WinMitchu y «Bocadillo»: Una Bofetada Sin Manos al Cine Tradicional y el Poder de la Red
Ha llegado el momento de compartir una reflexión profunda sobre la película, o más bien, el proyecto «Bocadillo» de WinMitchu. Un año después de que sacudiera el panorama cultural y fuera seleccionada para Cannes, y tras el revuelo que generó, he decidido expresar mi opinión. La razón de esta espera no es otra que la necesidad de dejar que el estruendo inicial de opiniones, el «hate» y la confusión se calmaran. Sabía que, en medio de tanto ruido, mi perspectiva no sería escuchada ni comprendida. He sido paciente, he esperado un año, y ahora es el momento.
La Subestimación del «Youtuber»: Un Error Común
Lo primero que hay que señalar es la subestimación generalizada hacia WinMitchu, simplemente por ser «un youtuber». Es un error pensar que el contenido de YouTube es superficial o carente de complejidad. Ser youtuber, y hacerlo bien, como él, es un trabajo extraordinariamente complejo. No estamos hablando de un improvisador cualquiera, sino de alguien con una capacidad notable para mantener la atención del público durante largos periodos, con ideas muy originales y la habilidad de llevarlas a cabo casi en solitario. Este tipo de creadores merecen un gran respeto.
Por ello, desde el principio, mi premisa fue clara: no lo subestimaría. Y no me equivoqué. Cuando anunció que llevaba un año preparando una película, pensé: «¿Por qué no? Este tipo es capaz de algo grande». Sin embargo, el verdadero punto de inflexión fue su llegada a Cannes.
«Bocadillo» en Cannes: El Bucle como Declaración Artística
Lo que WinMitchu consiguió fue colar en Cannes una película que no era más que un vídeo en bucle. Y aquí radica una de las claves de su genialidad. En el arte, la repetición y el bucle tienen una larga tradición. Basta con observar la obra de Andy Warhol, una repetición de la misma imagen, o ir mucho más atrás y ver cómo artistas como El Greco y muchos otros de su época repetían sus obras con variantes. «Bocadillo» es, en esencia, un bucle contemporáneo.
Otra similitud que me cautivó fue el paralelismo con Andy Kaufman. Me parece que Kaufman fue un provocador excepcional, y WinMitchu es precisamente eso: un provocador.
La Provocación como Motor de Avance
La provocación es imprescindible para el progreso. Si nadie hiciera nada más que repetir lo ya existente, ¿qué lograríamos? Nada. Nos quedaríamos estancados, como el agua inmóvil que empieza a oler mal y se pudre. Esta metáfora simple ilustra la necesidad de romper esquemas.
Mucha gente se indignó, alegando que no sabían a lo que iban. Pero ¿realmente fue una sorpresa? Quienes conocen a WinMitchu saben que es un «trolleador» nato. Ir a ver su película es como ir a un espectáculo de Leo Bassi y esperar no ser salpicado. Uno sabe a lo que va, y de hecho, muchos disfrutan precisamente de esa experiencia transgresora. WinMitchu no es un novato en esto; tiene una enorme comunidad de seguidores que entienden su lenguaje y sus provocaciones.
Un Hito Histórico: YouTube desafiando a Hollywood
Lo que hizo WinMitchu es, para mí, algo histórico en el mundo del cine y de YouTube. No se había logrado nada similar. Sin embargo, ¿qué sucede cuando un actor como Joaquin Phoenix (el de «Joker») realiza un proyecto transgresor como «I’m Still Here», donde nos hizo creer que abandonaba la actuación para ser un artista de hip-hop? Fue aplaudido y considerado un proyecto espectacular. Pero cuando algo similar lo hace un «españolito», un youtuber, ¿ya no es genial? Es una doble moral evidente.
WinMitchu, en un momento brillante mientras iba en coche hacia la presentación de su película, hizo una reflexión clave: «¿Cuántas salas de cine hay en Cannes?». Le respondieron un número. Luego preguntó: «¿Y cuántos móviles, cuántas pantallas hay en total?». Esta pregunta es brutal y revela una verdad que muchos aún no asimilan: el inmenso poder de la red y de los youtubers.
El Proyecto «Bocadillo»: Más Allá de una Película
No, «Bocadillo» no es una «buena película» en el sentido tradicional. Ni tampoco lo es la película posterior que documentó el proyecto. Lo que estoy diciendo es que todo en su conjunto es un gran proyecto, diseñado para ser exactamente como fue. Cada ingrediente de ese proyecto encajaba perfectamente. «Bocadillo», el bucle, no es un vídeo de YouTube al uso ni una película tradicional; es una pieza más de un engranaje provocador.
De hecho, la película de Carlo Padial no me parece una maravilla; la encuentro lenta y con escenas prescindibles. Personalmente, los vídeos que hizo el propio WinMitchu explicando el proyecto tienen mucha más calidad que la película en sí. Pero insisto, todo el conjunto, lo que nos hizo pensar y debatir, es un proyecto inmenso que tarde o temprano deberá ser reconocido.
La Falta de Humildad y la Crítica al Sistema
Aquí entra en juego la falta de humildad. Como WinMitchu consiguió «trollear» a todo el mundo, incluyendo a otros youtubers y a la opinión pública (dando entrevistas donde todos «se lo tragaron»), la reacción fue de desprecio. Se dijo: «¡Vaya porquería ha hecho esto, no tiene sentido!». Pero hay que ser humilde y reconocer: «Mira, me has troleado, y lo has hecho bien. Has creado un gran proyecto, te felicito». En cambio, no se le ha perdonado. Pero el tiempo, como siempre, pondrá las cosas en su sitio.
Desde el tráiler, todo era perfecto en su imperfección: youtubers que no son actores, errores intencionales en el cartel. WinMitchu denunció algo crucial: por el simple hecho de ser famoso, a algunos no se les cuestiona nada, se les abren puertas que quizás no deberían. WinMitchu nos está haciendo un favor a todos al exponer estas dinámicas.
El Listón Alto y la Bofetada a la Industria
Evidentemente, no todo el contenido de WinMitchu me parece bueno o interesante; siempre juega con los límites, y eso significa que no todo será del gusto de todos. Es algo natural. Pero el «problema» de este proyecto es que WinMitchu se ha dejado el listón muy alto.
Esto me recuerda a Leo Bassi. Fui a uno de sus espectáculos justo después del 11S. Bassi salió a escena manchado, como si hubiera estado en las Torres Gemelas, y relató su vivencia (ficticia) de ver los aviones impactar. Luego pensó: «¿Cómo supero esto?». Bassi es un provocador comprometido, capaz de mezclarse entre miles de evangelistas con una pancarta que rezaba «No creo en Dios pero sí en los filósofos y en la ciencia. ¡Viva Sócrates!», arriesgándose a ser linchado. Algo similar, pero en el ámbito virtual, ha ocurrido con «Bocadillo» y WinMitchu.
Para mí, el proyecto «Bocadillo» es una bofetada sin manos al mundo del cine, y una reivindicación del poder de la red. A quienes aún lo toman a la ligera, les digo: «Deberíais tener miedo al poder de la red».
«Bocadillo» me evoca el primer capítulo de «Black Mirror», una serie que adoro y que ya en su momento exploró el inmenso poder de la red en la sociedad.
El Agonizante Cine Tradicional y la Revolución Audiovisual
Si todo esto te parece exagerado, solo necesitas mirar los datos de audiencia. Compara las visualizaciones de WinMitchu en sus vídeos con las de las películas tradicionales. El cine tal como lo entendemos está agonizando. La televisión tal como la entendemos está agonizando.
Sin embargo, la creación audiovisual es más potente que nunca. Y lo que es más importante: cualquiera, desde su casa, puede hacerla, y no con grandes medios. No es raro escuchar a gente que prefiere ver vídeos de canales de YouTube que series de Netflix. La inversión de las grandes cadenas en producir contenido es brutal, mientras que lo requerido para hacer un vídeo de YouTube (además de mucho esfuerzo, trabajo y conocimiento) es diez, cien o mil veces menor, pero consigue resultados iguales o incluso superiores. Esto es una auténtica revolución.
Espero que esta reflexión te haya aportado algo nuevo. Por supuesto, espero también tu opinión en los comentarios. ¡De todo se aprende! Un saludo a WinMitchu y a todo su equipo. ¡Felicidades por el proyecto!
Puedes encontrar más análisis y contenido sobre la evolución del arte y las nuevas tendencias audiovisuales en mi blog www.antoniogarciavillaran.es y en mi canal de YouTube Antonio García Villarán.








