Goya y Los Caprichos: Una Sátira Atemporal que Sacudió el Siglo XVIII (y Sigue Haciéndolo)
En la magnífica serie de grabados de Francisco de Goya, Los Caprichos, el artista no dejó títere con cabeza. Una obra que, a pesar de su origen en el siglo XVIII, sigue estando de plena actualidad y nos ofrece una mirada profunda a la sociedad de su tiempo a través de la visión única de un genio.
Francisco de Goya: Un Genio Provocador y su Mirada Crítica al Mundo
Francisco de Goya, nacido en 1746 en el seno de una familia de clase media —su padre dorador, lo que ya conecta con el arte—, fue un trabajador incansable. Dedicó su vida al arte, y curiosamente, desde el punto de vista de Antonio García Villarán, sus obras más profundas e interesantes surgieron al final de su trayectoria. Una lección de perseverancia: a veces, las obras cumbre llegan cuando menos lo esperamos, quizás porque, como Goya, hemos vivido y observado con una intensidad que nos permite ver más allá.
Goya pasó muchísimos años pintando cartones para tapices, tratando con condesas y duquesas en la corte, y codeándose con la intelectualidad madrileña de la época. Fue testigo de todo lo que ocurría en la sociedad, y al final de su vida, esta observación lo llevó a un profundo hastío. Vio tanta hipocresía que sintió la necesidad de «vengarse» artísticamente.
Esta «venganza» se materializó en su serie de 80 grabados, Los Caprichos. Goya fue un provocador nato, una persona muy crítica, y concebía sus pinturas como un vehículo de instrucción moral. Para él, el arte no era un simple objeto estético o decorativo; debía portar un mensaje potente, capaz de impulsar una sociedad mejor.
¿Qué Son Los Caprichos? Sátira y Denuncia en 80 Grabados
Los Caprichos no son más que una sátira mordaz a la sociedad española del siglo XVIII, especialmente dirigida hacia la nobleza y el clero. Es una crítica tan actual que Antonio García Villarán no duda en compararla con revistas satíricas modernas como «El Jueves» o «Mongolia». La esencia es la misma: la reproducción seriada de una imagen para criticar. De hecho, uno no puede evitar preguntarse qué habría pasado si Goya hubiese conocido la fotocopiadora o, incluso, internet. ¡Hubiese sido un verdadero revolucionario!
Lo fascinante de esta serie es su evolución. Al principio, los grabados eran bastante realistas, mostrando escenas cotidianas y críticas directas. Sin embargo, conforme la serie avanzaba, la fantasía, lo grotesco, los monstruos y los demonios comenzaron a inundar las imágenes. ¿Con qué propósito? Para representar los vicios humanos. Goya utilizaba dibujos de escenas con individuos extravagantes y ridículos para señalar los errores y vicios de la España de su época, muchos de los cuales, tristemente, aún resuenan hoy.
El Origen de una Obra Maestra: La Influencia de su Círculo y la Enfermedad
¿Cómo se le ocurrió a Goya crear esta serie tan contundente? La inspiración vino de dos fuentes principales. Por un lado, Goya se rodeaba de amigos intelectuales que compartían sus ideas. Eran críticos acérrimos del fanatismo religioso, de la Inquisición, de las supersticiones, de las leyes injustas y del sistema educativo de la época. Imaginemos a todos ellos en la taberna, compartiendo vino e ideas, y diciendo: «Oye, ¿y si dibujamos a esta fulanita haciendo tal cosa?».
A esto se añadió un factor personal crucial: la enfermedad de Goya. En 1793, durante un viaje de Madrid a Sevilla, cayó gravemente enfermo. Fue llevado a Cádiz, a casa de su amigo ilustrado Sebastián Martínez. Aunque la enfermedad exacta no se conoce, sus consecuencias fueron devastadoras: quedó sordo, casi ciego, y con problemas de equilibrio. Esta dolencia lo mantuvo seis meses en Cádiz y, al regresar a Madrid, le costó mucho retomar su vida. De hecho, perdió su trabajo en la fábrica de tapices y en 1797 dimitió como director de la Real Academia de San Fernando debido a su precario estado de salud. Es fácil imaginar a un Goya muy enfermo, de muy mal humor, enfadado con el mundo y en este estado, decidiendo: «Me voy a vengar».
De Sueños a Caprichos: La Evolución Temática de los Grabados
Un dato interesante es que Goya no concibió inicialmente esta serie como Caprichos, sino como «Sueños». Llegó a hacer hasta 28 dibujos preparatorios de sueños que luego convertiría en grabados.
Según Camón Aznar, estos 80 grabados pueden dividirse en tres etapas:
1. La primera etapa es más amable, y en ella Goya estaba obsesionado con la Duquesa de Alba de la época. Se especula sobre una relación entre ellos, y muchos de los grabados de este período muestran a una mujer que se identifica con ella. Esta fase también estuvo muy influenciada por sus tapices, abundando majos y majas, y escenas cotidianas. Además, Goya regresó a Andalucía en 1796, concretamente a Sanlúcar de Barrameda, para encontrarse con la Duquesa de Alba, que se había quedado viuda un mes antes.
2. La segunda fase ya muestra un tono más satírico, con escenas más despiadadas y seres más bestiales.
3. El último periodo, que comprende desde el grabado 43 en adelante, es donde «se le va la olla» a Goya. Aparecen los delirios, los monstruos, lo grotesco, una etapa realmente fascinante y muy potente.
La Fama y la Censura: El Destino de Los Caprichos
¿Por qué son tan famosos los grabados de Goya? Muy sencillo: se hicieron muchísimas tiradas. Se conocen hasta 13 ediciones oficiales; cinco de ellas en el siglo XIX y las siete restantes en el siglo XX.
La serie se puso a la venta por primera vez en 1799. Goya lo anunció en el periódico, indicando que se podían adquirir en la calle del Desengaño, en una perfumería debajo de su casa. Se hizo una tirada de 300 ejemplares. En el anuncio se destacaba que las composiciones de Goya eran completamente originales, y es que el artista estaba obsesionado con la originalidad, con crear algo nunca antes visto.
Sin embargo, la jugada no le salió bien a Goya. En 1799, el mismo año de la edición, Godoy y los ilustrados perdieron poder, y la Santa Inquisición recuperó su fuerza. Goya, temiendo las represalias —incluso ser fusilado—, retiró la edición entera. Solo estuvo a la venta 14 días. La Inquisición no se andaba con chiquitas: prohibía libros, quemaba a quienes consideraba brujas, mataba a homosexuales, torturaba a infieles… se tomaban la «justicia divina» por su mano.
Menos mal que la censura se ha terminado, ¿verdad? O no… Antonio García Villarán recuerda que en 2007 la Audiencia Nacional de España prohibió la venta del último número de la revista satírica «El Jueves» por un presunto injurio contra la Corona. Eran 120.000 ejemplares distribuidos por más de 5.000 puntos de venta. ¿Consiguió la Audiencia Nacional su objetivo? No. Gracias a las redes sociales, esa portada la vio el mundo entero, y hoy día, esas revistas se subastan a precios elevados. La censura persiste incluso en la era digital: Facebook llegó a censurar una portada de la revista «Mongolia». Parece que, como decía Goya, la censura es una bestia de la que nunca nos libraremos.
La Maestría Técnica de Goya en Los Caprichos
En cuanto a la técnica, Goya fue un innovador absoluto. Primero, realizaba un dibujo preparatorio en tres fases y utilizaba hasta tres técnicas en el mismo grabado. Cuando le venía la idea, hacía un dibujo con agua y tinta (roja o negra), que luego retocaba con lápiz sepia o sanguina, y finalmente, un dibujo a plumilla que se parecía mucho al grabado final. Goya era anárquico y creativo; a veces seguía estos pasos, a veces unía fases o las simplificaba.
Las tres técnicas principales que dominaba y utilizaba indistintamente eran:
* Aguafuerte
* Aguatinta
* Punta Seca
Además, Goya hacía muchas «pruebas de estado». Mientras trabajaba en el grabado, lo imprimía una y otra vez para ver el resultado, evaluarlo y decidir si le gustaba o no. Si un detalle no quedaba bien, lo corregía, por ejemplo, raspando con la punta seca, hasta que el resultado final le satisfacía por completo. No era purista; le encantaba la investigación y la experimentación.
Si a esta maestría técnica le unimos los temas interesantísimos que abordaba —como la brujería, los frailes, la Celestina, la prostitución, la superstición, los matrimonios desiguales, la Inquisición o la Iglesia—, obtenemos una serie de grabados maravillosa, tan compleja como hermosa.
Esperamos que este recorrido por los Caprichos de Goya, de la mano de Antonio García Villarán, te haya permitido disfrutar y comprender la magnitud de esta obra. Si te ha gustado este análisis y quieres seguir descubriendo el arte, ¡no olvides apoyar el contenido de Antonio García Villarán en YouTube! Revienta el botón de like, suscríbete y déjanos un comentario contándonos qué te ha parecido este vídeo y, sobre todo, qué te parecen los grabados de Goya. ¡Nos vemos muy pronto en el próximo vídeo!








