Piero Manzoni: El artista troll que convirtió sus excrementos en oro
¿Imaginas vender una lata de tus propias deposiciones por el precio del oro? Antonio García Villarán nos sumerge en la fascinante y provocadora figura de Piero Manzoni, un artista que desafió todas las convenciones del arte contemporáneo, dejándonos una obra tan transgresora como incomprendida.
Como personaje, Manzoni es para Antonio García Villarán un artista transgresor, un «hater» y un «troll» del arte. Su singular sentido del humor se refleja en cada una de sus creaciones, que a menudo han sido malinterpretadas. Manzoni, nacido el 13 de julio de 1933 (curiosamente, Antonio García Villarán también es cáncer, del 11 de julio), provenía de una familia noble con una larga tradición. Esta estabilidad económica fue crucial, pues le permitió experimentar y ejecutar obras sin las limitaciones financieras que muchos artistas enfrentan.
«Merda d’Artista»: La obra más polémica de Manzoni
La obra que quizás mejor define su espíritu provocador es «Merda d’Artista». Manzoni creó 90 latas, llenándolas supuestamente con sus propios excrementos, las expuso y las vendió al precio del oro. Si el oro se cotizaba a un valor determinado, ese era el precio de la lata. Y sí, las 90 latas fueron vendidas.
Pero la historia no termina ahí. En 2007, una de estas latas se subastó por la asombrosa cifra de 124.000 euros. ¿Estamos locos? Esto es el arte conceptual en su máxima expresión.
El propio Manzoni lo explicaba: todo lo que emanaba de él, como artista, era una obra de arte. Incluso sus excrementos. Esta idea, aunque radical, es una crítica feroz y potente al sistema capitalista, a los compradores de arte que a menudo carecen de criterio y al mundo del arte en general. ¿Qué mayor burla que vender tu propia «mierda» como una valiosa pieza de arte?
El misterio de las latas: ¿Qué hay realmente dentro?
La gran pregunta es: ¿contienen realmente las latas de «Merda d’Artista» las deposiciones de Manzoni? No lo sabemos. Según las investigaciones, ninguna lata ha sido abierta, pues se dice que al hacerlo perdería su valor. Antonio García Villarán cuestiona qué valor tiene un objeto cuyo misterio reside en no ser revelado. Se ha especulado de todo, desde que contienen piña hasta la creencia mayoritaria de que sí, albergan los excrementos del artista. El propio Manzoni, un verdadero «troll», ni siquiera tenía ideas enteramente originales, sino que a menudo subvertía o llevaba al extremo conceptos ya existentes.
Manzoni, el gran «troll»: Diálogos y provocaciones
Manzoni no solo «trolleó» a compradores y al público, sino también a otros artistas prominentes de su época:
- Andy Warhol y la serialidad: Manzoni se inspiró en la multiplicación de las latas Campbell de Andy Warhol, llevando la idea de la obra seriada a un nuevo nivel con sus propias creaciones.
- Yves Klein y los monocromos: Al ver las célebres obras azules de Yves Klein, Manzoni decidió crear sus propios «Achromes» (sin color), cuadros totalmente blancos hechos con diversos materiales como algodón o piel de conejo. Klein, quien incluso llegó a patentar su tono de azul, se sintió amenazado por Manzoni y lo rechazó.
- Precedentes y la «evidencia» del arte: Manzoni no era el primero en hacer cuadros blancos; Kazimir Malevich hizo «Blanco sobre Blanco» en 1918, y Robert Rauschenberg borró un dibujo de Willem de Kooning para crear su «Erased de Kooning Drawing» en 1953. Manzoni, con su provocación, ponía en evidencia a todos estos artistas y al mundo del arte en su conjunto.
El artista empresario: Azimut y la auto-promoción
Manzoni no se limitó a crear; también se auto-gestionó. Montó su propia galería, Azimut, y su revista homónima, donde publicaba sus textos. Aunque Azimut tuvo una vida efímera, celebró once exposiciones, tres de ellas dedicadas a su propia obra. Era un artista que sabía reírse de todo, incluso de sus críticos: «Me encanta saber que mis cuadros hacen gritar, y los llamo cuadros para tipos enfadados. Se pueden tirar cosas contra ellos sin que se rompan».
Esculturas del aire y del cuerpo: El aliento y la sangre
Manzoni también incursionó en la escultura con un enfoque igualmente transgresor:
- Esculturas neumáticas: Creaba globos que vendía en una cajita junto a una peana, listos para ser inflados por el comprador. El aire en su interior se convertía en la escultura misma.
- Aliento de artista: Llevando la idea un paso más allá, Manzoni inflaba él mismo los globos, vendiendo su propio aliento como obra de arte. Esta idea tiene un precedente en Marcel Duchamp, quien encargó a su hermana en París que le enviara un bote con «Aire de París».
- Sangre de artista: Antes de su muerte, Manzoni planeaba vender su propia sangre en pequeñas ampollas, una obra que no llegó a realizar.
Huevos con huellas dactilares: El arte comestible y el espectador como obra
Una de sus exposiciones más memorables fue «Huevos con huellas dactilares», donde invitaba al público a consumir 150 huevos duros firmados por él en unos 70 minutos. Lo documentó todo: grabaciones, fotos. Él mismo imprimía sus huellas en los huevos y se los entregaba a los asistentes, diciendo: «Tomar y comer todos de él, este es mi arte».
La genialidad reside en que, al comer la obra de arte, el espectador se convertía también en una obra de arte, pues contenía en su interior el arte de Manzoni. Y al final del proceso digestivo, ese huevo blanco se transformaba, nuevamente, en «Merda d’Artista». Una brillante y divertida crítica al concepto de la obra de arte y su consumo.
La línea infinita y la relatividad del arte
Manzoni también se burló del dibujo con sus «Líneas infinitas». Dibujaba una línea recta en rollos de papel de hasta 7.200 metros, los enrollaba y los metía en un recipiente, indicando la longitud. En una exposición, un visitante rompió una de sus líneas expuestas. Manzoni, lejos de enfadarse, simplemente midió la parte restante y ajustó los metros en el recipiente. Una lección más sobre la fugacidad y la convención del arte, contrastando con la inmutabilidad de obras clásicas como «El nacimiento de Venus» de Botticelli.
El mundo como obra de arte: Las esculturas vivientes y la «Base del Mundo»
Manzoni continuó con su visión radical del ready-made duchampiano. Firmaba partes del cuerpo de sus amigos o zapatos, convirtiéndolos en esculturas vivientes o en objetos de arte. Incluso creó pedestales donde cualquier persona que se subiera automáticamente se convertía en una obra de arte de Manzoni.
Pero su obra cumbre, su declaración más grandiosa, fue la «Base del Mundo»: una peana invertida que declaraba al mundo entero como una obra de arte de Piero Manzoni. Una jugada maestra de inteligencia y provocación.
El legado de un genio incomprendido
Trágicamente, Piero Manzoni murió muy joven, a los 30 años, de un infarto en su estudio. Tenía muchísimas ideas que no pudo realizar: desde un libro con cien páginas en blanco (o transparentes), pintar la Catedral de Milán de rosa, hasta soltar veinte pollos en una sala de exposiciones. Nunca sabremos dónde podría haber llegado su creatividad si hubiese vivido más.
Lo que sí es evidente es que el mercado del arte ha «fagocitado» su obra. Sus famosas latas de «Merda d’Artista» se siguen comprando por sumas exorbitantes, mucho más que el precio del oro. Esto lleva a Antonio García Villarán a pensar que la jugada le salió «mal» o que su mensaje no ha sido del todo comprendido.
Desde su perspectiva, el arte de Manzoni es un «arte útil». Nos obliga a plantearnos preguntas, a mirar el arte como un espejo que nos interpela sobre nuestra vida, nuestra economía y nuestra relación con lo artístico. Hacer arte provocador no es malo; es una manifestación humana que nos invita a la reflexión.
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