Baldomero Romero Ressendi: El Monstruo del Arte Sevillano y Su Veneno Inmortal
En el vasto universo del arte, existen figuras que, a pesar de su innegable genio, permanecen en las sombras, casi olvidadas por la historia oficial. Uno de esos nombres es Baldomero Romero Ressendi, un pintor sevillano cuya obra, a pesar de la escasa información disponible en la red y la dificultad para encontrar sus libros, siempre ha ejercido una fascinación particular.
En mi etapa de estudiante en la Facultad de Bellas Artes, encontrar un cuadro de Ressendi en algún anticuario era casi una quimera. Pintó muchísimo, y su obra, esparcida por Sevilla, Andalucía y el mundo entero gracias a sus ventas en el extranjero, es un testimonio de su talento y su visión única.
La Cuna de Genios y el Nacimiento de un «Monstruo»
Sevilla, cuna de maestros como Velázquez, Murillo, e incluso el oscuro Valdés Leal, forjó también a Ressendi. De la estirpe de la «España negra» y la herencia milenaria de Goya, nació un pintor que, para mí, es un auténtico monstruo en todos los sentidos. Dominaba a la perfección el dibujo, la pintura y la historia del arte. Todos estos elementos, unidos a la sociedad de posguerra, la pobreza y el intenso calor del sur, cristalizaron en una obra bestial y desgarradora.
Un ejemplo de su impactante estilo es «El Locutorio de San Fernando», donde los personajes, en un ambiente de grises y colores oscuros, parecen presos de una reja, queriendo escapar de su supuesta locura. Con un cráneo acechando en la composición, esta pintura es una vuelta de tuerca a la herencia goyesca, y hasta al propio costumbrismo.
Sus toreros no eran los retratos idealizados que se ven a menudo; eran figuras cansadas de la vida, a veces con un cigarrillo en la boca, miradas altivas pero a la vez agotadas. Eran retratos psicológicos, espejos de Andalucía y una crítica profunda a la propia fiesta taurina, que él ya sentía caduca.
El Carácter Indomable y la Crítica Social en su Obra
Cuadros como «El Papa Negro», donde un torero mayor, con la capa puesta como un superhéroe, mira al vacío con resignación, reflejan esa profundidad. La escasez de escritos sobre Ressendi contrasta con la abundancia de anécdotas que circulan por Sevilla. Se cuenta que, en sus años de estudiante, su destreza era tal que terminaba sus obras en un santiamén, desafiando a sus compañeros a superarle.
Durante mis años de formación, muchos profesores evitaban hablar de él, lo que sugiere el carácter difícil y la personalidad controvertida de Ressendi, un hombre que siempre hizo lo que quiso. Para mí, su obra completa es una crítica al hombre, especialmente al hombre del sur. Sus lienzos son espejos incómodos que nos muestran una verdad que a menudo preferimos no ver: antihéroes, personajes abatidos, malditos y atormentados.
Sus pinturas eran a menudo tildadas de «inmorales». Un ejemplo notorio es «Las Tentaciones de San Jerónimo», un cuadro que le valió el rechazo de la Iglesia e incluso la intención de excomulgarlo. En lugar del San Jerónimo tradicional que resiste la tentación, Ressendi lo pinta cayendo, sobre una mujer de uñas pintadas, rodeado de demonios y una atmósfera bacanal. Una visión que, evidentemente, no agradó.
El Desafío a Franco y la Poesía de lo Sombrío
Su carácter indomable se manifestó también en un episodio con Franco. Requerido para pintar unos murales en el Valle de los Caídos y un retrato del dictador, Ressendi, que podría haberse convertido en el pintor del régimen, simplemente se marchó tras el primer día de sesión. Algunos atribuyen su abandono a su apego a sus perros, a quienes no permitían el paso; otros, a su ideología. Lo más probable es una mezcla de ambas, una muestra más de su espíritu libre.
Ressendi era un artista que hacía bien todo lo que tocaba, incluso los bodegones. Pero sus bodegones eran diametralmente opuestos a la opulencia barroca. Pintaba animales muertos y colgados, objetos sencillos sobre una silla con un cuchillo al lado, mostrando la pobreza y, quizás, la peor cara del ser humano. Se cuenta que en una exposición, alguien, al ver uno de sus bodegones, exclamó: «¡Si hasta huele mal!». Un comentario que a Ressendi le llenó de alegría, al ver cumplido su objetivo de generar esa sensación de repulsión.
Sus autorretratos también desbordan fuerza. Ressendi admiraba a Velázquez, pero consideraba a Goya superior, pues este último lograba con la mitad de pinceladas lo que el primero hacía con seis. Esta economía gestual la aplicaba él mismo, y se cuenta que en veinte minutos era capaz de pintar una «goyesca» (pequeños cuadros que vendía con gran demanda), demostrando una destreza magistral en composición, dibujo y color.
La Paleta de un Maestro y Sus Temas Recurrentes
Su paleta era reducida pero expresiva: blanco, ocre amarillo, rojo inglés, carmín, marrón sombra natural y tostada, azul ultramar y negro. Raramente usaba el verde esmeralda. Estos colores terrosos, según él, no cambiarían con el tiempo. Utilizaba pinceles gruesos, de lengua de gato o redondos, para sus composiciones arriesgadas y novedosas.
En obras como «La Danza de los Pavos», los personajes bailan en un fondo oscuro, dejando al espectador la duda de si se encuentran en un bar, un lugar imaginario o incluso dentro de su propia mente. Ressendi era tan autoexigente que a menudo borraba o raspaba cuadros enteros si no conseguía plasmar lo que había imaginado, por muy bien pintados que estuvieran.
«La Retirada de Moscú», con sus personajes casi esqueléticos y una paleta de azules fantástica, resulta estremecedora. También era crudo al retratar la infancia en obras como «Niños Jugando», donde muestra la crueldad que a veces se esconde en los juegos infantiles. El mundo circense, con payasos tristes de rostros desencajados y miradas perdidas, era otro de sus temas favoritos, una metáfora de la hipocresía humana y la eterna pregunta sobre nuestro lugar en el mundo. Y, por supuesto, sus maniquíes, sus modelos inanimados en Madrid, que pintaba incansablemente.
Vida Bohemia y Éxito Comercial
A pesar de la fama de «juerguista», Ressendi fue un pintor muy trabajador, un estudioso incansable que dibujaba y pintaba durante horas. Sus cuadros eran muy cotizados en vida; un Ressendi podía costar cinco veces más que una obra de Zabaleta, otro pintor de la época. Aunque ganaba mucho, también lo gastaba con generosidad en fiestas, invitando con creces. Su clientela fiel le permitió vivir holgadamente y sus obras se encuentran hoy en importantes colecciones privadas.
Ressendi exploró el mundo de la farándula, los borrachos, los gitanos y los bandoleros, pero siempre desde una perspectiva psicológica y realista, muy alejada del costumbrismo superficial. Su padre, médico de Sanlúcar de Barrameda, quizás influenció su interés por la anatomía, mientras que su madre, de México, completaba esa mezcla de orígenes que lo hacía único.
Incluso sus cuadros religiosos, como las diversas versiones de «La Piedad», eran excesivamente expresionistas, mostrando un Cristo muriendo con un realismo descarnado y desgarrador.
Un Legado por Reivindicar
Hoy en día, encontrar un cuadro de Ressendi es una tarea ardua, y organizar una exposición de su obra, aunque difícil, sería un evento bestial que el mundo del arte merece. Clau y yo tuvimos la increíble suerte de encontrar uno en un anticuario de Ronda (un lugar precioso que, si no conoces, te invito a visitar). Era un cuadro de gran formato, roto, pero con unos personajes, especialmente una mujer, cuya mirada intensa nos enamoró perdidamente. Al final, descubrimos la firma: ¡era de Ressendi!
Este hallazgo fue una alegría inmensa, y ahora, al no tener título, nos gustaría que nos ayudases a encontrarlo. ¿Se te ocurre alguno? ¿Conoces este cuadro o alguna otra obra de Ressendi? ¿Te ha gustado su arte o te gustaría que se organizara una gran exposición? ¿Por qué crees que no hay cuadros suyos en los museos más importantes?
La obra de Baldomero Romero Ressendi es un veneno que engancha, un espejo que incomoda y un legado que merece ser descubierto por todos. Si quieres seguir explorando artistas tan maravillosos como este, te invito a suscribirte al canal de Antonio García Villarán en YouTube, y a visitar mi web www.antoniogarciavillaran.es para más contenido sobre historia del arte.
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