Nina Kandinsky: La Mujer Detrás del Mito, la Fortuna y un Final Trágico
Nina Kandinsky, la mujer que, según algunos, «creó» al Kandinsky que conocemos, tuvo un final trágico y violento: fue asesinada. En este artículo, exploraremos la fascinante vida de Nina, una figura a menudo olvidada, y su crucial papel en la obra de Wassily Kandinsky. Y no solo eso, también desmentiremos algunos mitos sobre el origen de la abstracción, tema que ya abordé en un vídeo anterior en mi canal de YouTube.
¿Quién fue Nina Kandinsky? La viuda que lo cambió todo
Nina Andreevskaya fue la segunda esposa de Wassily Kandinsky y, tras su muerte, se convirtió en su administradora y principal promotora. Su libro de memorias, **«Kandinsky y yo»**, es una pieza fundamental para entender su vida y su relación con el artista. Aunque su obtención es difícil por estar descatalogado, es una lectura fascinante que, pese a algunas críticas sobre posibles adornos o ficciones, ofrece una visión verosímil de su vida.
El inicio de este libro evoca los cuentos rusos, género que me encanta. Nina relata una antigua tradición de Nochevieja en la Rusia de los zares, donde las muchachas casaderas preguntaban el nombre al primer hombre que encontraban, esperando que fuese el de su futuro marido. Nina, supersticiosa como muchas rusas, participó en el juego. Para su decepción, el primer hombre se llamó Vasili, y ella solo soñaba con un hombre llamado George. Sin embargo, el destino la llevó a conocer a Vasili Kandinsky poco después, con quien se casó y fue feliz.
Desmintiendo el Mito: Los Verdaderos Orígenes de la Abstracción
Se ha creído ampliamente que Wassily Kandinsky fue el inventor de la abstracción con su primera acuarela abstracta en 1910. Sin embargo, esta afirmación no es del todo cierta. Recientemente, se ha descubierto que una artista, **Hilma af Klint**, ya había creado obras abstractas en 1906. De hecho, la famosa acuarela de Kandinsky de 1910 fue posteriormente fechada como de 1914 por expertos como Beyeler y corregida por el Centro Pompidou de París, demostrando que la historia de la abstracción es más compleja de lo que se nos ha contado.
Para profundizar en este tema y ver cómo se conecta con la historia de Nina, te invito a ver este fragmento del vídeo que inspiró este artículo:
Una Historia de Amor y Lucha
La diferencia de edad entre Wassily y Nina era considerable: él tenía 50 años cuando la conoció y ella 23. Se casaron un año después. Contrariamente a lo que podría pensarse, su vida no fue acomodada. Kandinsky se dedicó a dar clases en la Bauhaus y en otras **academias y escuelas** de arte, y su obra no fue muy reconocida ni bien vendida en vida. Prueba de sus dificultades económicas es la anécdota que Nina cuenta: durante la Revolución Rusa, en una época de gran escasez, Nina cambió una chaqueta por un trozo de carne. La criada, al verlo, exclamó horrorizada: «¡Pero señora, esto es carne de perro!». Durante el matrimonio, Nina permaneció a la sombra, apoyando incondicionalmente a su marido sin inmiscuirse en su carrera.
El Ascenso de Kandinsky: La Visión y Obsesión de Nina
La verdadera transformación y la revalorización de la obra de Kandinsky comenzaron tras su muerte en 1944. Hasta los años 50, su arte no empezó a ganar el reconocimiento que tiene hoy. ¿Y quién hizo esto posible? Nina Kandinsky. Si no hubiera sido por ella, la obra de Kandinsky podría haber caído en el olvido.
Tras la muerte de su marido, Nina no solo administró su legado, sino que lo impulsó activamente, colocando obras en grandes museos, buscando coleccionistas clave y, sobre todo, poniéndolas en valor. Pero había una motivación adicional muy particular: su adoración por los diamantes. Ella gastaba sumas considerables en estas piedras preciosas, que eran una auténtica pasión.
Nina, una Férrea Defensora del Legado: Kandinsky vs. Picasso
Nina tenía una fe inquebrantable en el talento de su marido. No le gustaba ningún otro pintor que no fuese Kandinsky y lo consideraba, sin dudarlo, mucho mejor que Picasso. Aunque Kandinsky y Picasso vivieron en París, nunca se conocieron. El artista del cubismo era el abanderado de lo más moderno y vanguardista, mientras que Kandinsky lo era de la abstracción. Ambos querían ser los padres de la modernidad y sus caminos chocaban. A Picasso no le interesaba lo abstracto, y a Kandinsky tampoco le interesaba Picasso.
De vez en cuando, Kandinsky le lanzaba alguna pulla a Picasso. En su libro, Nina cita una carta de Kandinsky a Hilla von Rebay, donde critica el «Guernica»: «Sinceramente me parece incomprensible que a sus compatriotas en California les endosara el Guernica. ¿Cree que una pintura como esta puede dar una clara imagen del nuevo arte? Es verdad, quizá soy partidista, pero tengo que reconocer que odio lo destructivo». Al final, la historia ha dado la razón a Kandinsky en cierto modo; el cubismo, como movimiento, se desvaneció, pero la abstracción sigue viva y presente en el arte contemporáneo.
Nina aprovechaba cada oportunidad para hablar maravillas de su marido y divulgar su obra. Si viviera hoy, seguramente sería una youtuber con un solo tema: Kandinsky.
Estrategias Maestras y Contradicciones de una Mujer Única
Nina veló por las obras de Kandinsky durante el resto de sus días, catalogándolas, vendiéndolas (incluso desde su propia casa, donde se decía que guardaba acuarelas debajo de la cama) y luchando contra falsificaciones. Si alguien escribía un catálogo o libro sobre Kandinsky y no se ceñía a su visión, ella lo demandaba. En su libro, afirmó que Kandinsky hizo 738 pinturas, 730 acuarelas y un gran número de bocetos.
Su estrategia para vender los cuadros caros era muy clara:
- Inventó que fue el padre de la abstracción (un mito, como hemos visto).
- Decía que pintaba lento, lo que justificaba que hubiese poca obra y, por tanto, fuera más cara.
- Los vendía a precios astronómicos para poder comprar sus queridos diamantes.
Una faceta chocante de Nina era su aparente contradicción entre ser machista y feminista. En su libro, afirma: «Si una mujer ama verdaderamente a un hombre, entonces tiene que encargarse de la administración de la casa y ser una buena cocinera. Tiene que ocupar un segundo puesto detrás de su esposo y dejar de lado muchas cosas para que él se desarrolle y pueda trabajar sin problemas. Así lo hice y por ello nuestro matrimonio fue feliz y nunca nos separamos durante toda nuestra vida».
Sin embargo, tras la muerte de Kandinsky, ella vivió sola en un chalet, sin personal de servicio, haciéndolo todo por sí misma. Cuenta la leyenda que, cuando recibía a ministros o marchantes de arte (a quienes siempre ofrecía el mismo menú de pastel de carne ruso y vodka), al terminar la comida, todos, sin excepción, debían ayudar a recoger la mesa y fregar. ¡Incluso el ministro de cultura francés!
Nina era astuta, pero también vanidosa. Quienes la conocieron decían que al hablar de los cuadros de Kandinsky, parecía que los había pintado ella misma. De hecho, el título original de su libro era «Yo y Kandinsky», pero fue convencida de cambiarlo a «Kandinsky y yo». El libro, por cierto, no lo escribió ella directamente, sino un historiador basándose en entrevistas y grabaciones. Otra estrategia para revalorizar la obra de su marido fue emitir certificados de autenticidad, algo que ella podía hacer con pleno conocimiento.
Nina provenía de una familia aristócrata rusa y hablaba alemán y francés perfectamente. Su pasión por las joyas era tal que, se decía, vendía cuadros de Kandinsky solo cuando le ofrecían una joya a la que no podía resistirse. Siempre compraba en el mismo sitio, refiriéndose a los dueños como «mi familia obsesionada».
Entonces, ¿a quién debemos la enorme fama de Kandinsky hoy día? ¿A Nina o a sus diamantes?
El Legado de Nina y su Trágico Final
Otra anécdota interesante sobre Nina Kandinsky es su forma de vender obras. En Rusia, la obra de Kandinsky no se vendía, y en Europa no era muy conocido. Por ello, Nina envió muchísimas obras a Estados Unidos, donde se encontró con el galerista Leo Castelli, quien administró su obra. La relación entre Castelli y Nina fue un infierno para ambos; ella exigía que las obras fueran a buenos coleccionistas y le pedía dinero constantemente.
Pero lo más aterrador es cómo murió Nina Kandinsky. Vivía sola en su chalet, al que llamaba «Esmeralda». Un ladrón entró a robar, pero curiosamente no se llevó ningún cuadro de Kandinsky. La mató estrangulándola con extrema violencia y se llevó sus joyas. Ella misma, con el nombre de su chalet y su notoria pasión por los diamantes, había dejado pistas sobre su riqueza. El crimen nunca fue resuelto.
Para entender mejor este trágico final, te animo a ver el segmento final del vídeo:
Curiosamente, tras su muerte, Nina Kandinsky fue prácticamente borrada de la historia. A mí, en la facultad, nunca me hablaron de ella. La descubrí por casualidad en libros, e investigando me di cuenta de que esta mujer fue quien realmente sacó a Kandinsky del olvido, viviendo una vida acomodada (hasta su trágico fin) gracias a su incansable labor.
¿Qué te ha parecido la historia de Nina Kandinsky? Una figura tan compleja y fascinante como olvidada. Me encantaría leer tus comentarios al respecto. Si te ha gustado este artículo, revienta el botón de «me gusta» y, sobre todo, compártelo, eso me ayuda mucho a crecer y a seguir divulgando la historia del arte en mi web y en mi canal de YouTube. ¡Nos vemos muy pronto!








