Yanohoro: La Maestra del Sumi-e y su Profunda Conexión con el Arte Zen
En una reciente visita a Sevilla, tuve el placer de conversar con mi gran amiga Yanohoro, una eminente maestra de la pintura zen y el sumi-e. Esta conversación, llena de reflexiones sobre su trayectoria, la filosofía de su arte y la búsqueda constante de la esencia, nos sumerge en un mundo fascinante donde la pincelada es mucho más que un trazo. Acompáñame a descubrir la inspiradora historia de Yanohoro y su profundo vínculo con una práctica artística milenaria.
El Origen de «Yanohoro»: Un Nombre Nacido de la Intuición
El nombre artístico de mi invitada, Yanohoro, posee una historia tan particular como su propio arte. Aunque su nombre real es Susana Llorente, su elección de Yanohoro se forjó en un momento de introspección y escritura automática. Un episodio personal de llanto, motivado por el dolor ajeno y propio, la llevó a escribir repetidamente «ya no lloro, ya no lloro» como un mantra liberador.
Este acto espontáneo, lejos de ser premeditado, se transformó en su identidad. Experimentando con la grafía, «ya no lloro» evolucionó a «Yanohoro» con dos íes, visualizando una imagen casi japonesa y una sonoridad que resonaba con ella. «No busqué el nombre, el nombre me buscó a mí», explica. Una anécdota que, confieso, me llevó a pensar inicialmente en un origen oriental, cuando en realidad, Yanohoro es madrileña, aunque con un intrigante antepasado malayo aún por ubicar completamente.
De Muñecas de Porcelana al Sumi-e: Una Trayectoria Artística Única
La senda de Yanohoro hacia el sumi-e se tejió a través de experiencias diversas y un profundo arraigo en el arte.
Raíces en el Taller Familiar y el Arte de la Muñequería
Hija de un esmaltador y orfebre, Yanohoro creció en un taller familiar, un espacio que la nutrió de conocimiento y técnica desde temprana edad. Aunque su interés la llevó a estudiar arquitectura interior y a trabajar en publicidad y diseño gráfico, encontró que el ritmo y la agresividad de este último no eran para ella. Su vocación la llamó de vuelta a la pintura, al hogar, donde se sumergió en la reproducción y creación de muñecas artísticas de porcelana, un oficio con gran mercado en Estados Unidos y Alemania.
Aun sin haber jugado con muñecas de niña, este trabajo la conectó con el volumen, la porcelana y, especialmente, con una forma de pintura muy minuciosa: la de pestañas y cejas. «Era una pintura de trazo casi delineante, muy precisa», recuerda, y añade que la disfrutaba enormemente, entrando en un estado casi meditativo al ejecutar cada detalle. Esta experiencia, aunque aparentemente distante del sumi-e, le forjó una mano adiestrada y una precisión que serían fundamentales en su futuro artístico.
El Encuentro con el Sumi-e: De la Casualidad a la Meditación
Fue en los años 90, en el taller familiar, cuando el sumi-e llegó a su vida de la mano de Lourdes Parente, una artista brasileña casada con un calígrafo japonés. En una época sin internet, este encuentro fue un regalo. Lourdes introdujo a Yanohoro y a sus hermanos en los Cuatro Tesoros del Escribiente (pinceles, tintero, tinta y papel) y les enseñó las bases de la pintura de bambú.
El viaje hasta el taller, en una Vespa, en una Sevilla primaveral donde el polen parecía nieve, se convirtió en un momento mágico, un presagio de lo que estaba por venir. El sumi-e se alineó con su interés por la filosofía y el arte oriental, adoptándolo como una práctica meditativa. Más tarde, otro maestro, Alfonso Yúdero, la introduciría más profundamente en los conceptos filosóficos y religiosos de esta disciplina. Durante años, Yanohoro practicó de rodillas, tirando de rollos de papel de arroz, sin otra pretensión que la meditación.
Maestro Lin Chih-Pan: La Humildad y Maestría de la Tinta
El camino de Yanohoro la llevó a Lin Chih-Pan, el maestro de Alfonso Yúdero. Lin Chih-Pan, un pintor y literato chino, enseñaba sumi-e en la trastienda de su pequeña tienda de alimentación asiática en Madrid. Lejos del orden impoluto que Yanohoro valoraba, este espacio rebosaba de papeles, pinceles y caligrafías, una visión de la pintura tradicional china.
Lin Chih-Pan, quien estudió la pintura desde niño, encarnaba una fuente de conocimiento que trascendía el ritualismo superficial. Su maestría era tal que «sacaba los pájaros de la manga» y «le brotaban las flores» con una fluidez asombrosa. Esta práctica era, para él, una forma de vida, un camino hacia el equilibrio y la energía, más allá de la perfección de la obra. Me recordaba a la humildad de artistas como Hokusai, de quien he hablado en varios vídeos en mi canal de YouTube, quien creía que solo con noventa años conseguiría hacer un dibujo con alma.
Yanohoro estableció una relación muy estrecha con Lin Chih-Pan, dando cursos juntos en Galicia. Su fallecimiento la dejó «huérfana de maestro», un testimonio de la profunda conexión que forjaron.
La Filosofía del Sumi-e: Más Allá de la Pincelada
La conversación derivó hacia la esencia del sumi-e y las diferencias con el arte occidental.
El Bambú: Metáfora de Vida y Conocimiento
En el sumi-e, la precisión es clave: cómo coger el pincel, la carga de tinta, la dirección del trazo. Y a diferencia de Occidente, donde la copia a menudo se desprecia, en Oriente es fundamental estudiar y emular a los antiguos maestros para comprender el conocimiento que nos precede.
El estudio de elementos como el bambú, uno de los «Cuatro Caballeros» de la pintura sumi-e, no es solo una cuestión de forma, sino de asimilar sus cualidades humanas: perseverancia, fortaleza, flexibilidad. El bambú tarda seis años en asentar sus raíces antes de brotar, una metáfora perfecta del tiempo y la dedicación necesarios en la formación artística. Su estructura hueca pero resistente, su capacidad de cimbrearse para sobrevivir, todo ello se internaliza al pintar, dejando que la esencia de la naturaleza crezca en el artista.
La humildad es central; los orientales dicen: «media vida para el bambú y toda la vida para la orquídea salvaje», una pequeña flor que exige el control absoluto de la pulsión y el movimiento del pincel.
El Estado Macarma y la Esencia del Arte
En nuestra conversación, hablamos sobre ese estado de gracia que experimentamos los artistas, ese momento en el que la obra parece surgir de una fuente externa a nosotros mismos. Yo lo llamo «estado macarma», un concepto zen-meditativo donde las redes neuronales fluyen, el tiempo se desvanece y la conciencia se funde con el acto de crear. Yanohoro lo define como un momento en el que «no estás en el control de la mente», dejando que la intuición y otros factores mágicos intervengan.
Arte Conceptual vs. La Maestría de la Pincelada
Abordamos el tema del arte conceptual, como el célebre plátano pegado a la pared. Aunque Yanohoro reconoce su interés como forma de pensamiento, considera que ha perdido relevancia y que el arte actual retorna al realismo. Personalmente, aunque socialmente se considere arte, creo que carece de la profundidad reflexiva y la maestría que se encuentra en una orquídea pintada con pocas pinceladas, donde el artista no solo representa lo visible, sino el viento que la mueve o la vitalidad que emana.
El papel de arroz en el sumi-e no permite la corrección. Cada pincelada es única, una radiografía del alma en el instante, un gesto que captura la esencia y la energía. La riqueza de los «Cuatro Tesoros» (pinceles de pelo de lobo o cabra, tintas sólidas, tinteros artesanales) es un mundo fascinante que, lamentablemente, no suele enseñarse en las Bellas Artes occidentales, que priorizan el estudio de esculturas griegas o la figura humana clásica.
Sumi-e en la Academia y la Búsqueda del Estilo Propio
Desde aquí, hacemos un llamado para que las academias de Bellas Artes incorporen estas otras formas de entender el arte. Es un conocimiento invaluable que nos estamos perdiendo. Mi propio dibujo, con su línea espontánea y manejo de la tinta, ha sido comparado por Yanohoro con la fluidez y el control suelto de los maestros orientales.
Siempre he creído en el trabajo constante, en llenar cajones de bocetos, en dibujar sin cesar. No busques un estilo propio, déjalo fluir, que el estilo emergerá de tu propia mano, tu gesto, tu cabeza, con la acumulación de todo lo que absorbes. Las lecciones del bambú nos recuerdan que la formación y la preparación son la clave.
Meditación Activa y el Impacto de la Era Digital
La espiritualidad de Yanohoro se manifiesta en una «meditación activa», que no requiere posturas incómodas ni ceremonias específicas. Para ella, el acto de pintar con el pincel, la preparación de la tinta o incluso tareas cotidianas como fregar o conducir, pueden convertirse en momentos de profunda calma mental y conexión. Es un estado en el que la mente deja de pensar y el tiempo se disuelve, permitiendo que la intuición guíe el proceso creativo.
Las redes sociales han sido fundamentales en su vida, especialmente tras su traslado a Costa Norte. Sin móvil ni internet al principio, fue a través de Facebook que dio a conocer su primera exposición en el Faro Vilán, donde pintó la energía del viento y el mar. Esta plataforma le permitió ordenar su trabajo, ser constante y conectar con un público global. La posibilidad de ofrecer cursos online en Crea13, por ejemplo, representa una revolución, democratizando el acceso a conocimientos que antes eran casi imposibles de encontrar.
Yo, al documentar mi propio trabajo y el de maestros como Yanohoro en vídeos y cursos, busco preservar este conocimiento para las futuras generaciones, haciendo que el arte y la enseñanza trasciendan las barreras geográficas y temporales.
Un Llamado a Explorar la Pintura Zen y Sumi-e
Agradezco profundamente a Yanohoro por compartir su sabiduría y su tiempo. Su dedicación a la pintura zen y al sumi-e durante más de 30 años es una fuente de inspiración. Si no conoces este arte, te invito de corazón a investigar la pintura zen y sumi-e. Sigue a Yanohoro en sus redes sociales para descubrir su impresionante trabajo y la maestría que emana de cada uno de sus trazos. Será un descubrimiento que puede cambiar tu forma de ver y sentir el arte. ¡Nos vemos muy pronto!








