deberíamos hacer algo?». Pensé que nos iríamos todos. ¿Sabéis qué pasó? No se fue ninguno. ¡Qué compañerismo! O mejor dicho, qué falta de moral. Aquello me caló profundamente.
Antes me gustaba mucho dibujar el desnudo, y lo hice durante mucho tiempo. Podéis ver dibujos míos que, si quieren censurarlos, tienen todas las papeletas para hacerlo. Para mí, son dibujos perfectamente normales y bellos que muestran el cuerpo humano como se ha hecho siempre en la historia del arte. Pero si tú quieres ver otra cosa, ese no es mi problema, es tuyo.
Naturalidad vs. Tabú: Desde la Fiesta del Falo hasta Courbet
Aquí el debate es el de la doble moral. Puedes enseñar a los niños en el colegio qué es un pene o una vagina, ¿pero no pueden verlo en un museo? ¿No se lo puedes explicar también en el museo? No tenemos que hacer como los japoneses, que celebran el Kanamara Matsuri (la Fiesta del Falo de Metal) para darle naturalidad a la fecundidad y al órgano masculino. Esto se ha hecho siempre; los romanos tenían esculturas fálicas de todos los tamaños para normalizarlo. Hace falta un poco de naturalidad.
Ahora hay una controversia completamente desquiciada: Facebook ha censurado la famosa obra «El origen del mundo» de Courbet, metiéndose en un lío importante. A todo esto, en 2004, hice una intervención de esta obra y la presenté a un concurso de poesía experimental, llamándola «El origen del mundo una». Fue seleccionada y apareció en el catálogo con total naturalidad y normalidad. Esto ocurrió en la misma época en que me censuraban mi cuadro de desnudo masculino. Por otra parte, presentaba esta otra obra a un concurso en Dos Hermanas, y no solo la seleccionaron, sino que la incluyeron en el catálogo y hoy está en una colección particular.
Reflexión Final: El Peligro de la «Micro-Mentalidad»
Espero que este análisis te haya hecho reflexionar sobre la absurda «micro-mentalidad» y la doble moral que a menudo envuelve el arte y el cuerpo humano. No pienso hacer «arte» colocando vasos de agua medio vacíos o cuatro tablas en una pared para simbolizar el cuidado de la naturaleza.
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