Villa Lesper: Antonio García Villarán y Avelina Lesper Debaten sobre IA en el Arte y la Corrupción en los Museos
¡Muy buenas! Soy Antonio García Villarán y estoy encantado de presentarles a Avelina Lesper. Juntos hemos decidido crear un nuevo espacio mensual: Villa Lesper. Un encuentro donde hablaremos desenfadadamente, sin compromiso, de lo que nos parezca relevante en el mundo del arte, las noticias del mes y todo aquello que nos apasione. La primera parte de cada encuentro se publicará aquí, en mi canal de YouTube, y la segunda en el canal de Avelina.
Pero esto no es solo cosa nuestra. Queremos que la conversación sea entre todos. Por eso, os invitamos a dejarnos vuestros temas e ideas en los comentarios. ¡Vuestra participación es fundamental para enriquecer Villa Lesper!
IA y Arte: ¿Creación o Plagio?
Para comenzar nuestro primer debate, he querido poner sobre la mesa un tema que cada vez cobra más fuerza: las Inteligencias Artificiales (IA) en el arte.
Hace poco, hablé en mi canal sobre una noticia impactante: Santiago Caruso, un dibujante espléndido y virtuoso al que conozco personalmente, junto con otros pintores y dibujantes, ha interpuesto una demanda contra plataformas de IA como Stable Diffusion. Su argumento, y el mío también, es que estas IA están “robando” obras de autores para alimentar sus algoritmos. Se estima que han usado más de cinco billones de imágenes, incluyendo las de artistas como Santiago y, probablemente, las mías, para generar nuevas imágenes que luego se comercializan.
Avelina subraya una verdad innegable: este concepto de «inteligencia» es, en esencia, falso. La IA no tiene la capacidad de crear desde la nada. Lo que hace es un “copia y pega”, un collage de toda la información visual que encuentra en la red. Esto no es creación; es plagio. Por tanto, la demanda de Santiago Caruso y de todos los artistas afectados debería prosperar, pues se trata de una injusticia enorme. Lo más indignante es que quienes utilizan estas herramientas para hacer collages ya se sienten artistas.
A esas personas, que se autoproclaman artistas sin ejercer un proceso creativo genuino, Avelina sugiere que deberíamos llamarles “i-artistas”. Es un término que, aunque pueda sonar despectivo, apunta a la falta de originalidad, similar a la trampa de quien calca y luego niega haberlo hecho. La incertidumbre del futuro es palpable, pero ya existen IA que reconocen imágenes generadas por otras IA, lo que nos da una pista de hacia dónde se dirige este camino.
El Fraude de las IA en el Mercado del Arte y la Pérdida de la Imaginación
Las IA actuales, ¿son realmente buenas? Sinceramente, no tanto. Todavía vemos aberraciones como manos con ocho dedos o creaciones que, a pesar de haber sido entrenadas con obras mías, no tienen absolutamente nada que ver con mi estilo o mi visión. Igual que nos prometieron coches voladores en el siglo XXI que aún no vemos, o coches sin conductor que han tenido accidentes, creo firmemente que las IA servirán, a lo sumo, como una herramienta más para los artistas, pero nunca como sustituto de la creación humana.
Si le pido a una IA que cree una «canina con un trapo en la cabeza y un fondo de playa», obtendrá una imagen, pero dudo que sea la canina que yo imaginé, con los pliegues de la tela que solo yo podría concebir. Esto nos lleva a la pregunta clave: ¿qué nos estamos ahorrando con las IA? Nos estamos ahorrando el ejercicio de la imaginación, el aprendizaje, la explotación de la creatividad y el cultivo personal. Como artista, me he cultivado durante mucho tiempo visitando museos, estudiando el Barroco para desarrollar mi técnica. Avelina, por su parte, ha leído infinidad de libros para llegar a sus conclusiones. Las IA, en cambio, ofrecen un atajo que evita todo este proceso de estudio y dedicación.
El resultado es que no hay un verdadero progreso, sino una pérdida. Avelina lo resume así: “Las IA no son inteligentes, son estúpidas, porque la gente se está volviendo estúpida”.
Y esto me lleva a otra reflexión: ¿no son las IA también un fraude? Se están vendiendo obras «minteándolas» como NFTs, generadas por IA, a precio de arte. Es decir, se vende como arte algo creado por una máquina de forma aleatoria. Es un collage que toma fragmentos de Santiago Caruso, míos, de un dibujante de manga, de Goya… ¿Qué valor original tiene eso? Es un fraude absoluto, y lo peor es que estas personas creen que están haciendo arte.
He visto perfiles de «i-artistas» en Instagram que se autoproclaman artistas. Pero, ¿es realmente arte poner unas frases en una IA y que esta genere una imagen? Como artista, elijo cada momento de mi pintura, cada color, cada pincelada, cada trazo, cada concepto. Hay una idea que se genera en mi cabeza, que luego convierto en obra para expresar algo. Sentarse delante de Stable Diffusion o Dall-E 2 y pedir «un perro volando estilo Van Gogh» no es arte. Será una imagen plástica, más cercana al diseño, pero carece de la composición, la intención y la profundidad que definen el arte.
Derechos de Autor y el Futuro de la IA en el Arte
¿Qué solución se plantea? Algunos artistas piden la desarticulación directa de estas IA debido a las infracciones cometidas al usar obras sin permiso. ¿O quizás una retribución a los artistas por el uso de sus obras? Sería complicadísimo, y es poco probable que respeten los créditos.
Avelina distingue entre la inspiración humana y el plagio de la IA. Un artista se inspira en El Greco o en el Barroco, pero esa influencia pasa por el tamiz de su propia mano, su paleta, sus emociones, su bagaje intelectual y vital. Mi viaje a la India, por ejemplo, cambiará mi pintura. Esto es muy diferente a una IA que toma fragmentos de todo como una «ensalada del chef».
Es crucial establecer que la tecnología no es axiomática; no todo progreso es positivo. Si esta herramienta infringe los derechos de autor y es precursora de un delito de plagio, algo debe hacerse. Mi postura es que no podemos parar el progreso, pero quizás sí reformularlo. Si se usan mis imágenes para alimentar una IA y esta genera beneficios, ¿no debería yo tener un beneficio también?
La tecnología existe para rastrear esto. En YouTube, por ejemplo, los algoritmos detectan el uso de imágenes con derechos de autor y rebaten el contenido. Si esto es posible en el mundo del vídeo, ¿por qué no en el del arte generado por IA? Para mí, sería distinto si una IA utilizara solo mi propio archivo de imágenes para generar obras nuevas, pero que mezcle mi obra con la de otros y con pinturas de Jericó o David, no la convierte en artista.
Es un tema candente, y me interesa mucho saber vuestra opinión. Por mi parte, aunque he utilizado las IA y quiero dedicar tiempo a aprender más sobre esta tecnología sin demonizarla, puedo aseguraros que nunca veréis una obra mía generada con una IA y vendida como una obra de arte original.
Si te interesa profundizar en el aprendizaje y desarrollo de tu propia capacidad creativa, en mi academia Crea13, fomentamos la creación artística desde la base del conocimiento y el talento individual.
Corrupción en los Museos: ¿Feudos Privados o Espacios Públicos?
Cambiando de tercio, me gustaría hablar de otro tema que me preocupa: la corrupción en los museos. Se ha anunciado un cambio de director en el Reina Sofía, y he leído opiniones de artistas que critican su gestión, calificándola de «colección privada» al servicio de sus «amiguitos» y gustos personales, sin atender al gusto popular.
Si un director de museo es pagado con nuestros impuestos, por el Estado, en una institución pública, debería escuchar al público. No puede usar ese dinero para imponer sus preferencias o las de sus allegados. Avelina corrobora esta situación: cuando visitó el Reina Sofía, una sala inmensa, junto al Guernica, estaba dedicada a la colección privada de una galerista. Una colección que Avelina describe como “infra basura”, con videos escatológicos y fotografías desenfocadas. Esto lleva a preguntarse: ¿qué criterios se usaron para darle tal relevancia a una colección de tan poca calidad?
Además, un amigo performancer me comentó que, con dinero, se puede incluso alquilar una sala en el Reina Sofía. ¡Yo mismo podría haber hecho mi exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid por un precio similar al de mi galería! Pero, ¿es el dinero el único criterio para exponer en una institución pública? Parece que sí. Avelina ha experimentado esto en México, donde te presentan una lista de precios para exponer, y las decisiones son tomadas por un comité anónimo, sin transparencia alguna.
Este problema agrava la desconexión con el público. Cuando los museos se manejan como feudos privados, las salas quedan vacías.
Censura y el Derecho a la Crítica en el Arte Público
Aún más grave es la censura. Recientemente, visité una exposición en el CAC de Málaga (un museo público) de una pintora que presentaba “puntitos de colores” al estilo Yayoi Kusama. Dejé un comentario en su perfil de Instagram criticando la exposición, el texto infumable y las faltas de ortografía del mismo. Pues bien, ¡mis comentarios fueron borrados! Y no solo los míos, sino también los de algunos seguidores que habían expresado su opinión de forma documentada.
Esto es inaceptable. Una institución pública no debería censurar la opinión de los visitantes. Es como si me dijeran: “Antonio, como no te gusta la exposición, no puedes entrar ni criticarla”. Deberían, al menos, contestar y entablar un diálogo, cumplir con su labor de convencer o debatir. En lugar de eso, actúan como una dictadura, eliminando cualquier comentario que no les agrade.
Desde aquí, hago un llamamiento a todos: id a los perfiles de los museos y dejad el comentario que queráis. Tenéis derecho a expresar vuestra opinión, ya sea positiva o negativa. Una institución pública, subvencionada con los impuestos de todos, debe respetar la opinión de su público, no silenciarla. De lo contrario, ¿dónde queda la transparencia y el diálogo que tanto proclaman?
Continuamos el Debate en el Canal de Avelina Lesper
¡Ha sido un placer compartir estas reflexiones con vosotros! Los temas de la IA en el arte y la corrupción en los museos son complejos y generan un debate apasionado.
Queridos amigos y amigas, esta es solo la primera parte de nuestro Villa Lesper. La conversación sobre arte continúa en la segunda parte, que publicaremos en el canal de YouTube de Avelina Lesper. ¡Os esperamos allí para seguir charlando sobre arte!








